Igual que en la sangre hay extraños fermentos que ocasionan en muchos cuerpos descargas extraordinarias, asimismo hay en la razón partículas heterogéneas que hay que expulsar por fermentación.
Shaftesbury, Carta sobre el entusiasmo (1707)

Se podrían repasar libros clásicos sobre la materia y otros, quizá menos académicos, que explicaran el alcance de este pretencioso título. Se podría recurrir a la autoridad de revolucionarios profesionales o a la experiencia colectiva. Todos, a priori, conocemos a alguien que dice ser de izquierdas. Incluso en IU, sin ir más lejos, hay gentes que se declaran de izquierdas o, por decirlo de forma más fina y ecosocialista, gentes del ámbito de la izquierda. Ahora bien, cada vez que se analiza con detalle un proceso político, sea la VIII Asamblea Extraordinaria de Izquierda Unida, los apoyos que ha recabado el PSOE en la tramitación de la ley de presupuestos o el conflicto de los astilleros, encontramos una significativa ausencia de argumentos y políticas críticas. Es posible que este breve comentario quede algo rancio y poco acorde con el discurso ideológico posmoderno de los partidos hegemónicos de la gauche (PSOE e IU), pero sirva como recordatorio de los objetivos -perdidos en el más allá- del socialismo.

Es práctica usual remontarse a la transición democrática para explicar las simpáticas ocurrencias que constituyen la estructura ideológica de la izquierda actual. Al aceptar (alentar) la forma-estado surgida de la Constitución de 1978 se claudicó. Fue una rendición y se entregaron las armas. Las élites políticas lo sabían (desde la pizarra de Suresnnes al eurocomunismo como práctica posibilista) y generaron un estado de opinión favorable a la democracia de mercado. En este clima, la mayoría asumió la monarquía y sus deportes de invierno/verano, la economía social de mercado con sus desregulaciones y su desempleo estructural y el parlamento como único escenario de la práctica política con sus diputaditos -tan flamantes y verbeneros-, sus corbatitas y sus mediáticas comisiones de investigación. ¿Cómo pretende alguien que en esta feliz reserva natural, creada para solaz de las familias y su atolondrado consumo pueda prosperar un pensamiento anticapitalista? ¿No está cerrado con siete llaves el sepulcro? Por seguir el hilo de la historia reciente -cosa que no le interesa a nadie- es justo recordar que el acoso y derribo que sufrió el proceso revolucionario de Portugal (1974) advirtió a las fuerzas progresistas europeas que la guerra iba en serio. En cualquier caso, aquí no hizo falta recurrir a medidas de fuerza. Partidos y sindicatos, los que en la actualidad hacen propuestas simpáticas y se preocupan (mucho) por la imagen, ya tenían otras ideas.

El caso es que, por estas tierras de golf, abducidos por las representaciones del EPS, ser de izquierdas es cualidad que se está volviendo muy barata, cosa del Todoacien. Un par de ideas liberales sobre tolerancia y educación, un explícito No a la guerra/Otro mundo es posible (¿sin armas para defenderlo?), algunas bromas sobre la estupidez (sic) de Bush (con regalo adicional del DVD de Michael Moore) y el inglés de Aznar (parecido al de casi todos los españoles), un poco de comercio justo y a correr. No les faltará razón a los que digan que esta nota no es de izquierdas (por cínica) y que tiene un cierto regusto estalinista (por militarista). ¿Cómo se puede ser de izquierdas en el 2005? Pese a algunos errores e imperfecciones, Castro y Chávez tienen respuestas. Para el resto, para aquellos que -desde la izquierda- permanecen de espaldas a las revoluciones en marcha, una recomendación: bienvenidos al paraíso de la ingenuidad. Feliz 2005.