Acoso a la Revolución Bolivariana Entregada lamentablemente a esa estrategia criminal y terrorista, la derecha ha dicho que no participará en la Asamblea Constituyente convocada legítimamente.

Fran J. Pérez Esteban. Responsable de Extensión Internacional de IU 06/07/2017

El gobierno democrático de Venezuela viene sufriendo una brutal campaña de acoso internacional de los oligopolios mediáticos (en manos de los bancos y las transnacionales), cuyo primer objetivo es presentarlo como una feroz dictadura. El imperialismo tiene entre sus objetivos estratégicos prioritarios acabar cuanto antes con la Revolución Bolivariana y derrocar de forma violenta al gobierno legítimo de Nicolás Maduro, vencedor en las presidenciales de 2013 con más de 7 millones de votos. EEUU, tras los logros revolucionarios de Chávez y casi veinte años de concienciación y empoderamiento del pueblo, llegó a la conclusión de que, si el gobierno Maduro le daba continuidad, se podría dar en Venezuela un proceso revolucionario irreversible por décadas, que el imperialismo no se puede permitir.

Con Chávez y Maduro se han logrado enormes avances en derechos humanos, igualdad y justicia social para las mayorías populares del país, hasta entonces marginadas por gobiernos neoliberales al servicio de las élites. Antes el pueblo, permaneció por décadas en la pobreza económica, la exclusión política y la ignorancia cultural. Por ello la Revolución Bolivariana, contra viento y marea, se ha mantenido en el poder con gran apoyo popular, ganando desde 1998 dieciséis elecciones y perdiendo solo dos. Pero el imperialismo ha dicho basta, ha declarado a la Revolución Bolivariana objetivo político-militar, y ha pasado de una estrategia de permanente desestabilización, a otra de acoso violento y derribo antidemocrático al interior, y de goebbeliana manipulación en el exterior, donde la primera víctima es la Verdad.

¿Por qué esta tremenda campaña internacional contra Venezuela? Por el carácter socialista y antiimperialista de su revolución, por su liderazgo en la integración latinoamericana, por lo que significa su mal ejemplo contagioso en la región, y sobre todo por la disputa geoestratégica por el control del petróleo, hoy estatal y al servicio de políticas de garantía de derechos y de redistribución de la riqueza. Antes al servicio de las grandes transnacionales. En un mundo en el que los intereses geopolíticos siguen marcados por el control del petróleo, ser el país con mayores recursos petroleros del mundo le ha servido a Venezuela para sufrir este acoso imperialista, pues es un recurso escaso al que, según todos los expertos, le quedan 25 años de existencia.

EEUU, que lleva veinte años financiando sin resultados a una oposición incompetente y desunida incapaz de derrotar democráticamente al chavismo en las urnas, ha pasado a financiar abiertamente a una derecha tan fascista como antes, pero volcada hoy en el golpismo insurreccional y en la violencia callejera, con licencia para matar. Desde hace dos meses, y siguiendo los planes del Comando Sur de los EEUU, la oposición de la MUD ha promovido manifestaciones violentas, disturbios, destrucción de bienes, quema de edificios públicos y el asesinato selectivo de personas. En España esas acciones encontrarían el calificativo de terrorismo. De esta violencia, a pesar de las grabaciones y pruebas evidentes que demuestran lo contrario, se culpa mediáticamente al gobierno buscando sin duda una respuesta represiva del estado que hasta ahora no se ha producido. La Guardia Nacional Bolivariana ni siquiera usa armas, limitándose la fuerza pública a una tarea de contención y de desarticulación de grupos fascistas y violentos, encapuchados y armados hasta los dientes, entre los que han sido reclutados grupos del lumpen-proletariado y hasta paramilitares colombianos.
Entregada lamentablemente a esa estrategia criminal y terrorista, la derecha ha dicho que no participará en la Asamblea Constituyente convocada legítimamente y se ha retirado de un 'Diálogo por la Paz' con el gobierno bolivariano apoyado hasta por el Papa.

Debe ser impulsada la mayor solidaridad internacional para impedir que las oligarquías venezolanas, EEUU y su trama mediática mentirosa, puedan derribar violentamente una revolución popular, que no populista, que ha trabajado incansablemente y con éxito por los derechos humanos del pueblo, como así lo ha reconocido la FAO en la lucha contra la pobreza, la UNESCO (que ha declarado Venezuela “Territorio Libre de Analfabetismo”) o el PNUD, en políticas de Desarrollo Humano.

La Solidaridad Internacional no decaerá. Defenderemos a la Revolución Bolivariana porque conocemos su gestión al servicio del pueblo y porque rechazamos la violencia, el fascismo y el golpismo contra un pueblo y un gobierno democrático y soberano.

Venezuela no es una dictadura, sino una democracia con un gobierno revolucionario. Leopoldo López no es un preso político, sino un político de ultraderecha preso por llamar a la violencia y al golpismo. Aunque lo repitan los oligopolios mediáticos del poder y aunque Manuela Carmena no se entere.

Publicado en el Nº 308 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2017

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