Mundo multipolar

Unión Europea, ¿una implosión anunciada? En el tablero de intereses del Capitalismo Mundial, la UE se convertía en la avanzadilla de los EEUU para contener a los gigantes euroasiáticos: Rusia y China.

Willy Meyer 03/01/2017

La Unión Europea vive su peor crisis desde la aprobación del Tratado, que dio lugar a su constitución en 1993. La llegada masiva de refugiados huyendo de la guerra, puso en evidencia hasta qué punto la base fundacional de la Unión tenía más que ver con la creación de un espacio meramente mercantil, de mercado único y más tarde de moneda única, que un marco regional dispuesto a desarrollar y proteger los derechos humanos con instrumentos económicos que lo hicieran posible para todas las personas que vivieran en él.

El distinto tratamiento de los países miembros a los refugiados, las reticencias y negativas a asumir los cupos que les deberían corresponder, hicieron aflorar las peores y más crueles tradiciones de la vieja Europa, la xenofobia, el nacionalismo excluyente, el fascismo, que convierte al inmigrante en la causa principal donde descargar el descontento social por la falta de empleo y una desigualdad y exclusión social creciente, consecuencia sólo y exclusivamente del modelo productivo Capitalista, que castiga a la persona trabajadora europea y al inmigrante por igual.

La decisión del Reino Unido de salirse de la UE puede ser el anuncio de una implosión más fuerte, que termine por cuestionar su propia viabilidad ante el desconcierto general de las élites y burócratas de la UE, que ven con mucho recelo el calendario electoral europeo de 2017.

Efectivamente, el próximo año se celebrarán elecciones en Holanda, Francia y Alemania apuntando a un aumento considerable de las fuerzas políticas partidarias de la salida de la UE.

En marzo los y las holandesas decidirán entre Mark Rutte (Partido Popular) o el xenófobo Geert Wilders, partidario del “NEXIT”. En abril, las elecciones presidenciales en Francia, además de certificar la derrota (otra más) de la socialdemocracia, pueden producir un ascenso notable de Marie Le Pen al calor del Brexit y del triunfo de Donald Trump. Y finalmente, en septiembre, las elecciones en Alemania apuntan a la consolidación de la extrema derecha Alternativa para Alemania partidaria activa de la salida de la UE.

A todo ello hay que sumar la incertidumbre, que rodeará el referéndum de Italia de diciembre de este año y las elecciones convocadas en ese mismo mes en Austria, debido a la anulación por parte del Tribunal Constitucional de la segunda vuelta del pasado 1 de julio. No es descartable que esas elecciones pueden dar el triunfo a Norbert Hofer del partido de la extrema derecha Libertad de Austria cuyo primer presidente, Anton Reinthaller fue un antiguo miembro de las SS.

La situación de los Países del Este se debate entre posiciones claramente de extrema derecha (Polonia y Hungría), defensoras de una pertenencia en la UE “a la carta” y otras como en Moldavia o Bulgaria que, en sus recientes elecciones, apostaban más claramente por un acercamiento a la Federación Rusa.

En ese contexto tan complicado e incierto, el XX Congreso del PCE acertó al reclamar la salida de España de la UE y del Euro y la necesidad de construir otro Proyecto Regional desde el pleno respeto a la soberanía de cada Estado y sobre la base de economías al servicio de la mayoría social, de los y las trabajadoras. También alertaba de que el proceso de ruptura con la UE y el descontento social derivado de sus políticas, lo pudiese capitalizar la derecha y ultraderecha europeas.

Desgraciadamente, la alerta del PCE parece ajustada dada la actual situación de enorme debilidad de las izquierdas políticas y sociales europeas rupturistas y partidarias de construir un Proyecto Regional distinto y alternativo. A la debilidad objetiva, se suma la disparidad de criterio en relación a la propia UE ya que no todas esas fuerzas políticas apuestan por construir otro Proyecto Regional distinto a la UE.

No obstante, las propias contradicciones de la UE, su posible implosión sumada a la crisis económica y de valores democráticos, son una magnífica oportunidad para defender un Proyecto Alternativo que dé respuesta a las inquietudes, anhelos y necesidades de los y las trabajadoras de la UE. Para ello es imprescindible que todas las fuerzas políticas y sociales avancen en posiciones comunes para poder disputar la hegemonía a la derecha y ultraderecha en Europa con agendas de movilización concretas en defensa del empleo y de los servicios públicos en el marco de un Nuevo Modelo Productivo.

Romper con la UE significa reorientar completamente el sentido del Nuevo Proyecto Regional ubicándolo claramente donde estamos, es decir, en Eurasia. La Administración de los EEUU, se comprometió a fondo en la creación de la UE para, en boca de Brzezinski (*), ”impedir la emergencia de una potencia euroasiática dominante y antagónica.”

En el tablero de intereses del Capitalismo Mundial, la UE se convertía en la avanzadilla de los EEUU para contener a los gigantes euroasiáticos: Rusia y China.
Ese factor geoestratégico fundamental, debería formar parte de la Alternativa para un Proyecto Regional Europeo anclado en la necesidad de desarrollar, desde el marco de la cooperación económica, un Proyecto de inspiración euroasiática con voluntad de contribuir a un Mundo Multipolar defendiendo la Paz, el desarme, el cumplimiento de los derechos humanos y el respeto a la Carta de Naciones Unidas.

(*) Zbigniew Brzezinski fue consejero de Seguridad Nacional del gobierno del presidente de Estados Unidos Jimmy Carter (1977-1981), primer director de la Comisión Trilateral y politólogo influyente en todas las Administraciones Norteamericanas en política exterior y seguridad.

Publicado en el Nº 301 de la edición impresa de Mundo Obrero diciembre 2016

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