Ni dios ni amo

Machismo Cada vez que un Obispo dice cosas como que las mujeres provocan la violencia por su actitud...está cometiendo un acto de incitación al odio y apología del terrorismo.

Benito Rabal 21/11/2016

Parece ser que una mujer simuló haber sido víctima de malos tratos por parte de su expareja que acababa de salir de la cárcel, precisamente por haberla maltratado. La noticia ha ocupado la cabecera de periódicos y noticieros como si quisieran decirnos: “¿Ven ustedes como no es para tanto? ¡Si es que se quejan de vicio!”. Y por más que luego, de pasada, concluyan la información diciendo que la mujer en cuestión sí que los había sufrido con anterioridad, lo que queda es su engaño, no su sufrimiento. No se cuestiona el por qué lo ha hecho, tal vez un intento desesperado para no ser agredida de nuevo, tal vez ya no confiaba en poder mantener alejado a su verdugo. Pero se publica su mentira. Se la criminaliza por su acción en vez de acusar a quienes no ponen a su alcance los medios necesarios para protegerla, aunque éstos sean, a la luz de los hechos, claramente insuficientes. El vergonzoso número de mujeres asesinadas en lo que va de año es buena muestra de ello.

Dos semanas antes murió otra mujer a manos de su anterior compañero. Le había denunciado varias veces, pero el juez encargado del caso decidió que no había peligro para su vida y no le concedió protección alguna. ¿Alguien ha leído o visto en algún lado que el magistrado fuera apartado de su cargo? ¿Tal vez acusado de cómplice de asesinato? ¿No hay dinero para proteger a las mujeres amenazadas y sí para poner guardaespaldas, pagados con dinero público, a Rodrigo Rato o la Infanta Cristina? ¿Quién paga a los policías encargados de velar por el orden en los partidos de futbol? ¿Los clubes o nosotros? ¿Y si en vez de cuarenta mujeres asesinadas este año, fueran guardias civiles, empresarios, militares o políticos? ¿También tendrían éstos que recurrir a la mentira para lograr seguridad?

Los datos, los fríos y deshumanizados datos, son claros en esta ocasión. Sólo el 0,001 por ciento de las denuncias por malos tratos son falsas. Y sin embargo, basta que una de éstas lo sea para que se dé pie a una avalancha de disertaciones fascistas, porque eso es lo que es el machismo, el fascismo en su estado más puro. Y sin embargo los datos, los fríos y deshumanizados datos, incluyen en el grupo de lo falso a quien tiene que acudir a la simulación para salvar su vida.

Algo parecido pasó hace tiempo cuando empezaron a proliferar las denuncias por torturas policiales al principio de ese engendro llamado Transición. Bastaba con que un solo detenido se diera con la cabeza contra el muro para ser llevado al médico y así evitar la posterior paliza, para asegurar a bombo y platillo que torturas no había, sino que los delincuentes tenían por hábito abrirse la cabeza de motu propio porque les daba gustito. Así de fácil y todos tan contentos.

Cada vez que un Obispo dice cosas como que las mujeres provocan la violencia por su actitud, comportamiento o apariencia, cada vez que alguien, en medio público, red social o conversación informal, pone en duda la veracidad de una criminal actitud como es la realidad del machismo, está cometiendo un acto de incitación al odio y apología del terrorismo. ¿O no sería así si en vez de sobre mujeres maltratadas o asesinadas, hiciera la misma alusión a las víctimas de E.T.A. por poner un ejemplo? Y aun así, ¿alguno de ellos ha sido condenado por ese delito? ¿Es que las mujeres son menos que los servidores del orden? ¿Es menos terrorismo el machista que el político?

Que urge cambiar la postura del Estado y la Sociedad con respecto al machismo es evidente, pero mientras tanto, como dice mi compañera, más vale dejarse de tanta charla, seminario y conferencia y enseñar a las mujeres autodefensa. Lo único que les diferencia de los hombres es la fuerza. Y el día que ésta se iguale, el maltratador, el acosador, incluso el tertuliano ocurrente, se lo pensará dos veces.

Publicado en el Nº 300 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2016

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