Presidente de honor de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya y de Stop SIDAJordi Petit: “Ante esta ola de homofobia no hay que retroceder en la visibilidad, ‘hemos de ser visibles, hasta llegar a ser indiferentes’“

Ginés Fernández González 15/02/2017

Mundo Obrero: Hace unas semanas conmemoramos el 38 aniversario de la despenalización de la homosexualidad, ¿cómo recuerdas aquellos días?
Jordi Petit:
Efectivamente la homosexualidad fue retirada de la Ley de Peligrosidad Social en Consejo de Ministros de la UCD el 26 de diciembre de 1978 y la orden apareció en el BOE de 11 de enero de 1979. Sin embargo el hecho de dejar de ser “peligrosos” no impedía la aplicación del Código Penal por parte de la policía, en cuanto al llamado delito de “escándalo público”. Hubo pues que exigir la legalización de las asociaciones homosexuales, victoria conseguida el 16 de julio de 1980. Entonces sí fuimos ciudadanas y ciudadanos iguales a los demás, al menos en deberes, que no en derechos. Todo este proceso conllevó manifestaciones, manifiestos de artistas, entidades e intelectuales.

En aquel naciente movimiento gay se marcaban muchas más metas que no se han conseguido hasta hace pocos años. En nuestro país existió siempre la vocación de incidir en la sociedad y hacerla partícipe de la lucha contra la represión, nada fue gratuito. Entre aquellas movilizaciones iniciales y el Gobierno, hubo que buscar un canal de comunicación. Es de agradecer la función de diputados del PCE-PSUC, PSOE-PSC y Euskadiko Ezquerra para -entre pasillos-, convencer a Adolfo Suárez de asumir esas reivindicaciones. Además jugó a nuestro favor el hecho de convertirnos en un país democrático y eso requería para su homologación con Europa, no solamente la legalización del comunismo, sino también la de los homosexuales.

Fueron unos años donde se respiraba en el ambiente un afán revolucionario que no pudo ser. La “modélica” transición fue muy light. Los últimos presos en salir de las cárceles fueron los homosexuales, quienes no recibieron compensación hasta el gobierno de Zapatero. Especialmente en Barcelona el movimiento gay tuvo sus escisiones libertarias y la transgresión de personajes como el pintor Ocaña y el dibujante Nazario. En cambio Madrid tomó el relevo pocos años después con ”la Movida”, respuesta cultural al desencanto de una transición frustrante. Una época de contra-cultura en torno a las revistas “La Luna “y “Ajoblaco”. Entonces Almodóvar publicó su osada “Yo, Pattydiphusa”, libro de culto editado en varias lenguas. Entre la progresía cundió el voluntarismo de querer alcanzar la “bisexualidad”, pero eso no puede llegar con solo probar. Tener amistades gays se puso de moda y recalaron en España musicales tan significativos como “Hair” y la película “The Rocky Horror Show”, así como varias otras de autores españoles. En medio del destape apareció un film lésbico que pasó con poco éxito protagonizado por Rocío Durcal y Bárbara Rey (“Me siento extraña”). En 1980 Víctor Manuel llegaba al número.1 de las listas de éxitos con una canción de temática gay “Quién puso más” y en 1981 bailamos “El noa,noa” con Massiel, primer tema que mencionaba un “lugar de ambiente donde todo es diferente”.

M.O.: ¿Cuál es tu opinión del proceso que se ha dado desde entonces hasta hoy?
J.P.:
Como en todo movimiento social, al ser alcanzados los objetivos prioritarios de un determinado período, hubo un repliegue militante: se vaciaron los frentes de liberación gay y se llenaron las pistas de baile. Muchos de aquellos grupos se fueron disolviendo. Aquellas generaciones nunca habían podido disfrutar de una libertad que llegó casi de golpe, tres años es poco tras décadas de represión. La irrupción del vih/sida significó un duro golpe ante la fiesta de la recién recobrada libertad. Afloró una gran homofobia al identificar esta enfermedad con los gays. Las organizaciones se transformaron y de militantes pasamos a ser voluntariado que creó servicios de prevención, apoyo y distribución de preservativos. Aquí se produce pues un gran cambio cualitativo en el movimiento, la prioridad ya no era una “revolución” imposible, sino atender a las personas afectadas y repetir mil veces que no existían “grupos de riego”, sino “prácticas de riesgo”. Las declaraciones del deportista heterosexual Magic Jhonson sobre su estado seropositivo contribuyeron a bajar la presión sobre la comunidad homosexual. Por aquellos años, ante a la amonestación policial contra dos lesbianas que se besaban en la Puerta del Sol, la respuesta fue una gran besada de cientos de mujeres, con gran eco de prensa. Los cambios fundamentales fueron pasar de ser militantes al voluntariado y poner sobre el tablero las exigencias a los partidos políticos (campañas Vota Rosa) y a las instituciones para que cumpliesen sus deberes para con la comunidad lgtb. Conseguimos, a través de la reclamación de la Ley de Parejas de Hecho, entrar en la política y dejar de ser un tema marginal. Digamos que se pasó a un reformismo tan radical que obtuvo éxito, ¿qué menos patriarcal o machista que una pareja homosexual con hijos? Son las nuevas familias homoparentales.

