Francia se acerca a una cita con las urnas presidida por la incertidumbre

Raúl García Hémonnet 21/04/2017

El próximo 23 de abril se celebra la primera vuelta de las elecciones francesas. Unas elecciones decisivas para Europa. 11 candidatos, 9 hombres y dos mujeres, que van desde la extrema derecha a la extrema izquierda concurren en unos comicios presididos por un ambiente de desafección generalizada, corruptelas y crisis en los partidos que han gobernado el país en los últimos 30 años, y por una abstención que podría superar el 30%.

Dos candidatos inéditos en cabeza

Estamos ante algo nunca visto, la extrema derecha lidera los sondeos en una primera vuelta de unas elecciones en Francia. A su candidata, la neofascista Marine Le Pen no la acompañaría ni el candidato socialista ni el de la derecha republicana, sino un joven neoliberal que cuenta con el apoyo generalizado de los medios de comunicación y de gran parte de las élites económicas del país.

Si hacemos caso al último sondeo de referencia publicado el 28 de marzo, la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, ganaría la primera vuelta de las elecciones francesas con un 25% de los votos, le acompañaría en la segunda vuelta el candidato del partido de centro liberal ‘En Marche’, Emmanuel Macron que cuenta con el 24%. Macron es un pretendido ‘outsider’ que dice venir a regenerar la política francesa, aunque ha sido el último ministro de Economía del Gobierno socialista de François Hollande, responsable de muchas de las medidas económicas que han llevado a manifestarse en la calle a miles de franceses durante los últimos cinco años.

Según todos los sondeos, Macron barrería a Le Pen (62%-38%) en la segunda vuelta, pero eso no sería una gran noticia para la clase trabajadora francesa ya que, entre otras cosas, el candidato de En Marche (En Marcha), propone el fin efectivo de las 35 horas semanales.

La victoria de Le Pen que llevaría al Elíseo una agenda 100% xenófoba, por mucho que pueda poner en problemas la existencia de la Unión Europea, tampoco constituiría motivo de alegría para la clase obrera francesa. No en vano, recientemente, los principales sindicatos del país (CGT y CFDT) se han posicionado contra el Frente Nacional y están en plena campaña para “desmontar el discurso pseudo social” de Marine Le Pen, que, según los sondeos está consiguiendo atraer a más del 40% de los obreros y empleados de cara a la primera vuelta de las elecciones.

Los grandes partidos tradicionales en crisis total

El partido socialista, que ha gobernado los últimos cinco años afronta la primera vuelta de las elecciones presidenciales con Benoît Hamon como candidato tras haber vencido en unas elecciones primarias al primer ministro Manuel Valls, que pertenece al ala más derechista de los socialistas franceses y que ya ha manifestado que no apoya la campaña de Hamon.

La parte más cercana a Valls y al gobierno de Hollande del partido socialista considera que Hamon es demasiado “de izquierdas”, por su oposición durante la legislatura a medidas emblemáticas del ejecutivo de Manuel Valls como la reforma laboral (aunque Hamon no pide la derogación de la misma, sino la revisión). Muchos de ellos prefieren apoyar al candidato liberal Macron que al candidato de su propio partido, que podría verse relegado a la quinta plaza en la primera vuelta, en lo que supondría la mayor derrota de la historia reciente del partido socialista francés, incluso mayor que la de 2002 cuando el candidato socialista Lionel Jospin no llegó a la segunda vuelta y fue superado por el ultraderechista Jean Marie Le Pen, padre de la candidata actual del Frente Nacional.

Hamon, al verse abandonado por el ala derecha del partido socialista, intentó durante los meses de enero y febrero acercarse a los ecologistas y a la Francia Insumisa del líder del Partido de Izquierda, Jean Luc Mélenchon, apoyado por el PCF. El candidato socialista llegó a un acuerdo con los ecologistas, pero no con Mélenchon, especialmente por sus diferencias respecto a Europa, sobre la que Hamon defiende una línea parecida a los socialistas españoles o a los socialdemócratas alemanes.

Por su parte, la llamada derecha republicana, representada en el partido ‘Les Républicains’ llega a la cita con las urnas con un candidato enormemente cuestionado fuera y dentro de su partido, François Fillon. Fillon se ha pasado lo que lleva de campaña a la defensiva, tanto que se ha llegado a especular con su retirada ya que ha sido imputado por un caso de remuneraciones a su mujer como asistente parlamentaria por trabajos que, presuntamente, no realizó. Fillon tradicional y neoliberal, que obtuvo la candidatura tras batir en primarias al ‘gaullista’ alcalde de Burdeos, Alain Juppé, afirmó a principios de año que se retiraría si fuese imputado, pero en febrero cambió de parecer y tuvo que afrontar una enorme hemorragia de cargos públicos de Les Républicains que parece haber contenido, aunque desde hace varias semanas sigue relegado en el tercer puesto según todos los sondeos.

