La sociedad civil ha desarrollado un movimiento fuerte de solidaridad y ayudaLa Izquierda Europea en defensa de los derechos de los refugiados El vergonzoso Acuerdo con Turquía para que contenga la avalancha humana a cambio de unos miles de euros y de acelerar el ingreso en la UE supone el fracaso de la propia Unión Europea.

Pedro Marset 20/06/2016

En general la actitud de la izquierda europea hacia los movimientos migratorios ha sido siempre la de máxima solidaridad así como la de hacer valer el respeto y cumplimiento de los derechos humanos. Se ha dado la esquizofrénica situación en la Unión Europea (UE) de reconocer por una parte que el funcionamiento del modelo económico depende de la continua llegada de mano de obra inmigrante, no de forma episódica sino de forma mantenida, estructural, por el descenso de natalidad pero, por otra, eludir la adopción de una medida comunitaria, europea, dejando al albur de cada país las respuestas, y así desarrollar conductas xenófobas y populistas frente a ellos, como ya se vio en 1999 en la Cumbre Europea de Tampere sobre esta cuestión. Se llegó a confesar que la continuidad de las pensiones europeas dependía de la mano de obra extranjera.

En los debates del Parlamento Europeo de aquellos años al esgrimir nuestros argumentos éticos, de defensa de los derechos humanos y de tratamiento global de la situación tomando en consideración las relaciones con los países de origen topábamos con la postura del resto de grupos de la cámara que nos tildaba de utópicos e irreales. La postura por ejemplo del grupo socialista europeo era la de que no había más remedio que adoptar medidas de contención y disuasión por la amenaza de invasión. Mientras, seguía el negocio de los traficantes de personas y de las mafias consolidando el fenómeno de los “sin papeles” como ariete frente a los derechos laborales, sindicales y legales, con salarios de miseria.

Pero la irrupción de dos fenómenos añadidos posteriormente ha empeorado la situación. Por una parte la crisis cronificada del modelo neoliberal desencadenada en 2008 aumentando las tensiones y penurias en todo el mundo y, consiguientemente aumentando los flujos migratorios y, por otra, la manipulación por Occidente de las primaveras árabes de 2011, con las presiones y guerras subsiguientes de Libia y Siria unido al agravamiento de la contienda en Afganistán e Iraq, ha desencadenado migraciones gigantescas. Ello ha hecho que la actual situación migratoria en Europa sea la mayor catástrofe humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. Las imágenes procedentes de las fronteras europeas son dramáticas. Miles y miles de personas, desde niños, mujeres hasta ancianos sufriendo todo tipo de humillaciones y vejaciones marcan un antes y después en la historia de Europa. La respuesta de la UE ha sido cicatera, egoísta e inhumana. El vergonzoso Acuerdo con Turquía para que contenga la avalancha humana a cambio de unos miles de euros y de la promesa de acelerar el ingreso en la UE supone el fracaso de la propia Unión Europea. Ha recibido críticas de todo el mundo incluida la ONU, a través de ACNUR, sobre todo por no respetar la Convención de 1951.

El resultado de todo este cúmulo de decisiones es el fomento de la extrema derecha, la xenofobia y el populismo en toda Europa precisamente cuando la crisis interna debilita el sentimiento europeísta con tendencias a la disgregación o renacionalización, como el Brexit en Gran Bretaña o la consolidación del partido alemán AfD (Alternative für Deutschland), etc. El panorama se completa con la irrupción del terrorismo yihadista atentando en París o Bruselas, como un componente ineludible más de la crisis global mencionada y de la intervención militar de Occidente en Oriente Próximo, convirtiendo a los musulmanes en los nuevos sospechosos en Europa.

Mientras en las reuniones oficiales europeas parece como si sólo cupiesen soluciones punitivas de rechazo, en el seno de la sociedad civil europea se ha desarrollado un movimiento fuerte de solidaridad y ayuda a los refugiados. La Izquierda Europea se reconoce y conecta con esta respuesta popular de defensa y acogimiento de los refugiados con iniciativas de todo tipo en ayuntamientos, parlamentos regionales, nacionales y el europeo.

Un ejemplo de ello es la diferente actitud hacia los refugiados del gobierno de Tsipras en Grecia, A pesar de la difícil situación económica que atraviesa el país se ha negado a usar la fuerza, todo lo contrario, acoge a los más de 50.000 refugiados procurando ofrecer sustento y trato adecuado mientras se tramitan las cláusulas del acuerdo europeo con Turquía, cosa que no hace ningún otro país. De esta forma, en un país con 11 millones de habitantes, con un 25% de paro y una deuda que alcanza el 185% de su PIB, hay casi 53.000 refugiados, 30.000 en el norte, 15.000 en la región central de Ática y 7.500 en las islas. Estas cifras contrastan con las del resto de países de la UE, por ejemplo los 18 acogidos por España en seis meses.

Publicado en el Nº 296 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2016

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