Escenarios

Crítica de teatroUn homenaje al militante La apuesta de Iván Campillo se propone generar un retazo de luz basado en aquellos héroes anónimos que lucharon por algo más que vivir, lucharon para conseguir que lo que a ellos les hicieron no lo pudiera hacer nadie con sus opresores.

Iván Alvarado 05/04/2017

Obra: A voz ahogada
Dirección y dramaturgia: Iván Campillo.
Intérpretes: Iván Campillo, Mireia Clemente, Ramón Godino, Jordi Marti y Raúl Tortosa.
Voces en off: Marcos Ana, Luis Martin Bielsa, Enric Pubill, Antonia Jover.
Idioma: Castellano-Catalán (bilingüe con traducciones del texto en catalán).
Producción: Apunta Teatre.
Funciones en Madrid: Teatro del Barrio (del 28 de marzo al 2 de abril)
Próximas funciones ver en: http://www.apuntateatre.cat/

Encuadrada, el día de su estreno, en un emotivo homenaje al poeta Miguel Hernández, coincidiendo con el 75 aniversario de su muerte, por el franquismo, como decía Marco Ana, A voz ahogada fue presentada en Madrid acompañada de una amplia delegación de personas precedentes de Cataluña: Grupo de Yayoflautas, miembros de la Asociación catalana de ex presos políticos del franquismo y la presencia de dos compañeros de Marcos Ana en el penal de Porlier, Lluis Martí Bielsa y Enric Pubill.

El dispositivo que nos presenta Apunta Teatre está basado, como punto de partida solamente, en la obra Sino sangriento que fue el homenaje que los presos del penal de Porlier (Burgos) hicieron al poeta Miguel Hernández.

Digo como punto de partida, porque la apuesta de Iván Campillo no es una adaptación de Sino sangriento, como era su idea originaria. El trabajo en aquel montaje es usado como marco, como telón de fondo, sobre el cual se mueven los presos de aquel penal que terminó por juntar a algunos de los militantes más destacados del Partido hasta el punto de llamar a Porlier con el sobrenombre de “Universidad de Moscú”.

El dispositivo nos cuenta cómo la cárcel se va convirtiendo en un lugar donde formarse, donde instruir, donde leer libros prohibidos como El canto general, generando puntos de fuga imaginarios como muestra el poemario de Marcos Ana.

La puesta en escena nos adentra en el día a día de aquellos presos, intercalando sus historias con los momentos de prisión de Miguel Hernández, combinando el dispositivo de la vida entre el penal de Porlier y el penal de Alicante generando una historia paralela entre el poeta de Orihuela y Marcos Ana.

A estas historia se añade la de los otros presos a los cuales se incluye en la escena y con voces en off de sus protagonistas reales, los cuales asisten a una representación de sus vidas. Se obtiene con esto un doble objetivo, describir con qué nos vamos encontrando en escena y objetivar los momentos que se testimonian.

Estas grabaciones son fruto de un trabajo de documentación de tres años de investigación sobre la vida en las cárceles del franquismo y que cuenta con la historia de vida de Marcos Ana, Pubill, Bielsa o Antonia Jover (actual presidente de la asociación de ex presos políticos catalanes del franquismo) entre otros. Dicho trabajo juega a testimoniar escénicamente un oscuro momento de la historia reciente de nuestro país, no para hacer revanchismo, sino para leer la página de la historia antes de poder pasarla, como también solía decir Marcos Ana.

Este testimonio es mostrado desde una puesta en escena minimalista en la cual dos literas y verjas móviles nos van moviendo por diferentes espacios del penal y diferentes momentos del día a día: las visitas, la formación, los paseos por el patio, consiguiendo un efecto de rutina constante que pese al gris óptico que consigue instalar en la retina del espectador, jugado con el gris de la vestimenta y la luz tenue, se va llenando de momentos de libertad, donde la poesía, el teatro y la solidaridad tienen cabida.

La apuesta de Iván Campillo se propone generar un retazo de luz basado en aquellos héroes anónimos que lucharon por algo más que vivir, lucharon para conseguir que lo que a ellos les hicieron no lo pudiera hacer nadie con sus opresores.

Para ello juega con un elenco heterogéneo que va desde personajes claramente identificables como los citados: Fernando Macarro (Marcos Ana), Enric Pubill y Lluís Martí Bielsa. Hay otros dos personajes, el femenino y el de Víctor Muñoz, sobre los que recae el trabajo de representar una polifonía de voces que encarnan diferentes historias con el mismo denominador común, la opresión y la lucha por la libertad.

A quien tenga la oportunidad de ver el dispositivo se encontrará con un homenaje al militante, al militante anónimo como ya hiciera Alfonso Sastre con El camarada oscuro, no al militante del Partido sino al militante en general, aquellos y aquellas que lucharon por un mundo que mereciera la pena vivir.

PD: En memoria de Enric Pubill, que tras el día del estreno en Madrid falleció en su viaje de regreso a Barcelona.

Publicado en el Nº 305 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2017

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