Ni dios ni amo

Ejemplos

Benito Rabal 27/03/2017

Mientras escribo estas líneas, todavía sin terminar febrero, ya son dieciséis las mujeres asesinadas en lo que va de año. Cuando empecé a redactarlo eran once y en el breve espacio de día y medio, habían muerto cinco más. Lo normal -o al menos lo deseado- sería que, con esa abominable cadencia criminal, aparte de los consabidos minutos de silencio, gritos en el cielo y compungidas declaraciones, el Estado tomara medidas contundentes, tal vez que destinara más dinero a proteger a las mujeres amenazadas en vez de a infantas y monarcas inservibles de más que dudosa conducta y fortuna. O tal vez, predicando con el ejemplo, intentando cambiar la acostumbrada y primitiva concepción del mundo que divide a los seres humanos en particulares roles de machos y hembras.

Sin embargo, ahí va el ejemplo predicado para que veamos cómo se lucha contra esta suerte de terrorismo. Un jugador de fútbol, de esos de gran poder mediático, aclamado por el público, deseado, envidiado y, lo que es peor, imitado, tras unas cuantas hostias compartidas con su novia, es acusado de violencia de género, juzgado, y posteriormente, tras acabar la vista, introducido en un avión privado para que pueda competir en Alemania junto a sus compañeros. No es expulsado inmediatamente del club al que pertenece, no se le impide volver a jugar, no se le muestra como un energúmeno violento incapaz de dialogar. No. El Ministerio del ramo, el Consejo Superior de Deportes, la Liga de fútbol, que, en mayor o menor medida –normalmente mayor– viven de nuestros impuestos, los de las mujeres incluidos, callan. Se le da un tironcillo de orejas y aquí no ha pasado nada.

El mensaje es claro: Las mujeres, ya se sabe… A cualquiera puede pasarle… Estaría bebido o drogado. En fin, es joven y habrá perdido los nervios… ¡Pobrecito! En su defensa alegan que también ella repartió cera. Pero, ¿y qué? ¿Justificamos la violencia? ¿Toda? ¿También entonces la de la barbarie yihadista ya que seguramente muchos de los compatriotas, familiares y amigos del terrorista han muerto masacrados por nuestras bombas? Por otra parte y, a tenor de la sentencia del futbolista de marras comparándola con otras conocidas, ¿es que es más delito mandar a la mierda al hijo de un monarca impuesto por un asesino o hacer comentarios sobre el vuelo de un genocida como Carrero Blanco, que mostrar cómo se resuelve un problema sentimental a guantazos, sobre todo porque ya sabemos cuál de los dos sexos acaba normalmente más dañado, cuando no muerto? Parece ser que sí.

Más o menos por las mismas fechas, el Obispo de Granada, en su arenga dominical, proclama a los cuatro vientos algo así como que la libertad sexual es una perturbación, no sólo física sino también cultural y como tal debe ser combatida y erradicada.

A éste, ¡faltaría más!, no se le juzga inmediatamente por un delito de incitación al odio y fomentar la discriminación. Ya se les ocurrirá a los jueces alguna artimaña para dejar caer a la papelera las denuncias presentadas. Seguro que arguyen lo de la libertad de expresión, la misma que a mí no me permite, por ejemplo, cagarme en dios en un espacio público, porque públicas son las iglesias ya que las pagamos con dinero público, ¿o no?

Pero lo peor no es ni su diarrea mental, ni su perturbación de la inteligencia. Ni siquiera su loa fascista. Lo peor es que este sujeto, pagado con fondos que nos pertenecen a todos, para más inri, es quien tiene potestad sobre la ideología que reciben los niños y niñas que acudan a los colegios concertados, puesto que desde su cargo de directivo de la multinacional vaticana, es quien marca los objetivos de la empresa. Y dado que su proclama no es un caso aislado, sino que ya ha arremetido contra la vestimenta de las mujeres y el comportamiento de éstas intentando romper con las ataduras que el pastor de colgajo ferruginoso defiende, no es de extrañar que quien recibe sus palabras como única y verdadera conducta moral, acabe engrosando la lista de asesinos en serie machistas. ¿Hay que dejar pues a este engendro de la naturaleza seguir adoctrinando monstruos? ¿Dónde queda aquello de la prevención?

¿Hacemos un pacto de Estado contra los criminales incluyendo a los criminales mismos, a quienes, por activa o por pasiva, no les impiden serlo? O por el contrario, dejamos de rasgarnos las vestiduras y afrontamos el problema como si las asesinadas fueran empresarios, militares, policías o prebostes varios.

Publicado en el Nº 304 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2017

En esta sección

El saqueo del Canal de Isabel IIMayoríaReservadoQue su nombre no se borre de la historiaEs la hora de acabar con 40 años de pacto de silencio del asesinato de Caparrós

Del autor/a

MayoríaReservadoGuerraNo es un chisteEjemplos