M.O.: ¿En qué se ha avanzado? y ¿Qué cosas hay que cambiar todavía?
J.P.:
Se fue avanzando en la visibilidad del hecho lgtb para su normalización social, -muy lejos todavía- y en descriminalizar bastante a la comunidad gay como signo del sida. Sin embargo ese estigma todavía continúa, incluso en numerosos gays seropositivos y en parte de la población. Algo que sigue indemne son las injurias en el lenguaje cotidiano, chistes y expresiones homófonas a todo trapo, muy incardinadas en la sociedad. Las grandes ciudades, más anónimas ofrecen más libertad por existir menos control social que en las localidades pequeñas o medianas. Obviamente hemos consolidado unas manifestaciones del Orgullo inmensas y con amplia participación popular.

M.O.: Se están produciendo acciones y creando colectivos contra la igualdad por la orientación sexual de las personas ¿Cómo consideras que hay que combatirlos?
J.P.:
El segundo reflujo del movimiento lgtbi se produce al ganar la batalla del matrimonio igualitario, el derecho de adopción y la Ley de Identidad de género. En estos diez últimos años, han desaparecido los encendidos pero muy pedagógicos debates en torno a estas recientes victorias. Eso supone un vacío que deja espacio a las corrientes conservadoras siempre presentes en nuestro país. Además, las nuevas generaciones lgtbi se encuentran con una libertad que viven como normal y el resto de juventud no asiste al debate de antaño. Han desaparecido pues de escena los argumentos básicos, tanto científicos como éticos, que explican la diversidad sexo-afectiva de la especie humana. Ante esta ola de homofobia no hay que retroceder en la visibilidad, “hemos de ser visibles, hasta legar a ser indiferentes”. Las leyes contra la lgtbi-fobia deben de ponerse en marcha ya, sobre todo en la educación y una legislación contra la apología del odio debe poner coto a estas entidades que predican absurdos y confunden a la gente. Hay que volver a explicar desde el Informe Kinsey hasta la presencia de la homosexualidad y la bisexualidad en animales, como una expresión más de la naturaleza. Toda agresión merece una respuesta en la calle, junto a la pertinente denuncia.

M.O.: ¿Qué papel juegan y por otro lado qué papel pueden jugar los medios de comunicación en la lucha por la igualdad de las personas LGBTIQ?
J.P.:
Siempre, siempre han jugado un papel fundamental. Todo aquello que estuvo prohibido bajo el franquismo y apareció en el primer momento de la transición, adquirió carta de naturaleza en la información, cosa que no sucedió con el destruido movimiento homosexual tras la II Guerra Mundial; tardó muchos años a ser considerado por la prensa. Aquí sucedió lo contrario y no se ha roto esa normalidad. En varios eventos lgtb internacionales organizados en nuestro país, las asociaciones extranjeras quedaban sorprendidas del espacio en prensa y TV que obteníamos, incluso contando el minutaje en los informativos de TV, siempre el doble o más que en sus países. Actualmente contamos con gays presentadores de distintos programas de gran audiencia y no pasa nada. Es menor la visibilidad lésbica, -creciente en estos últimos años-, debido a la doble opresión: como mujeres y como homosexuales. En principio los medios contribuyeron mucho a desmentir la imagen tópica de la “mariquita” estilo Alfredo Landa y la taquillera película “No desearás al vecino del quinto”. Hay tantas formas de ser gay, lesbiana o transexual como formas de ser heterosexual. El peso de nuestro machismo atávico ha entrado también en las filas homosexuales, condenando de forma absurda a los “afeminados” y a las ”marimachos”. Lamentablemente es una dicotomía que aún levanta discusiones entre gays y entre lesbianas (éstas menos rígidas). Hubo y hay programas de TV que han aprovechado este maniqueísmo, pero es un filón ya agotado.

