Opinión

Nuevas oportunidades

¡Enhorabuena, camaradas!:
Ahora que la voluntad soberana del Pueblo ha otorgado al PSOE la segunda oportunidad de no fallar, ha llegado el momento en el que se tendrá que apreciar nuestra decisiva aportación a esta nueva transición hacia la Democracia. No es fácil convertirse en la reserva espiritual del ecosistema parlamentario. Hay que dejar transcurrir los años, de derrota en derrota hasta la Victoria Final, y que te pasen por encima el voto útil, la ley d´Hont, el bipartidismo y la alternancia. Pero, al final, mermados de votos y de existencia mediática, se impone la estadística de la supervivencia probable y seguiremos formando parte de esas minorías agitadoras (y, en nuestro caso, permanentemente agitadas) que son la sal de la Democracia: ahí estaremos como moscas testiculares para recordar a los triunfadores sus promesas. Ahí estaremos exigiendo el desmarque del Imperio ahora que casi nadie se acuerda de cuando éramos, con total naturalidad, antiimperialistas. Ahí estaremos para exigir la salida del subdesarrollo democrático al que nos condenaban las políticas del P.P. No nos faltarán competidores ni cómplices. Otras exigencias se plantean desde las regiones y las naciones y otras desde sensibilidades y perspectivas sectoriales. Somos rojos, morados, verdes, republicanos, creyentes, gays, incluso socialdemócratas. Nada de lo humano nos es ajeno, incluyendo la capacidad que tenemos de diezmarnos sistemáticamente en peleas en busca de lo Absoluto más absoluto o en la práctica teórica de la teoría práctica. Eso por arriba, en los aparatos organizativos, porque en las filas de los viejos camaradas continuamos, al margen de la disputa de si fue primero el huevo que la gallina, acudiendo a todos los frentes como pluriempleados de la concienciación social.

Confieso que no sé muy bien lo que somos, pese a las ponencias que se presentan en nuestros Congresos (o, precisamente, por el grosor de las mismas) y creo que eso mismo han pensado algunos de los que no nos han votado, porque a fuerza de estar a todas parece que no representamos claramente a ninguna o que les parece más claro lo que criticamos que lo que prometemos. En cambio sé muy bien donde estamos porque sigue siendo el lugar acostumbrado, un ámbito mítico lleno de trabajeras, de ilusiones y de perspectivas «a ver si…».

Ninguna organización humana salvo la Iglesia Católica (pero eso se explica porque trabaja para la Eternidad y desde lo más Alto) es capaz de sobrevivir, como nosotros, a sus propios pecados y a las asechanzas de sus enemigos. Por eso, ahora que un cambio tranquilo acaba de investirse y hacerse Verbo Razonable, se nos presenta la oportunidad de ir al fondo de las cosas para que nuestros compañeros de la socialdemocracia, los de la izquierda transformadora, los de la izquierda plural y los del bajo izquierda nos sigan viendo tal y como siempre fuimos: una organización mítica que, como la gracia divina, espurrea por todas partes iluminando a la vanguardia y dando fuerzas al grueso del pelotón. El voto (de pobreza) ya lo tenemos asegurado; los demás votos, salvo el de la obediencia, vendrán por añadidura.

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