Libro de Henri Houben, “La crisis de 30 años, ¿El fin del capitalismo?”

¿Por qué la crisis ha llegado a tener estas dimensiones?

A partir de los años 70 la clase dominante americana creó un exceso de activos financieros e inmobiliarios para mantener el endeudamiento, el consumo de los hogares y el crecimiento. Lo mismo acabaría sucediendo en Europa.
Henri Houben

Presentación del libro con la presencia del autor el sábado 22 junio 2013 a las 11:00h en el Club de Amigos de la UNESCO de Madrid (Plaza Tirso de Molina, 8)


La crisis de 30 años, ¿El fin del capitalismo?
Henri HoubenAsociación Cultural Jaime Lago

El ministerio de economía francés se cuestionaba en 2011 que la burbuja hipotecaria estadounidense fuese capaz de explicar el estallido de la crisis: “Las hipotecas subprime no ascienden a más de 1 billón de dólares. Compárese con la capitalización bursátil de Estados Unidos, que es de 20 billones, o el patrimonio de los hogares americanos, que suma casi 60 billones. ¿Por qué la crisis ha llegado a tener estas dimensiones?”. El economista Henri Houben, miembro de ATTAC y del Partido del Trabajo Belga, intenta desgranar en su libro “La crisis de 30 años, ¿El fin del capitalismo?” las distintas respuestas a la luz de los datos.

Para Houben, a partir de los años 70 “La clase dominante Americana creó un exceso de activos financieros e inmobiliarios para mantener el endeudamiento, el consumo de los hogares y el crecimiento”. Lo mismo acabaría sucediendo en Europa. Con el colapso de Lehman Brothers, en 2008, este castillo de naipes se viene abajo. Pero las finanzas forman parte del ADN del sistema: “La aportación de capitales extra provenientes de las «finanzas» (créditos bancarios, salidas a Bolsa…) puede suponer un cambio en la carrera competitiva entre las empresas, pues al igual que ocurre con el dopaje en el deporte, es capaz de aumentar la acumulación en un momento dado. Cuando la batalla se recrudece, las «finanzas» pasan de tener un papel secundario y auxiliar, a ser de una importancia vital, alimentando a los contendientes con los capitales que necesitan para acumular.”

Los dirigentes mundiales parecen no haber aprendido nada de la crisis de 1929. ¿No se dan cuenta que la austeridad empeora la recesión? Para el autor, la respuesta debe encontrarse nuevamente en la forma de producir: “En el capitalismo, los inversores siempre buscan el beneficio más elevado, aumentando permanentemente la producción. Pero al mismo tiempo, la demanda no puede seguir ese ritmo. Se crea entonces una brecha entre una oferta de mercancías superabundante y una demanda limitada por los ingresos resultantes de la producción: es la sobreproducción.” Para sobrevivir, “Los capitalistas emplean entonces cuatro medios: reducción de precios, reducción de costes laborales, cierre de departamentos, y, en consecuencia, la disminución de los puestos de trabajo y de los salarios; la quiebra de los más débiles. Todo ello no resuelve la recesión, ya que se está haciendo disminuir el consumo.” Pero es, “en definitiva la mejor solución para cada capitalista individual, porque hace recaer el peso de la dificultades en su rivales, y le permite hacerse con las cuotas de mercado de las empresas que han quebrado o que ha adquirido.”

En el Sur de Europa la población está pagando doblemente: “el euro hace competir a las empresas en un mismo área y los menos competitivos desaparecen. No hay posibilidad de ajuste mediante la devaluación de la divisa para compensar los costes demasiado elevados por unidad producida. En este juego, los Países Bajos y Alemania ganan, mientras que el Sur europeo pierde.”

¿Y qué soluciones proponer? Houben analiza las distintas propuestas: keynesianismo, salida del euro, reforma de la UE, control de las finanzas… Plantea la necesidad de una economía planificada en manos de los colectivos de trabajadores. Y da algunas pistas para el trabajo más inmediato: “Las necesidades de la población son numerosas, y el mercado no las satisface, por falta de una demanda lo suficientemente solvente o de unas expectativas de beneficios capaces de atraer a los inversores privados. Para hacer frente a esta situación, se podrían crear, refundar o desarrollar empresas públicas no sometidas a la competencia.” Y para financiar este programa hay que “saber, a fin de cuentas, quién va a pagar esta crisis: ¿los capitalistas y sus aliados o los trabajadores?.”

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