La Internacional Vaticana en España

La Conferencia Episcopal Española dice que “en nuestro país, los gobiernos autonómicos y central se han visto obligados a adoptar decisiones que exigen sacrificios a la mayoría de los ciudadanos”

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El comité central de la Internacional Vaticana en España, dirigido por monseñor Rouco Varela, está preocupado por la crisis económico-financiera. En una resolución titulada Ante la crisis, solidaridad, los obispos muestran su caridad “con las familias, en especial las numerosas, los jóvenes, los pequeños y medianos empresarios, los agricultores y ganaderos, las gentes del mar, los trabajadores y los inmigrantes, entre otros”. Y es que esa cosa llamada Conferencia Episcopal Española (CEE, ¿dónde habré visto antes estas siglas?), dice que “en nuestro país, los gobiernos autonómicos y central se han visto obligados a adoptar decisiones que exigen sacrificios a la mayoría de los ciudadanos”.

Obligados, obligados, lo que se dice obligados stricto sensu, pues no oiga. Salvo que por obligados se entienda que no dicen ni pío porque les estrangulan los cataplines allá afuera. Ahora, eso sí, sacrificios, un montón y los sufren los de siempre.

La Internacional Vaticana en España, como tiene un buen responsable de finanzas, un buen Bárcenas, pongamos por caso, pues sacrificios los justos. Ni un recorte para su obras de caridad y miles de millones para centros educativos, residencias, asilos, guarderías y otros negocios sin ánimo de lucro. Y como Jesucristo dijo a un amigo por teléfono: “Bienaventuradas las SICAV porque de ellas será el reino de los mercados”. Por eso la Orden de la Inmaculada Concepción tiene una de 3,5 millones de euros (Francat), las Hijas de la ¿Caridad? invierten 5,4 millones de euros en Inversiones Deima y Ulls Nous (dos mejor que una), los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios tienen 11 millones de euros en Finanzas Querqus y la diócesis de Astorga posee la SICAV Vayomer con 7 millones de euros en el cepillo. Por si acaso, el ministerio de Economía dice que si el Gobierno modifica el régimen fiscal de las SICAV algunas optarían por marcharse a otros países y se perdería el negocio que generan para España. Por esa regla de tres, si modificásemos el régimen fiscal de las órdenes religiosas, ¿también se irían a otros países? Voy a soñarlo esta noche.

¡Qué gran razón tenía Gila!, cuando en uno de sus inolvidables monólogos describía su reacción al visitar el Vaticano: «Menudo negocio se han montado, y empezaron con un pesebre». ¿Y todo eso predicando la caridad? Es un misterio glorioso, como el de la Santísima Trinidad: Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo, tres organismos distintos y un solo Dios mercado verdadero.

Tampoco le gustó al Comité Central la sentencia del Tribunal Constitucional reconociendo que la ley que permite el matrimonio homosexual se ajusta a la Constitución. Dice que “no garantiza el derecho de los niños y de los jóvenes a ser educados como “esposos” y “esposas”. ¿Será un derecho de cuarta generación? Y es normal que estén preocupados, están perdiendo afiliación a marchas forzadas. En diez años se ha pasado de 152.000 enlaces religiosos anuales a apenas 62.000, mientras seis de cada diez matrimonios que se celebran en España son civiles.

Quizá por ello el obispado de Alcalá impartirá hasta el verano una escuela de formación sobre sexualidad y afectividad para jóvenes bajo el llamativo título de «¡Agárrense muchachones, porque ahora sí que vamos a hablar de sexualidad como Dios manda!». Eso sí, para superar el estrés postcoital… quiero decir, después de la amena charla subirán a la capilla para rezar 45 minutitos, que eso no hace ningún mal a nadie mayor de dieciocho.

Para ser sincera, cuando escucho a Rouco, cierro los ojos y me imagino a un friki en gayumbos estampados de palmeras agarrado a una farola de Benidorm a las seis de la mañana de un domingo de agosto. Pero abro los ojos y es el doble de Moncho Borrajo haciendo de Torquemada. Y entonces pienso si no seré un poco rencorosa porque no me dejan ser sacerdotisa.

En contra de lo que pudiese pensarse, la Internacional Vaticana no termina sus peroratas con frases y consignas obsoletas y desfasadas como el tradicional y sumamente soporífero “!Proletarios del mundo, uníos!”. El pasquín sobre la crisis finaliza con un sublime: “Ponemos en manos de la Santísima Virgen el presente y el futuro de España; que ella nos guíe por caminos de unidad y de solidaridad, de libertad, de justicia y de paz”. Y el del matrimonio: “Que María Santísima cuide de las familias e interceda por los gobernantes, sobre quienes pesa el deber y a quienes compete el servicio de ordenar con justicia la vida social”.

Y es verdad, efectivamente, a los gobernantes “compete el servicio de ordenar con justicia la vida social”. Pero no les sale de los mismísimos, aunque intercedan María Santísima, Jesucristo, el espíritu santo en forma de paloma y Paloma San Basilio, todos a una, como Fuenteovejuna. Por eso habrá que empujarles un poquito y enviar unos cuantos a la cárcel antes de tomar el poder y aplicar la justicia social, porque…

— Y digo yo… ¿aquí no haría falta una Revolución?
— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

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