Mélenchon, el ‘insumiso’

Jean Luc Mélenchon, que se presentó hace 5 años con el ‘Front de Gauche’ llega a estas elecciones con un nuevo movimiento-partido, ‘La France Insoumise’ (La Francia Insumisa). Mélenchon es el candidato de izquierdas con más posibilidades en estas elecciones presidenciales, aunque todo apunta a que no llegará a la segunda vuelta. La candidatura de Mélenchon está apoyada por el Partido Comunista Francés aunque este apoyo se debatió hasta el último minuto y se saldó con un apoyo del 51% al eurodiputado del Partido de Izquierda. Mélenchon junto con las fuerzas que le apoyan, ha compuesto un programa anticapitalista e ‘insumiso’ y en las últimas semanas ha experimentado un aumento en los apoyos, tanto en sus actos públicos como en su papel en el debate celebrado a mediados de marzo entre los 5 principales candidatos, en el que diversos sondeos consideraron al candidato de izquierda como el segundo más convincente tras Macron.

Por su parte, tanto el NPA (Nuevo Partido Anticapitalista) como Lutte Ouvrière (Lucha Obrera), ambos trotskistas, han conseguido poder presentar a sus candidatos: Philippe Poutou, sindicalista y obrero de Ford por un lado y Nathalie Arthaud, profesora por el otro.

Violencia policial, protesta social, y abstención

La campaña electoral francesa se está desarrollando en un ambiente social tenso que se añade a los asuntos turbios que rodean a candidatos como Fillon o Le Pen, que también tiene problemas judiciales con pagos por trabajos ficticios a asistentes parlamentarios en Bruselas. En los primeros meses de 2017 las calles de las ‘banlieues’ (periferias) de las grandes ciudades francesas se llenaron de manifestantes contra la brutalidad policial, tras la violación, con una porra, de Théo, un joven negro en la localidad de Aulnay-Sous bois, cercana a París. Además, en febrero, diferentes colectivos, desde los bomberos a los trabajadores de la sanidad, han salido a la calle para protestar contra su precariedad.

Esta conflictividad social se une a cierta obsesión por la seguridad, provocada por los atentados de París y Niza, que está siendo utilizada por la candidata de la extrema derecha y el candidato de la derecha para conseguir trasladar sus mensajes excluyentes en pro del repliegue identitario.

Todo ello en un momento de desafección política total, especialmente entre los jóvenes, que afirman en más de un 40% que no tienen pensado ir a votar: la abstención total puede llegar a rondar el 30%, cifra histórica en Francia que conoció su abstención más alta en 2002, con el 28,4%, el año en el que el Frente Nacional llegó a la segunda vuelta.

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Pelea en el Partido Socialista y subida de Melenchon

Desde que se escribió el artículo principal y hasta el envío hoy a imprenta ha habido novedades importantes en la campaña electoral. Han saltado todas las costuras en el Partido Socialista francés. Manuel Valls, hombre fuerte del ala derecha del partido socialista, confirmó lo que todo el mundo en Francia esperaba, que apoyará al liberal Macron (primero con el 25,5% de los votos en el último sondeo) frente al vencedor de las primarias y candidato socialista, Benoît Hamon (quinto, con el 10%). Valls, que alude a “a la responsabilidad” para justificar su decisión, falta con estas manifestaciones a la palabra dada cuando era candidato a las primarias socialistas. Valls, Hamon y los demás aspirantes a la candidatura firmaron un compromiso que les emplazaba a apoyar sin fisuras al candidato que saliese vencedor de dichas primarias.

Macron ha agradecido el apoyo de Valls, pero ya ha manifestado que no contará con el ex primer ministro en su Gobierno ni con ninguno de los ministros del Gobierno de François Hollande. El candidato liberal ha recibido últimamente los apoyos del ministro de Defensa y de dos Secretarios de Estado del Gobierno de Hollande; la de biodiversidad y el de deportes. Además, y desde la derecha, se le ha sumado una antigua ministra de Chirac, que en los últimos tiempos, apoyó a Nicolás Sarkozy.

También, y durante las primeras horas tras las declaraciones de Manuel Valls, se volvieron a oír llamadas a la unidad entre el candidato socialista Hamon y el de la coalición de izquierdas Francia Insumisa, Jean Luc Mélenchon, pero quedaron en nada.

Mélenchon lleva ya quince días de significativa progresión, situándose en la mayoría de los sondeos alrededor del 15%, aunque hay sondeos que incluso le sitúan con el 16% a tan solo un punto del derechista Fillon. Mientras, Hamon, que salió muy fuerte tras las primarias socialistas, ha visto caer su intención de voto debido a la gran división que existe dentro del Partido Socialista.

Publicado en el Nº 305 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2017

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