Desde el chozo

La crisis mutante que no cesa El espectáculo de la decapitación de Pedro Sánchez es un hito simbólico de este largo proceso de deslegitimación.

Javier Navascués 21/10/2016

La integración de las clases populares en el régimen de la transición se basó en las políticas de bienestar y concertación social así como en la expectativa de ascensor social, tanto para las capas medias como para una parte de las clases populares a las que se abrió el acceso a la Universidad. La legitimidad del PSOE ha provenido de ser identificado como el artífice de esas políticas. Pero esta legitimidad lleva ya unos años sometida a un fuerte desgaste que se evidenció con la crisis económica, si bien ya antes se venía produciendo. De hecho, la reducción de las prestaciones sociales y del gasto en los servicios públicos viene de más atrás, pero fue ocultada por la euforia del ladrillo. Es más, esta reducción es el resultado directo del propio proceso de “construcción” europea en abierta contradicción con la del mito del “modelo social europeo” que nunca existió. Por mucho que aquí se haya soñado con ese mito, lo que existieron fueron modelos nacionales que Schroeder, Blair y Jospin se aplicaron a desmantelar. A su vez, el ascensor social hace tiempo que se quedó atascado. De ahí el deterioro de la social-democracia como proceso generalizado en toda Europa occidental.

El espectáculo de la decapitación de Pedro Sánchez es un hito simbólico de este largo proceso de deslegitimación. En ese mismo plano simbólico representa el opuesto de otra dimisión sonada, la de Felipe González en 1979, que forzó el abandono de las veleidades izquierdistas en su partido, marcando su conversión en la pata izquierda del régimen. Ahora esa pata parece quebrarse, lo que quiere decir que la crisis política no ha concluido, sino que ha cambiado. Una de las ventajas de la situación creada es que la falsa percepción de que la crisis económica era transitoria, que volverían los “buenos tiempos”, puede evaporarse. Otra, que los titulares de los “gobiernos de progreso” autonómicos han sido parte activa en la defenestración de Sánchez, lo que ayudará a aclarar las ideas. Y hasta una tercera, que la UE está también sumida en una profunda crisis. Pero estas ventajas son sólo potenciales, mientras que la realidad es un panorama deprimente para una parte importante de las clases trabajadoras y populares que se encuentran sin alternativa a los recortes sin fin.

Ahí está el problema. Primero se evaporó el sueño del “asalto a los cielos”, ahora constatamos la inviabilidad de una “salida de progreso”. Los resultados de las elecciones vascas y gallegas han sido elocuentes: hasta aquí llegó la marea. Todos los avances que se han producido en los últimos años, son hijos de la ola previa de movilizaciones que luego se quiso ordeñar electoralmente, al precio de desactivarla. Descartados todos los atajos, sólo cabe volver al trabajo. ¿En base a qué? Habría que preguntar a CCOO y UGT si las 20 actuaciones urgentes que propusieron antes del 26-J siguen siendo urgentes y qué piensan hacer para exigirlas. Por ejemplo …

Publicado en el Nº 299 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2016

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