Desde el chozo

Lectura maoísta de las notas sobre Maquiavelo Una reactivación de las economías centrales puede desencadenar un nuevo ciclo turístico-ladrillero con expansión del empleo (y la precariedad)

Javier Navascués 04/01/2017

El cesarismo es una fórmula que surge para resolver una situación de empate estratégico entre las fuerzas regresivas y las del cambio. En la política parlamentaria moderna con su pléyade de burocracias cómplices no se requiere necesariamente de una personalidad heroica y representativa, hasta el punto de que todo gobierno de coalición lleva consigo un cierto grado de cesarismo siendo un gobierno técnico la expresión suprema de esa situación. Aquí parece que no ha hecho falta ya que Rajoy ha sido capaz de afirmarse incluso contra quienes desde dentro del sistema buscaban su relevo. Con la amenaza de convocar nuevas elecciones podrá pastorear a sus coaligados con un cierto nivel de autonomía respecto a esos socios más o menos voluntarios pero no, desde luego, respecto a Bruselas. ¿Cuál es el programa de este cesarismo de andar por casa, como lo llaman en Sin Permiso? Aplicar sin complejos las exigencias recortadoras que vienen de “Europa” y lanzarse sobre el sistema de pensiones, para lo que ya ha empezado la subasta exigiendo a los coaligados y resto de mártires de la estabilidad que anuncien qué están dispuestos a sacrificar. Éste es el nuevo estilo dialogante anunciado por Rajoy: elige tú por dónde empezamos a cortar.

Podríamos creer que la nueva oleada de recortes desencadenarán, por sí mismos, una nueva marea de protestas. Que la estabilidad temporalmente ganada por el régimen puede verse comprometida por la inestabilidad que amenaza a su entorno: Brexit, Trump, Le Pen, los balances de los grandes bancos y una economía global que no acaba de tirar. Pero sólo desde la ingenuidad se puede creer que no se responderá a estos nuevos retos. Las insinuaciones recientes de Merkel y Hollande sobre la necesidad de una defensa europea, la voluntad de Trump de cobrar por la OTAN y la insistencia creciente del FMI y la propia Comisión en la necesidad de una expansión del gasto público en la UE, podrían estar anunciando una fase de keynesianismo militar que concilie expansión y neoliberalismo, como ya se hizo en los años 80 en los EEUU. La historia no se repite más que como farsa, pero el neoliberalismo tardío inaugurado por Aznar trajo un crecimiento del empleo prolongado inercialmente durante el mandato de Zapatero que reveló compatibles la paz social y el retroceso de los salarios. Aquí no fabricaremos los tanques pero una reactivación de las economías centrales puede desencadenar un nuevo ciclo turístico-ladrillero con expansión del empleo (y la precariedad). Y, voilà, la recuperación que Rajoy nos anuncia. A medio plazo inviable, vale … pero, ¿cuándo ha pensado el capitalismo a medio plazo?

No, las contradicciones de la otra parte no nos traerán la victoria. No es momento de guerra de posiciones sino de movimientos y, cuando no se pueda, de guerrilla. De dañar al enemigo para proteger las propias fuerzas y fortalecer los territorios liberados. De prepararse para la guerra prolongada.

Publicado en el Nº 301 de la edición impresa de Mundo Obrero diciembre 2016

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