Gamonal: lección de democracia participativa frente a la política impositiva

La rebeldía ciudadana venció a la Troika burgalesa

El proyecto eliminaría las 507 escasas plazas de aparcamiento gratuito actualmente en la calle por 256 plazas que surgirían de la construcción de un parking privado.
Foto: Rodrigo Mena Ruiz

A Burgos se le presupone una ciudad media del norte de España, a la que pocas veces se la define en su heterogenia. Burgos comenzó siendo una ciudad donde originalmente los barrios y barriadas obreras estaban separados entre sí por grandes distancias, estrategia del franquismo con la que evitaban núcleos obreros grandes. Dentro de este marco, Gamonal, barrio obrero tan alejado de la Catedral y de los paseos que dan la imagen de postal de la ciudad, es el lugar donde se aglutina prácticamente un tercio de su población: 70.000 habitantes.

El franquismo en los años sesenta llevó a Gamonal el polo industrial, y la inmigración, especialmente la rural; también convirtió el antiguo pueblo en un barrio obrero de expansión de inmensos bloques de pisos de ladrillo cara vista dando lugar a pelotazos urbanísticos gracias a la corrupción y a la connivencia entre las constructoras y el régimen. En Gamonal, con una densidad de 125 viviendas por hectárea, los aparcamientos eran lo de menos, las constructoras adeptas al régimen debían aprovechar el máximo espacio para edificar más y más.

Con estos datos sobre la mesa, costaría entender la durísima reacción que los vecinos de este barrio han presentado ante el inicio de unas obras que pretendían construir un aparcamiento subterráneo, y un bulevar con carril bici que lo conectaría con el centro de la ciudad; aparentemente una mejora sustancial para un barrio carente de infraestructuras, y casi siempre ninguneado y olvidado por los diferentes gobiernos municipales.

¿Dónde hay que buscar entonces las causas a este contundente rechazo a la obra, y al enfrentamiento que estamos viviendo?

En primer lugar, los vecinos se han opuesto al diseño del proyecto por sus propias deficiencias técnicas: el bulevar dejaría un tramo de la mayor vía que une el barrio con el centro de la ciudad, por el que transitan 20.000 vehículos al día, con dos carriles de acceso restringido al tráfico privado (ahora hay cuatro). Y también porque se quedarían sin sitio para aparcar: el proyecto eliminaría las 507 ya escasas plazas de aparcamiento gratuito que se calculan actualmente en la calle por 256 plazas que surgirían de la construcción de un parking privado que muy pocos vecinos podrían costearse: casi 20.000 euros por cada plaza, que además no sería en propiedad, sino en alquiler por 40 años.

En segundo lugar, se considera que la grave situación económica y social que está atravesando la ciudad, y de manera especial el barrio (el más azotado por las tasas de paro y pobreza), hace que no estemos precisamente ante el momento más idóneo para acometer un gasto de semejante envergadura. Con 160 millones de deuda municipal, el Consistorio sigue buscando obras faraónicas con las que tener un eco que resuene en las elecciones municipales de 2015, a costa, eso sí, de subir impuestos, tasas, y precios públicos (hasta en tres ocasiones en dos años). 160 millones es una cifra maquillada, que por si fuera pequeña, se convierte rápidamente en cerca de 500 si tenemos en cuenta la deuda que ha sido externalizada hacia organismos jurídicamente ajenos al Ayuntamiento, pero de cuya deuda responde en última instancia el municipio burgalés.

