43 estudiantes desaparecieron el pasado 26 de septiembreMéxico se moviliza en solidaridad con las familias de los desaparecidos en Ayotzinapa La participación de la policía municipal de Iguala en los crímenes...muestra los estrechos vínculos que unen muy a menudo al crimen organizado y a los políticos.

Gustavo Hernández Sánchez 23/10/2014

(México DF). El Estado de México vivió ayer unas jornadas de movilización en apoyo a las familias de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos el pasado 26 de septiembre en Iguala, Estado de Guerrero.

Con el lema “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” miles de personas salieron ayer día 22 de octubre a la calle por todo el país. También se dieron muestras de solidaridad en otros países en lo que fue una convocatoria de seguimiento internacional, con más de cien manifestaciones en todo el mundo, incluyendo Nueva York, La Paz, Barcelona, Nápoles, Buenos Aires... La movilización más grande fue la que tuvo lugar en la capital de México. En ella participaron los familiares de los estudiantes desaparecidos. La marcha, que salió de la plaza del Ángel y se dirigió hasta el Zócalo, contó también con la participación de alumnos de la escuela normal de Ayotzinapa, compañeros de los desaparecidos, así como de estudiantes de todo el país y numerosos colectivos y movimientos sociales. No obstante, la mayoría de la participación fue de contingentes de estudiantes de las distintas universidades de la capital, los cuales en los últimos días vienen desarrollando diversas actividades reclamando justicia, tales como los parones a los que se sumaron varias facultades de la UNAM y otros centros universitarios la pasada semana o el parón de dos días que durante ayer y hoy realiza la unidad de posgrado de dicha universidad. Pero las muestras de solidaridad no se quedan en la capital del país y se reproducen por los distintos estados, siendo especialmente significativas las muestras de solidaridad por parte de las comunidades indígenas zapatistas del Estado de Chiapas, las cuales viven una situación de violencia muy similar, o la indignación de las desapariciones causadas en el mismo Estado de Guerrero, donde incendiaron el pasado 13 de octubre el palacio de Gobierno y varias dependencias del Ayuntamiento de Chilpanzingo.

El malestar de la población mexicana por estas desapariciones parece generalizado y pone entre las cuerdas al gobierno de Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), a quien la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), perteneciente a la OEA, solicitó medidas de protección para los desaparecidos. La ONU en México, por su parte, calificó éstos crímenes como uno de los “más terribles de los tiempos recientes”, reclamando una investigación seria, ya que éstos crímenes han estado desde el principio rodeados de desinformación y noticias cruzadas, vinculando en los inicios la desaparición de los 43 estudiantes normalistas a enfrentamientos entre el narco y grupos armados de las comunidades campesinas. No obstante, tras la desmentida inicial de estas noticias y la confirmación de la participación de la policía municipal de Iguala en los crímenes, los poderes públicos se vieron obligados a rectificar, mostrando los estrechos vínculos que unen muy a menudo en este país al crimen organizado y a los políticos. El escándalo también salpica al otro partido mayoritario, pues el presidente del Estado de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, pertenece al Partido Revolucionario Democrático (PRD), hasta tal punto que son muchas las voces que vinculan la repercusión de los crímenes en los medios de comunicación nacionales a un enfrentamientos de carácter electoralista entre ambos partidos. Sea como fuere, lo que sí que es cierto es que los 43 estudiantes normalistas siguen desaparecidos, mientras en la búsqueda de posibles fosas donde pudieron haber sido enterrados (como si todos diesen por supuesto que están muertos), no dejan de aparecer nuevos cadáveres sin identificar pero que no se corresponden con los cuerpos de los estudiantes, según revelan los análisis forenses. Se trata, sin duda, de una problemática, la de la violencia, que atraviesa a la sociedad mexicana de punta a punta, siendo este crimen una muestra de una realidad mucho más compleja y la mayoría de las veces silenciada; cuestiones, todas ellas, que motivaron la jornada de movilizaciones vivida ayer en México reclamando “Una luz por Ayotzinapa”.

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