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Yemen: la guerra del Imperio silenciada Esta intervención de carácter imperial pretende asegurarse el estrecho de Bab el-Mandeb, por donde pasan 3,3 millones de barriles de petróleo al día.

Willy Meyer 24/11/2016

Varios países del Golfo Pérsico, liderados por Arabia Saudita iniciaron una ofensiva militar para evitar que los rebeldes hutíes derrocaran al Presidente de Yemen, Abd Rabu Mansur Hadi. Estos rebeldes, con una larga trayectoria de luchas desde el siglo VIII, forman parte del movimiento zaidí chiíta y en el 2004, bajo el liderazgo del clérigo Hussein Badr al-Din al Houthi, muerto en combate, pretenden una mayor autonomía de la región noroeste, la de Sa'dah, y proteger así sus tradiciones culturales, religiosas y afrontar las condiciones de vida miserables de una de las regiones más pobres de Oriente Próximo azotada por el desempleo (35%) y la extrema pobreza (el 45,2% de sus 25 millones de habitantes la padecen). En ese contexto, no hay que olvidar que los zaidies, que constituyen la tercera parte de la población yemení, gobernaron Yemen del Norte durante casi mil años hasta 1962 y que la unificación de Yemen del Norte y Yemen del Sur no se produjo hasta 1990.

La insurrección consiguió deponer al Presidente Abd Rabu Mansur en enero de 2015 al crearse un Comité Revolucionario y el propio antecesor en la Presidencia, Ali Abdullah Saleh, le exhortó a exiliarse y permitir la creación de un nuevo gobierno que, para los ojos de los poderosos Estados vecinos como Arabia Saudí, podría significar un mal ejemplo para sus monarquías feudales. Así, sobre la base del pretexto de la posible influencia de Irán que podría ejercer sobre los chiítas yemenís, Arabia Saudí comandó una coalición árabe para intervenir militarmente -Operación Tormenta Decisiva- bombardeando de forma indiscriminada y violando el derecho internacional al agredir a un Estado Soberano como la República de Yemen.

El Presidente Obama, sin pedir autorización al Congreso, decidió apoyar "con logística y servicios de información" la agresión al empobrecido Yemen de tal manera que son Drones Norteamericanos los que facilitan la información para señalar los blancos a la aviación de los Países Agresores. ¿Pero que esconde realmente esta intervención, esta agresión, al Yemen? Es evidente que ni su extrema pobreza, ni su desigualdad, ni su falta de infraestructuras básicas que se deberían resolver por la vía de la cooperación al desarrollo. Lisa y llanamente, esta intervención de carácter imperial (una más) lo que pretende es asegurarse el estrecho de Bab el-Mandeb, que comunica el Canal de Suez y el mar Rojo con el Golfo de Adén, por donde pasan 3,3 millones de barriles de petróleo al día.
Para ese fin, los EEUU y sus socios feudales de Oriente Próximo, están dispuestos a cometer crímenes de guerra, asolar las pocas infraestructuras de Yemen, con tal de asegurar el tráfico de un suministro de crudo millonario que no deja hasta la fecha ningún beneficio a la población Yemení.

Esos bombardeos han causado la muerte de más de 10.000 personas, según Naciones Unidas y Amnistía Internacional calcula un desplazamiento de 2,4 millones de personas y la imperiosa necesidad de que el 83% de la población reciba ayuda humanitaria, ayuda que no puede llegar por el bloqueo impuesto por las Fuerzas Agresoras. Se da la paradoja (desde el punto de vista de los burócratas europeos) que en pleno conflicto, Yemen acoge a 70.000 refugiados procedentes en su mayoría de Somalia y Etiopía que también son afectados por esta agresión criminal.

Los bombardeos se producen sobre blancos prohibidos por el derecho internacional en el trascurso de un conflicto: Contra civiles, contra viviendas, contra instalaciones médicas o edificios públicos. Esta realidad silenciada ha obligado a las NNUU a proponer crear una comisión independiente para investigar los crímenes que se están produciendo sobre la sufrida población yemení.
La acción imperial, como siempre, requiere de la intervención cínica pero activa de sus socios europeos, siempre dispuestos a defender a Arabia Saudí, a su régimen feudal, para garantizarse el suministro de petróleo. España, Estados Unidos, Francia, Italia, Países Bajos y el Reino Unido registraron licencias y ventas de armas a Arabia Saudí (entre ellas drones, bombas, torpedos, cohetes y misiles) por valor de más de 25.000 millones de dólares en 2015.

Desgraciadamente para el pueblo yemení, su geografía la ubica como una Nación clave en el trasiego de mercancías, fundamentalmente, como ya he señalado, hidrocarburos hacia Europa, Estados Unidos y Asia. Y para el Imperio, esa ruta hay que preservarla al precio de someter al Derecho Internacional, a los Derechos Humanos y a la vida del pueblo yemení. EL general estadounidense en la Región, Lloyd Austín aseguró que el ejército de los EEUU "trabajaría “para garantizar que el estrecho de Bab el-Mandeb siga abierto. Más claro, agua.

El Presidente Obama, en su discurso inaugural de su segundo mandato, afirmó que "una década de guerra se está terminando ahora" cuando en realidad en este periodo se llevaron y llevan a cabo incursiones militares contra Libia, Siria, Afganistán, Paquistán, Iraq y Somalia. Los drones, con su autorización, siguen ejecutando a miles de personas al margen de la Ley y, a modo de despedida, participa activamente en el ataque a la ciudad de Mosul en Iraq donde se producirá sin duda una catástrofe humanitaria. Esa es la verdadera cara del Imperio la pongan los Demócratas o los Republicanos, el rostro de la barbarie, del crimen y del saqueo.

Publicado en el Nº 300 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2016

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