No parece muy lógico que un Ayuntamiento que en principio vigila por los intereses de sus ciudadanos, resuelva acometer una obra de semejante gasto, cuando por otra parte está escatimando dinero en la prestación de otros servicios que se antojan más básicos y prioritarios, con el argumento hasta ahora muy bien armado de la necesidad que existe “de apretarse el cinturón”: recortes en alumbrado de las calles, cierre de guarderías públicas, recorte en horarios de apertura de Centros Cívicos y bibliotecas, desasistencia hacia unos Servicios Sociales que, lejos de ser fortalecidos en tiempos de crisis, se ven desvalorizados (no cobertura de bajas laborales, amortización de plazas…)

Corrupción urbanística y manipulación mediática

En tercer lugar, nos encontramos con una sombra que planea detrás de la proyección y ejecución de esta obra: la sombra de Miguel Méndez Pozo y de la corrupción urbanística presente desde hace muchos años en esta ciudad, y es que ha sido una de sus empresas la encargada de diseñar y dirigir el proyecto. La ejecución de la obra recayó en la constructora de su socio habitual. Burgos ya ha sufrido los resultados de su compadreo. El más sangrante fue la construcción y gestión del nuevo Hospital de Burgos. En está ocasión el sobre coste de la obra fue 300 millones, de un presupuesto inicial de 256 millones. La Comisión Europea ha abierto un proceso de investigación de diversas irregularidades cometidas en su adjudicación y por el sobrecoste en la construcción.

Miguel Méndez Pozo: constructor que estuvo algunos meses en prisión por probados delitos en el ámbito urbanístico en Burgos en connivencia con el Partido Popular, y que fue indultado por José María Aznar. Su connivencia no sólo es con el PP, sino también con el PSOE, es manifiesta su amistad con Bono y su presencia en Castilla La Mancha; se le atribuye la construcción del desangelado Aeropuerto de Ciudad Real que costó 1.100 millones de euros y que en su corta vida ha acumulado una deuda de 530 millones. Nos encontramos con la personificación del capitalismo. El señor Méndez, dueño de medios de comunicación por todo el estado en el que se encuentran canales de televisión regionales, periódicos, emisoras de radio, etc., también tiene intereses en la construcción. Una rentable combinación.

Entendido el perfil del personaje y su participación en esta obra y en otras tantas, la ciudadanía movilizada en Gamonal apuntaba con nombres y apellidos a los culpables del Régimen Corrupto en el que se encuentra inmerso nuestra ciudad.

Por último, y no por ello menos importante, el malestar de los vecinos se fundamenta además en las innumerables ocasiones en que han intentado sin éxito transmitir al Alcalde y a su equipo de gobierno sus discrepancias con la ejecución del proyecto por considerar que no daba respuesta a las necesidades de su barrio.

En los dos últimos años, el Ayuntamiento se ha negado a reunirse con la “Plataforma contra el Bulevar” y con las diferentes asociaciones de vecinos, se ha negado a escuchar la voz del barrio a través de las manifestaciones pacíficas realizadas con miles de asistentes, y se ha negado también a abordar democráticamente la cuestión negándose a hacer una consulta ciudadana sobre si hacer la obra o no…

Finalmente, y a pesar de todo lo anterior, empezaron las obras. Y el barrio se echó a la calle con resistencia civil ejemplar para parar un ejemplo del modelo económico que nos está robando el presente y el futuro a la mayoría social en beneficio de los poderes económicos. Un ejemplo perfecto del modelo de gobierno extendido en la post-Transición española: bancos que financian las obras, constructoras que las hacen (ambos sectores a su vez controlando los medios de comunicación), y un equipo de gobierno subordinado a las decisiones e intereses de la élite económica. El bulevar ha sido con lo que ha estallado todo.

Burgos, una ciudad que se levanta

Días ininterrumpidos de protestas, y de una ocupación continuada de la zona para evitar que pudieran entrar las excavadoras.

Varios miles de burgaleses de todas las edades, tranquilos, manifestándose nuevamente…, y un alcalde diciendo que las obras siguen.

Altercados que incluyen bloqueos de calles, fogatas, heridos y detenidos, bancos que desahucian destrozados (no comercios locales, como quisieron hacer creer algunos medios), cargas policiales…, y un alcalde diciendo que las obras siguen.

