Recordatorios para no perder ni la memoria, ni el entendimiento ni la voluntadUn acto para recordar el 40 aniversario de la Matanza de Atocha Actos de ahora que sacan a la palestra quién, cómo y por qué se luchaba en aquellos años.

José María Alfaya 30/01/2017

La fecha no ha pasado desapercibida. Cuarenta años son un número redondo y un recuerdo que todavía está fresco y por aposentar en todos sus significados e interpretaciones. Desde luego, hay aspectos indiscutibles: el horror de la violencia extrema, planificada con frialdad y ejecutada mafiosamente, con complicidades que hoy mismo perduran, el miedo a la muerte adjudicada arbitrariamente... las "razones" de la sinrazón asesina apenas encubriendo los intereses creados (que hubiera dicho Benavente desde su plaza cercana al lugar de la Matanza) y los resultados políticos de aquellos siete días de enero.



Pero hablemos del hoy. Varios han sido (y serán) los recordatorios para no perder ni la memoria, ni el entendimiento ni la voluntad. La memoria, siempre amenazada por nuestra clase dominante, el entendimiento que necesita de nuestro análisis sobre el dolor y la voluntad de rendir homenaje a los que pagaron tan caro (con sus vidas) el compromiso con una lucha política y social. Y de los actos de ahora que sacan a la palestra quién, cómo y por qué se luchaba en aquellos años.

En el Centro Cultural Meseta de Orcasitas se reunió, el pasado día 27 de enero, un numeroso público que acudió a la llamada de sus propios recuerdos. Entre otras cosas, porque Miguel Sarabia, uno de los supervivientes, era muy conocido en el barrio de Orcasitas y en el distrito de Usera. Y no se habló sólo del pasado sino del presente. Allí estaban las "espartanas" de Coca Cola, un antiguo alumno de Miguel Sarabia, familiares, compañeros cómplices de la lucha de aquel momento, profesionales de la abogacía que sigue defendiendo los derechos laborales y sociales y artistas comprometidos en la tarea de poner música y verso a esta lucha de clases. Con la necesaria presencia institucional personificada en Mauricio Valiente y Rommy Arce que representaban al Gobierno Municipal del Ayuntamiento de Madrid. Un acto sencillo, con imágenes de Tino Calabuig, que no excluye a otras víctimas que se produjeron en el tira y afloja de aquella "transición" (recordemos a Arturo Ruiz, a Mari Luz Nájera...) y que nos deja, como el poema de Agustín García Calvo que se leyó al final del acto, con la obligación de liberarnos y liberar de cualquier tipo de cárcel a las víctimas de las injusticias actuales. Que "también a la sombra está Josefa García".

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