La afilada punta del cálamo

Reuniones

José María Alfaya 02/06/2017

Son veinte en la lista de afiliados pero sólo seis personas están reunidas en torno a unas mesas limpiadas por uno de los militantes, vinculado vocacionalmente a las tareas de mantenimiento, con una dedicación exclusiva que a ratos deviene excluyente y pulsión emocional que nunca alcanza la satisfacción sobre los resultados ni sobre el grado de colaboración del resto de los “activistas”. Es el famoso dilema entre la “corresponsabilidad” y el “ayudar en las tareas de casa”.

Se intenta imaginar el futuro de la organización. Ellos no parecen ser conscientes de que están en medio de un Análisis de Decisiones Multiatributo basado en Imprecisión, lo que conlleva la estructuración del problema de decisión, la asignación de los posibles impactos de cada estrategia, la determinación de las preferencias de los decisores y la evaluación y comparación de estrategias.

En cambio empiezan a ser conscientes de que autoproclamarse agrupación o asamblea resulta casi optimista porque, pese a los diferentes buenos deseos por mantener el chiringuito en funcionamiento, lo que existe se parece más a La Balsa de La Medusa (Le Radeau de la Méduse, de Théodore Géricault) que a una organización de (antaño proclamada) vocación revolucionaria, luego matizada como “izquierda transformadora”. Eso sin contar con la duda cotidiana identitaria sobre si son partido o movimiento social, cofrades más o menos laicos o…varias cosas a lo largo del día militante.

Los supervivientes de aquella balsa de náufragos debieron soportar el hambre, la deshidratación, el canibalismo y la locura. Hoy nos alcanza el naufragio expresivo y comunicacional tipo Torre de Babel, donde un dios, que tenía ya entonces el monopolio de la Sociedad de la Comunicación, confundió las lenguas e hizo que los humanos dejaran de entenderse aún en medio de las voluntariosas confluencias. Por poner un ejemplo de literatura confluyente:

“A lo del respeto que me has mostrado, es de entender, no veo que sea yo quien tenga que estar en la picota aunque por algunas de vuestras manifestaciones lo parezca, por tanto, no lo he querido recoger así, ya que entiendo que este tema lleva a mucho no entender y es normal que haya críticas, pero entiendo que estás se deberían estar haciendo, creo yo, en la dirección de quién las ha provocado”.

No acaba de aclararse la identidad porque se nos acumulan las señas aparentes y se nos pierden las demostraciones consecuentes, más allá de la catarata de whatsapps que sólo salpica a los que pertenecen a la “comunidad de sentido”, que puede entenderse con J. Habermas y A. Giddens como lo que se ha denominado un “giro hacia lo cotidiano”.

Leemos que existen tres variantes clásicas a los problemas modernos: revolución, racionalización y colectivización (Marx); activación de lazos sociales moralizadores alrededor de la división del trabajo y constitución de una república funcionalista (Durkheim), resignación trágica o bien llamado a la chispa del carisma del líder (Weber).

Marx, anunciaba una comunidad posible, un comunismo futuro, ausente en las relaciones sociales capitalistas, a partir de la lucha de clases, en una batalla planetaria donde está en juego la humanidad entera. Si se gana, sería el fin de las “comunidades ilusorias” implicadas en las relaciones de dominación de clase de un capitalismo permeado de crisis de acumulación, cuando la conciencia de clase del proletariado, como lo había hecho la burguesía frente a la dominación feudal, se constituyera como vehículo de la comunidad del futuro.

Pero vaya usted a traducir eso al lenguaje de los náufragos. Y hágalo rápido, que el tiempo apremia.

Publicado en el Nº 306 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2017

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