El Congreso del Partido de la Izquierda Europea (PIE) de diciembre en Madrid, el cuarto desde su fundación en Roma en 2004, intenta a la vez acabar con la llamada excepción comunista en la construcción europea y convertirse en amplia referencia de cambio frente a la pesadilla de la austeridad y recortes impuesta por la Troika siguiendo el fundamentalismo neoliberal. De una u otra forma el resto de formaciones políticas democráticas europeas, socialdemócratas, liberales, conservadores y verdes había participado en la construcción europea desde el Tratado de Roma de 1957 excepto el conjunto de comunistas y fuerzas anticapitalistas que no disponían de un frente unido. La creación rezagada del Parlamento Europeo en 1979 con elecciones directas y su creciente importancia como representación de la soberanía popular europea en la adopción de decisiones (Acta Única de 1986, Tratado de Maastricht de 1992 y Tratado de Lisboa de 2007) obligó a formar un grupo técnico confederal, el GUE/NGL, que inicia su andadura en 1989. Han de pasar muchas cosas, desde la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética hasta la irrupción del Foro Social Mundial en 2001 en Porto Alegre, para que se cree el PIE en 2004 como referente político.
Desde 2004 el PIE ha avanzado en adquirir un perfil propio pero con dificultades. Ha sido la crisis del capitalismo mundial y europeo desencadenada en 2008 la que ha forzado a ser consciente de la necesidad de disponer de un instrumento político de ámbito europeo que garantice que la alternativa al neoliberalismo con sus desregulaciones y recortes es posible. Se intentó tras el anterior congreso, el tercero celebrado en París en 2010, el llevar a cabo como PIE una Iniciativa Europea Ciudadana para crear un Banco Europeo de Solidaridad sobre la base de la tasación a las transacciones del capital, pero la Comisión Europea, mostrando su carácter de clase, la desestimó. Ahora, de cara a las elecciones europeas de mayo de 2014 aparece con mayor fuerza y claridad la urgencia y necesidad de que el PIE ofrezca esa alternativa a la ciudadanía europea.
La evolución ascendente de los partidos que constituyen el PIE en cada país, excepto en Italia, indica que va afianzándose en el seno de la sociedad europea, en sus ámbitos de lucha frente a la globalización neoliberal, la alternativa que pregona la Izquierda Europea. Hay un país que reúne de forma ejemplar este cúmulo de circunstancias, Grecia, al darse un gobierno de las fuerzas del Tratado de Lisboa y de la Troika, conservadoras y socialistas, y quedar Syriza como la única referencia de una Europa alternativa congruente con el programa del PIE. El avance de Syriza se ha convertido en un quebradero de cabeza para el establishment y se intenta por todos medios cortarlo.
El Congreso de Madrid aprueba no sólo un documento político como respuesta a la crisis sino además un programa de acción de cara a las elecciones europeas de 2014 con la pretensión de mostrar que sí se puede acabar con la política de austeridad. Que se puede crear empleo, que se puede adoptar un modelo económico alternativo y respetuoso con la naturaleza, satisfacer las necesidades de la población a través de servicios públicos nacionales y europeos, dinamizar la economía a partir de la inversión pública controlada democráticamente, acabar con las discriminaciones y desigualdades, reforzar la democracia y la participación popular, acoger a los inmigrantes, eliminar las bases militares y la OTAN, convertir la paz en bien común, acabar con los acuerdos internacionales basados en el libre comercio y fomentar en su lugar la cooperación y el desarrollo conjunto.
La Izquierda Europea se amplía continuamente con más miembros y desarrolla una labor de solidaridad internacional en todos los frentes, desde el del amplio y esperanzador del Foro de Sao Paulo con América Latina, al de los partidos y organizaciones de los países del sur del Mediterráneo, con la izquierda del continente africano, con la de los países del este europeo incluyendo Rusia, o los del resto del mundo. El PIE es consciente de la responsabilidad que implica el ser una organización articulada políticamente en Europa, supranacional, y por ese motivo desea colaborar en la configuración de un mundo mejor con el resto de protagonistas internacionales.
La tarea hecha por todos ha sido importante y hay que destacar especialmente el trabajo de su presidente Pierre Laurent del Partido Comunista Francés y de la vicepresidenta Maite Mola. Ha llegado la hora del protagonismo europeo de la izquierda comunista, transformadora, anticapitalista dejando atrás las tentaciones localistas siendo conscientes de que hay que avanzar en todos los frentes desde el más concreto hasta el más global de forma simultánea y coordinada.