M.O.: ¿Qué diferencias observas entre el colectivo LGBTIQ de los 70 y 80 y el actual?
J.P.:
Actualmente las siglas del movimiento se han enriquecido con más variantes, intersexuales y queer. Una más biológica y la otra más ideológica. En todo caso demuestran la variabilidad de la sexo-afectividad, toda una contribución a la liberación sexual de las personas heterosexuales y la denuncia constante de la doble moral a la que quiere someter la ideología dominante ( judeo-cristiana) a todo el mundo. La gran diferencia generacional de los años 70-80 con la actualidad es haber superado un problema inicial que no precisan resolver otros movimientos: la auto-aceptación, luchar contra el propio desprecio y salir del armario para, -no adaptarse a la sociedad-, sino para cambiarla de forma inclusiva. ¡¡¡Cuantas lesbianas, gays y transexuales se suicidaron en los años de la dictadura por considerarse enfermos, pecadores y delincuentes!!! Nunca sabremos cuántos. Aun así y con la información disponible, todavía hay un feroz bulling en escuelas e institutos que llevan incluso al suicidio. En el otro extremo tenemos a las personas mayores lgtbi, inmersas en residencias y geriátricos donde no han podido elegir con quién conviven y donde reina la homofobia propia de la juventud de esa tercera edad heterosexual. Deben de volver al armario y eso es una cruel injusticia. Las administraciones deben de proveer formas de atención a la gente mayor lgtb que preserven su dignidad y privacidad. Las actuales generaciones lgtbiq no vivieron la lucha contra la represión, ni la crisis del vih/sida, por tanto deberían contribuir informándose sobre la memoria histórica de lgtbi. Sin memoria no hay futuro y hasta incluso puede haber retrocesos.

M.O.: ¿Qué consejos le darías a quienes se están organizando dentro del colectivo?
J.P.:
Conocer los textos básicos sobre ciencia e ideología de los movimientos y organizaciones anteriores al 2000. Partir de que estamos ante un retroceso social que genera lgtbiq-fobia y que eso requiere re-explicar el ABC de la diversidad sexo-afectiva de la especie humana. Sumar alianzas con todas las ong's que defienden los Derechos Humanos, mantener y ampliar la alianza con los locales de ambiente homo o trans, como un derecho de afinidad, sin menoscabo de la necesaria visibilidad en el trabajo, la familia y la calle. No perderse en batallas ideológicas, sino servirse de las nuevas teorías como método de análisis. No olvidar la solidaridad internacional y mejorar la colaboración con el feminismo y la creciente corriente de los hombres por la igualdad, que aportan reflexiones muy interesantes. Insistir en la normalización social del hecho lgtbiq a través de asociaciones de ocio, como el deporte o bien de profesionales como la policía lgtbiq. Apoyar el frente más nuevo, las familias homoparentales, verdadera revolución socio-ideológica y defender la dignidad de las personas mayores lgtbi. A la vez que exigir de las instituciones mayores compromisos tanto contra la homofobia como por la educación en la igualdad. No olvidar que en este presente inmediato, estamos perdiendo terreno a causa del reflujo de años recientes y del crecimiento de ideologías conservadoras que reaccionan contra los éxitos conseguidos. Recordar, “hay que hacernos visibles para llegar a ser indiferentes”.

Jordi Petit, activista gay desde 1977. Presidente de honor de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya y de Stop SIDA, Medalla de Honor de la Ciudad de Barcelona 2002 y Creu de Sant Jordi 2008. Secretario General de la International Lesbian and Gay Association (1995-1999).

Autor de “25 años más” Icaria Editorial, 2003 (prólogo del sociólogo Manuel Castells) y de ”Vidas del arco iris”2004 ( actualmente en e-book: www.editorialegales.com / www.amazon.es y amazon en todos los países, prólogo del periodista Xavier Sardá) . Dos libros que explican con todo detalle todo este proceso.

Publicado en el Nº 302 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2017

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