El pasado 25 de febrero la protesta social volvió a llenar las calles de las principales ciudades españolas“Somos mayores pero no somos gilipollas” el grito de advertencia de las Marchas de la Dignidad Centenares de miles de personas y colectivos sociales se sumaron a esta convocatoria descentralizada que tuvo como eje principal la defensa del sistema público de pensiones.

Mada Bode 15/03/2017

El sábado 25 de febrero la protesta social volvió a llenar las calles de las principales ciudades españolas, la aparente paz social ha demostrado no ser tal ante las reivindicaciones de las Marchas de la Dignidad.

El 22M o Marchas de la Dignidad surge en 2014 bajo el lema “Pan, trabajo, techo y dignidad” ante las duras políticas de recortes aplicadas en el país. Ya por aquel entonces hacía la siguiente reflexión: “Nos encontramos ante una situación extremadamente difícil, una situación límite de emergencia social, que nos convoca a dar una respuesta colectiva y masiva de la clase trabajadora, la ciudadanía y los pueblos” que dio lugar a una marcha histórica hacia Madrid desde el resto de territorios y comunidades autónomas, congregando a dos millones de personas.

El día 25 las Marchas retomaban el pulso movilizador en los diferentes puntos del estado, centenares de miles de personas y colectivos sociales se sumaban a esta convocatoria descentralizada que ha tenido como eje principal la defensa del sistema público de pensiones. Bajo el lema “Somos mayores pero no somos gilipollas” han llenado calles y plazas en ciudades como A Coruña, Alicante, Barcelona, Ciudad Real, Elche, León, Madrid, Murcia, Valencia, Xixón, Valladolid, Zaragoza o la comunidad autónoma de Andalucía. “Volvemos a las calles para defender el sistema público de pensiones atacado por los poderes económicos y políticos neoliberales para hacer de nuestro derecho a las pensiones su negocio. Para defender una pensión digna de 1080 euros al mes con 14 pagas y que este derecho esté garantizado por los Presupuestos Generales del Estado, también que su revalorización sea automática anualmente, para que no se pierda poder adquisitivo”, afirman desde la organización mientras apuntan un argumento impecable: “Si hay dinero para salvar a bancos y autopistas de la quiebra, también lo hay para rescatar la vida de las personas y que podamos vivir con dignidad”. Consecuentemente, exigen la inmediata derogación de las dos reformas de las pensiones, implantadas por el PSOE en el 2011 y por el PP en el 2013.

Tampoco se escapa la conocida como “hucha de las pensiones”, una bolsa de garantía con los excedentes que genera el sistema que “ha caído un 52% desde su puesta en marcha en 2002 por el saqueo del gobierno para invertirla en su propia deuda pública la cual se ha demostrado no es rentable”. Igualmente, las Marchas denuncian la congelación de la cuantía de la pensión a través de la última reforma del Partido Popular y se muestran en contra del Pacto de Toledo, también rechazan elevar la edad de jubilación a los 67 años.

“Salimos a la calle a defender los derechos de las generaciones presentes y futuras y esto nos lleva también a exigir la derogación de las reformas laborales del PSOE y del PP, que han empeorado aún más la situación social y el trabajo de la mayoría social con más precariedad, inseguridad, salarios de miseria, bajas o ninguna cotización”, sentencian en un comunicado leído en cada una de las ciudades donde se ha desarrollado esta movilización, dando muestras de una gran preocupación por un futuro donde no se pueda acceder a una pensión pública o donde éstas sean de miseria.

Al igual que en otras ocasiones, las Marchas de la Dignidad mantienen las reivindicaciones que las vieron nacer: No al pago de la deuda y no al cumplimiento de los objetivos de déficit impuestos por la Unión Europea y el FMI a través del pacto del PSOE y el PP, con el que reformaron el artículo 135 de la Constitución Española dando así prioridad al pago de la deuda antes que a las necesidades de la población; son contrarias al tratado de la Zona Euro: un “verdadero corsé para los intereses de las clases trabajadoras y la mayoría social”. Las Marchas de la Dignidad rechazan los tratados internacionales que arrebatan derechos y hurtan soberanía, como el recién aprobado CETA y la sombra de aquellos aún por firmar como el TISA y el TTIP.

Con una nutrida participación en los diferentes territorios tanto de personas a título individual como de colectivos sociales, las Marchas han hecho un frente común en un tiempo marcado por la precariedad y las políticas regresivas. Posiblemente, sea ese interés general y universal que caracteriza al movimiento lo que ha despertado la participación de millares de personas en todo el país, tan sólo en Madrid más de 20.000 personas secundaron la movilización. La convocatoria andaluza, que tuvo lugar el día 28, congregó a 90.000 personas en Sevilla según los organizadores. Algunos medios de comunicación, no sin alivio, han denominado esta expresión social como “el rebrote de la indignación ciudadana”, tal ha sido la acogida de la que, probablemente, sea la precursora de una gran movilización en los próximos meses con la vuelta a Madrid.

Publicado en el Nº 304 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2017

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