Tachar de autoritarios por esos altercados a los que se oponen al bulevar, cuando el equipo de Gobierno no había hecho ningún esfuerzo por preguntar a la ciudadanía si quería el bulevar y menos aún por consensuar si el bulevar, tal y como estaba diseñado, respondía a las necesidades de los burgaleses, es jugar con el lenguaje. A eso sí se le llama ser autoritario y gobernar de modo autoritario. Como en los tiempos de las monarquías absolutas: “Todo por el pueblo, pero sin el pueblo”.

Pretender reducir la situación a unos incidentes violentos, intentando descontextualizarlos de todo lo explicado anteriormente, resulta, cuanto menos, simplista. Y querer mezclar esta protesta con la kale borroka, asegurando que los jóvenes violentos venían de otras ciudades, y llenando la ciudad de antidisturbios, es además terriblemente pernicioso.

Y es que no podemos olvidarnos de la verdadera violencia: la violencia estructural que nos oprime en el actual modelo de sociedad. Simplemente saltó la mecha. Y es que lo que ha ocurrido en Burgos no es muy diferente de lo que ocurrió anteriormente en otros barrios obreros, como el Cabañal.

Sí se puede

Tras cuatro días de protesta, el Gobierno Municipal decide parar temporalmente las obras, a medida que ve que la militarización policial de la ciudad no sirve para meter a los vecinos en sus casas, ni tampoco la campaña de criminalización mediática orquestada a través de sus medios de comunicación habituales consigue minar la resistencia civil al proyecto (las redes sociales y medios digitales alternativos han tenido un peso importante). Lejos de este objetivo, la noticia se va extendiendo a otras ciudades y otros países, y no pueden evitar que la gente que ve desde sus barrios los sucesos de nuestra ciudad, se vaya solidarizando progresivamente, al identificar, seguramente, el proyecto de nuestro bulevar, con algo paralelo ocurrido en sus ciudades. El Partido Popular, desde su sede en Madrid, llama “a filas” a nuestro alcalde, Javier Lacalle, que decide la noche del martes parar las obras de manera temporal “por no poder garantizar la seguridad de los trabajadores”, y “lamentando mucho la pésima imagen que estos altercados daban de nuestra ciudad en el exterior”.

A pesar de este anuncio, las manifestaciones y la presencia de los ciudadanos en la “zona cero”, en la comisaría exigiendo la libertad de los detenidos, y frente al Ayuntamiento, durante la celebración de un Pleno Municipal, no ha cesado en ningún momento. Precisamente porque los ciudadanos no confían ya en un alcalde que ha demostrado contar tan poco con su opinión.

Fue el viernes 18 de enero, pasadas las siete y media de la tarde, cuando el alcalde decidió anunciar la paralización definitiva de las obras.

Con mucha cautela, hemos de felicitarnos por ello, y darnos las gracias. A los vecinos de Gamonal, por su ejemplo de resistencia. A los burgaleses de otros barrios, por haberse ido uniendo progresivamente a las protestas. Al resto de ciudades españolas y europeas, por la solidaridad demostrada. Agradecidos.

La batalla no está ganada. Hemos dado un paso importante en la generación de poder popular, y hacia la victoria en este primer asalto, pero no podemos confiarnos, ni permitir que se quede ahí. Debemos seguir extendiendo el poder popular para generar una alternativa de poder de la mayoría social en esta ciudad tan maniatada, y una alternativa de país en la que los que declaren la guerra social a los enriquecidos y sus partidos sean los pobres, y no al revés.

No aislar la lucha

El bulevar de la calle Vitoria, enclavado en el barrio de Gamonal, enclavado en Burgos, enclavado en España, rebosa fronteras. Es un bulevar, es un proyecto de obra urbanística pero es más todavía. Es el último ejemplo de la política impositiva que trata de hacerse efectiva frente a una política participativa frente a una verdadera democracia. Y por ello es necesario no aislar las luchas, cuando éstas tienen una repercusión global.

Decía Albert Einstein: “no pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo” y que “es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. […] Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

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