¿Hasta qué punto las reformas "radicales" planteadas por la "Francia insumisa" son aplicables después de una victoria en las urnas?Los límites de la Francia insumisa

José Enrique Fernández González 19/04/2017

Si me preguntasen cuál sería mi preferencia de voto dentro de las opciones realmente existentes para las elecciones francesas, respondería que Mélenchon. Pero no es una cuestión de preferencias, sino de dilucidar, en el marco de una hipotética victoria del candidato exsocialista, los avances que ello supondría para la mayoría social trabajadora de Francia y de Europa.

Con todos mis respetos hacia mis colegas del área de las Ciencias sociales, la retórica fundamentada en análisis cuantitativos de encuestas, cortoplacista, sesgada y trufada de expresiones posmodernas vacías de contenido real, no conduce a nada. La construcción de un relato aparentemente científico de lo que pueda pasar y concebido para brindar apoyo, es muy loable pero poco útil en estos tiempos que corren, sobre todo, después de lo que estamos viviendo en España y de los errores en las predicciones de no pocos sociólogos de laboratorio. Pero volviendo al principio, ¿hasta qué punto las reformas "radicales" planteadas por la "Francia insumisa" son aplicables después de una victoria en las urnas? ¿Sobre qué cimientos reales se apoya ese proyecto de una supuesta ruptura con la UE en el caso de que ésta no acepte -y no lo va a aceptar- el paquete de gasto social y de políticas fiscales propuesto por la candidatura de Jean-Luc? Es en esto y en el sentido que tiene apostar a día de hoy por un pack de medidas de naturaleza socialdemócrata presentado como revolucionario, en donde debemos situar el centro del debate. Asimismo, un proyecto endeble, importado de otras experiencias similares de países con culturas políticas y realidades sociales diferentes, construido "ad hoc" para una contienda electoral muy concreta y carente de unas bases sociales de apoyo mínimamente sólidas, puede desinflarse de la misma manera que ha crecido, en cuestión de semanas. Esto, desgraciadamente, puede llevar a la frustración de una mayoría social hastiada por la crisis, aterrada por la incertidumbre y sedienta de “alternativas palpables” capaces de generar certidumbre y confianza; es decir, el abono perfecto para que la ultraderecha fertilice aún más en un pueblo que se siente permanentemente engañado. Más aun, teniendo en cuenta las simpatías y el significativo apoyo popular con el que cuenta la candidata neofascista Marine Le Pen. Experiencias históricas parecidas y no muy lejanas, las hay, cada uno que saque sus conclusiones.

La gestión de las migajas del capitalismo y sus regímenes en el rifirrafe de la extracción de rentas que se da en el marco de la lucha capital-trabajo y la praxis institucional subyacente guiada por la filosofía de la miseria de lo posible, tienen sus límites, y son cada vez menos integrables en un proyecto concebido para alcanzar el socialismo. Es en la explicación de ese proyecto antagónico al existente y en la posibilidad de hacerlo hegemónico, en donde nuestros hermanos franceses deberían centrar su lucha y nosotros, nuestra prioridad como comunistas. Ojalá me equivoque, y Mélechon no sea la próxima decepción de una larga secuencia de defecciones iniciada por el caballero que hoy apoya la guerra en Siria, el señor Tsipras. Ver veremos qué pasa el domingo.

Hasta entonces, y con todo el cariño hacia un pueblo que ha llevado a cabo enormes hazañas, desde la Revolución Francesa pasando por la Comuna de París, hasta la Resistencia contra los nazis con un indomable espíritu jacobino: ¡Viva la lucha de la clase obrera francesa!

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