La afilada punta del cálamo

La anémica legión: gentes pobres y pobres gentes

José María Alfaya 04/03/2017

Para Vladimir Carrillo, por su “Karl Marx en el cine” y para los diseñadores del Reglamento Orgánico de funcionamiento de los Foros Locales de los Distritos de Madrid.

Cada vez que me despierto, cual tripulante del Nostromo entre sus compañeros sin tener ni idea del alien que llevamos dentro, sospecho que esa hibernación criogénica de la que me sacan a golpe de noticia perversa de telediario me convierte en un patético indiferente a la suerte de los replicantes porque ignoro o quiero ignorar que yo soy uno de ellos. Prefiero, iluso de mí, suponerme pasajero del Poseidón, sin creer que existan olas que me van a poner cabeza abajo en un pis pas y ante el homérico reto de orientarme en un mundo al revés.

Entre ser gente pobre con conciencia y pobre gente sin ella prefiero la primera posibilidad de ser paria de esta tierra que ya no parecía que iba a ser patria de pobres confundidos porque toda la carencia que notaban era la evolución a la baja de su capacidad de endeudamiento. Mueren gentes atiborradas de consumo sin alimentación, de la ansiedad de no tener dinero para lo superfluo, del desequilibrio entre la ganancia y el gasto. De la carencia de lo fundamental. De haber vivido, según el cinismo de sus enterradores, por encima de sus posibilidades. Pero no sólo de economía mueren los humanos, algunos con hambre y sed de justicia, o sea, de distribución de la riqueza y del poder, sino de política, cuando les queda tan lejos de sus entendederas que supone un salto mortal entre el instinto del animal superviviente y la capacidad del homo faber.

Te roban el salario, la conciencia, el lenguaje, te condicionan los sentimientos, te convierten en neurótico al menor traspiés. Siempre tienen a mano un camión de psicólogos para ayudarte a no encontrar por ti mismo la resistencia personal necesaria para identificar la realidad y no confundirte ni rendirte ante quien te la quiera manipular, sean reyes, obispos o tribunos. Es difícil, ya lo sé. Los intoxicadores hacen muy bien su trabajo y para que no haya esperanza en una excepción que se libre del envenenamiento, también ellos toman de la pócima. De manera que el que te explota y acaba con tu vida lleva el mismo alien que tú dentro de su cuerpo, aparentemente mejor cuidado que el tuyo. Triste e inútil consuelo.

Esta es una tierra asolada por sus habitantes, divididos en dos bandos equilibrados en su improductividad social: los crueles prepotentes y los débiles sacrificados. A unos se les nota demasiado y a los otros se les señala por su silencio o por su grito desvariado. Se nota en la desesperanza con la que se comenta la política y la ilusión con que se viven las fantasías. Se nota también en la poca altura de las construcciones de intereses que tienen los que pueden, reyezuelos de vidas ostentosas de puro miserables donde se confunden los infartos con las cirrosis.

Por eso no basta con buenas intenciones y normas democráticas para favorecer la participación ciudadana. No basta con crear de casi la nada un foro ciudadano, local o como la nomenclatura que excluye la división en clases quiera nombrar al conjunto de los habitantes de un territorio. No basta, ni siquiera, con explicarlo una vez como si se tratase de una película coral en la que cada grupo de actores, divididos por fronteras territoriales, no políticas ni económicas, tiene que buscar su protagonismo dentro de un sistema aparentemente igual para todos pero él mismo condicionado por fuerzas muy poderosas que no consienten que los tripulantes del Nostromo puedan alterar el rumbo de su nave contrariando los designios de la Compañía.

En fin, que podemos consultar con el ordenador y hasta votar a través suyo pero no sabemos si estamos preparados para sobrevivir a la aventura en la que nos involucran. Tampoco importa demasiado. Siempre podemos soñar que somos nosotros quienes gobernamos la nave. Quizás estamos, de nuevo, en estado de hibernación.

Y si no fuera el caso, nos movilizaremos a nuestra manera para luchar el futuro con las armas del ayer: una conciencia vecinal, un patriotismo local, una identidad barrial. Una nueva-vieja Odisea en el tiempo y en el espacio.

Publicado en el Nº 303 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2017

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