La afilada punta del cálamo

Quien paga a los músicos... Quien paga los músicos escoge la música, dice el refrán, y la CES se ha financiado en gran medida con los programas ejecutados por la Comisión Europea.

José María Alfaya 16/02/2017

A veces uno se cansa de “repensar” en celtíbero la familia, el municipio y el sindicato y busca fuentes externas para vislumbrar cómo lo llevan en otros lares. Y se tropieza con noticias internacionales o supranacionales que te hacen comprender que el mundo no termina en un programa basura mediatizado por Inda o Marhuenda ni en los límites de la muy limitada Celtiberia. En otras cazuelas se cuecen habas que tienen mucho que ver con el sabor de nuestros propios guisos.

Unos suspicaces franceses, por ejemplo, sospechan de la Confederación Europea de Sindicatos: la Comisión Europea está gastando millones de euros para financiar “sus” sindicatos en pro de la UE.

Argumentan: Todo el mundo recuerda la CES (Confederación Europea de Sindicatos / CES) que se negó a aceptar una posición en contra de la Ley del Trabajo y apoyó la eurodestrucción del Código de Trabajo posicionándose junto a la MEDEF y CFDT contra los trabajadores que hacían huelga y se manifestaban para la retirada de la Ley del Trabajo. ¿Sorprendente? Para nada.

Porque CES es una parte integral de las instituciones de los Patronos de la Unión Europea. Una confederación fuertemente subvencionada por la Comisión Europea, con la condición expresa de que la Confederación defienda la "construcción europea". Es decir, los dictámenes de la Comisión Europea. Por ejemplo CES, en lugar de combatir el tercer memorándum de austeridad impuesto a Grecia lo apoyó haciendo incluso campaña a favor del sí en el referéndum, al lado de la Troika. Recordemos que el CES había votado por el sí al TCE, haciendo bloque con las empresas y dando la espalda a los propios trabajadores que, de París a Amsterdam habían abrumadoramente rechazado el tratado. Un tratado impuesto a la fuerza bajo la forma del Tratado de Lisboa con el apoyo descarado... de la Confederación Europea de Sindicatos.

La CES se beneficia de decenas de millones de euros de la Comisión Europea.

Los Tratados europeos establecen que la Comisión Europea organice el diálogo social.

Como parte de este "diálogo social" la Comisión Europea proporcionó apoyo financiero -no a los sindicatos de empleados que en este contexto podrían actuar de forma independiente en beneficio de sus trabajadores afiliados- sino a los proyectos supranacionales. Proyectos que se encuentran según la Comisión "en el campo de las relaciones industriales". La Comisión también financia a través del Fondo Social Europeo la "construcción de organizaciones de interlocutores sociales a nivel nacional." Así, la Comisión Europea está financiando una sola organización denominada de trabajadores (CES), y dos organizaciones de empleadores (UNICE y el CEEP). De hecho, es por medio de estructuras financieras que operan en el marco de las políticas decididas por la Unión Europea, en contraposición a las acciones que pudieran desarrollarse mediante financiación de sindicatos independientes.

Y también hay que anotar la opacidad total mantenida tanto por la Unión Europea (UE), que no publica la lista anual de los subsidios, sus motivos y organismos beneficiarios, como la de la CES que se olvida cuidadosamente en su sitio web de indicar la procedencia de sus recursos.

Lo que sí se sabe es que una gran parte del presupuesto de la confederación se utiliza en particular para pagar con sus fondos y apoyo permanentes campañas de política de dumping social y salarial euro austeridad de la UE, que ataca a los trabajadores en toda Europa y que estos fondos provienen directamente del presupuesto de la UE. De acuerdo con algunos especialistas, en la CES más del 70% de su presupuesto proviene de financiación europea.

Quien paga los músicos escoge la música, dice el refrán, y la CES se ha financiado en gran medida con los programas ejecutados por la Comisión Europea. ¿Encontramos la razón de sus posicionamientos?

Publicado en el Nº 302 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2017

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