Esperando a los bárbaros

Adelantar la hora Se ventea la jugada de los restauradores. El PP y el PSOE, que andarán a garrotazos teatrales durante el día (más bien garrotazos de cristobita), nos van a organizar el proceso restaurador como una especie de estrategia constituyente.

Felipe Alcaraz Masats 17/11/2016

La literatura es un reloj que adelanta. Algo de esto dejó dicho Kafka acerca del arte. El presente de la literatura es mañana. Y algo le pasa en el mismo sentido a la política. Me refiero a la política alternativa, a esa que oye crecer la hierba y que no deja, por tanto, que la hierba no nos deje ver la pradera.

Se ventea la jugada de los restauradores. El PP y el PSOE, que andarán a garrotazos teatrales durante el día (más bien garrotazos de cristobita), nos van a organizar el proceso restaurador como una especie de estrategia constituyente (pero menos), a través de la reforma de la Constitución. Y lo van a hacer de manera fina, moderna y abierta; desde luego muy acompasada por este paisaje restaurador donde va a gobernar y reinar todo un despliegue de periodismo de estado, ahormando las apetencias sociales de cambio y nueva fase. Para ello nos van a regalar una amplia comisión de independientes, catedráticos y líderes sociales, como una panoplia brillante donde se mezclarán los antediluvianos no calcinados todavía con los jóvenes turcos de la nueva era.

¿Y los defensores del proceso constituyente, una vez comprobada la carbonización del régimen del 78, qué haremos? ¿Vamos a esperar a que, cuando corresponda, nos inviten a la ponencia que recibirá en su seno el texto de los constituyentes de lujo? ¿Nos limitaremos a llevar enmiendas parciales de adición (o adicción) a los regüeldos del 78 engarzados en una nueva gramática formal?

Quizás corresponde ya adelantar el reloj. Es cierto que el texto de cambio a presentar tiene que estar engarzado en la gramática de una movilización extensa y profunda, quizás cruzada con una huelga general si es que acaso tocan las pensiones. Es cierto que tiene que estar elaborado por “nosotros” y por otros muchos, a través de una amplia estrategia participativa. Pero no es menos cierto que es preciso empezar a concebirlo, sabiendo, repito, que hay que destilarlo, fonema a fonema, a partir de la movilización y el conflicto. Pero concebirlo, imaginarlo, desearlo, luchar por él ya. Ya. Y no valen tibiezas ni gente que se dedique a frenar o a agudizar las contradicciones que de nuevo puedan neutralizar el movimiento. Cuando queramos acordar, la ponencia secreta entre Margallo, González y don Felipe VI puede marcar la iniciativa y convencer a mucha gente de que es preciso jugar el partido en el terreno que ellos extiendan, en forma de texto para una ley de leyes. Cuando queramos acordar, alguien, desde nuestras filas, puede decir que no tenemos fuerza para otra cosa que para reformar algo la reforma, que para restaurar matizadamente la restauración.

La hora real es jugar a fondo la partida. La hora real es intentar crear las condiciones para un proceso de ruptura. No dar la batalla sería una derrota demasiado costosa.

Publicado en el Nº 300 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2016

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