Plano picado

Película Snowden, de Oliver StoneRetrato de un héroe El guión de Oliver Stone y Kieran Fitzgerald hace hincapié en la invasión de la intimidad de los ciudadanos norteamericanos, más que en la violación de todas las leyes nacionales e internacionales. Ese argumento provocará en su país mayor impacto.

Juan Carlos Rivas Fraile 14/10/2016

Título: Snowden.
Dirección: Oliver Stone.
País: Estados Unidos, 2016.
Intérpretes: Joseph Gordon-Levitt, Shailene Woodley, Scott Eastwood, Zachary Quinto, Tom Wilkinson, Melissa Leo, Nicolas Cage, Ben Schnetzer, Rhys Ifans, Timothy Olyphant.
Guion: Oliver Stone y Kieran Fitzgerald; basado en los libros “The Snowden Files” y “Time of the Octopus”.
Música: Craig Armstrong y Adam Peters.
Fecha de estreno: septiembre 2016

Snowden comienza con el encuentro en el hall de un hotel de Hong Kong del “ciudadanocuatro” (“Citizenfour”, nombre en clave con el que Edward Snowden firmaba los correos cifrados que envió a Laura Poitras) con el periodista del británico The Guardian, Glenn Greenwald y la propia cineasta norteamericana. Minutos después los tres se encuentran en la habitación del Hotel Mira en la que se desarrolla el grueso de ese soberbio documental titulado Citizenfour (http://goo.gl/3HdQD3), del que hablamos en Mundo Obrero hace poco más de un año. En ese punto es lícito preguntarse qué va a aportar Oliver Stone a través de su recreación ficcionada a todo lo que la ganadora de un Pulitzer nos había ya contado con tan demoledora eficacia como austera puesta en escena. ¿Podrá el director de J.F.K.: caso abierto (1991) imprimir su reconocible estilo a una historia de espionaje sin disparos ni aparatosas muertes? En realidad esto último no es del todo cierto: en uno de los momentos más percutientes del filme, Edward Snowden contempla en un monitor cómo se ejecuta en directo via satélite con absoluta frialdad a los objetivos elegidos, incluso provocando la muerte de inocentes civiles que se encuentran casualmente a su lado; el rostro de Joseph Gordon-Levitt (magnífica elección en el reparto, al igual que la de Shailene Woodley, como novia de Snowden) nos indica con sutileza que allí se inicia el camino sin retorno del protagonista. Y finalmente, dadas la personalización del título y la simpatía ideológica entre el director y el biografiado, ¿qué tipo de retrato nos ofrecerá Stone que imaginamos a mayor honra y gloria del héroe? ¿cederá a la tentación del espectáculo para dar brillo a un material sobre el papel escasamente atractivo?

Snowden utiliza la coartada del patriotismo para intentar convencer a los escépticos de que el protagonista no es un traidor, sino todo lo contrario. Algunos retazos de su juventud, escenas de adiestramiento militar perfumadas con el recuerdo de La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987): los métodos utilizados parecen indicar que el tiempo ha quedado congelado en aquellas academias. Una lesión grave obliga al aspirante a retirarse pero el compromiso con su país ha quedado de manifiesto. Más tarde, se repite el argumento, es más patriota quien asume los valores consagrados en la Constitución norteamericana y entrega todo lo que tiene, una carrera, un salario muy alto, una vida resuelta y confortable, por salvaguardarlos y vivir en paz con su conciencia ciudadana. Snowden ha destapado la cloaca para hacer refulgir el buen nombre de su nación, sin embargo, tres años después de poner al descubierto los trapos sucios de los servicios secretos el ex analista de la CIA y la NSA aún corre el peligro de hacer buena la profecía que alguna autoridad norteamericana expresó sin miramientos: “estará hasta su muerte gozando de las delicias de vivir en Moscú”. Amnistía Internacional y la Unión para las Libertades Civiles Americanas han solicitado al presidente Obama perdón para Edward Snowden, pero el Premio Nobel cuyo mandato está a punto de expirar no se ha dignado todavía en concederlo cuando entrego este artículo. El filme de Oliver Stone se exhibe oportunamente a tiempo de aportar su grano de arena para esa noble causa.

En el relato de Stone brilla un personaje de gran importancia: Lindsay Mills, la novia de Snowden, interpretada con dulzura y firmeza por Shailene Woodley, que completa su perfil de sencillo hombre joven, de ideas tirando a conservadoras, amante de la familia, superdotado para la informática y convencido de que su país es el mejor del mundo. A través de la sacrificada fidelidad amorosa de la pareja se amplifican las emociones que provoca la lucha de David contra Goliat.

Más allá de la maraña de información sobre cuestiones técnicas de espionaje, el guión de Oliver Stone y Kieran Fitzgerald hace hincapié en la invasión de la intimidad de los ciudadanos norteamericanos, más que en la violación de todas las leyes nacionales e internacionales, seguro de que ese argumento provocará en su país mayor impacto y lanza de paso una advertencia sobre el poder omnímodo de las tecnologías de vigilancia y las necesarias precauciones a tomar. En el último suspiro, con la aparición física del Snowden real, el filme adquiere el tono de un declarado homenaje a un hombre con un ejemplar sentido de la ética. Hasta entonces, Snowden era un vibrante y necesario ejemplo de cine político combativo; otro más -y de los mejores- en la larga carrera de Oliver Stone, uno de los hombres públicos de su país más comprometidos con la causa de la libertad.

RECOMENDACIONES

EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS. Alberto Rodríguez, 2016. Por fin en nuestro cine la política con nombres, apellidos y acentos de aquí. El director de La isla mínima no decepciona y sus Luis Roldán, Paesa y compañía son perfectamente creíbles (y entretenidos). Espías y ladrones a la manera española en una producción impecable.

SUBURRA. Stefano Sollima, 2015. El Vaticano, diputados del partido en el Gobierno, criminales de distinto pelo… no se salva ni Dios en esta nueva y sensacional incursión italiana en el cine de mafiosos.
Reportaje en Días de cine: https://goo.gl/sF1bJb

FLORENCE FOSTER JENKINS. Stephen Frears, 2015. Frears se lima las uñas con una mirada no exenta de ternura en el retrato de la peor cantante de ópera de la Historia. Y relativiza los conceptos de arte, triunfo, hipocresía y amor, que ya son ganas de relativizar.
Reportaje en Días de cine: https://goo.gl/g6TXQ3

NERUDA. Pablo Larraín, 2016. Una tras otra, el director chileno se supera. Después de la trilogía de Pinochet y El club ahora dibuja a un Pablo Neruda muy poco convencional, con estilo nerudiano y vehemente.
Reportaje en Días de cine: https://goo.gl/fl4S78

CAPTAIN FANTASTIC. Matt Ross, 2015. ¿Habría que celebrar el Día de Noam Chomski, en lugar de la Navidad? Viggo Mortensen nos explica con mucha gracia por qué a través de su personaje y nos dice que la utopía fue bonita mientras duró.
Reportaje en Días de cine: https://goo.gl/Z8ZIVU

Publicado en el Nº 299 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2016

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