De fiesta en fiesta

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Cada fiesta oficial, o de guardar, o evento de obligado seguimiento, que suelo “vivir” a través de tus medios de manipulación masiva me lleva, queridísssima (que diría Gallardón) Derecha, a enjundiosas reflexiones socioculturales, lo que no está mal como efecto contrario a tus perversas intenciones sobre el mantenimiento de la capacidad argumental de tus neo-explotados españoles de cualquier etnia, condición y/o ubicación.

El calendario “festivo” ha estado y está intensamente copado por eventos de primer orden como el que todavía se sigue llamando Semana Santa, que ha dado paso inmediato a dos días de capitalidad mundial del pelotazo (balompédico y cervecero) y, percibiendo que es otro “puentazo”, a lo del Primero de Mayo, que pasó de ser de San José Obrero a Fiesta Internacional de los Trabajadores y a… ¿a qué pasará o qué pasará este año?. Porque “pasar” es un verbo que se conjuga mucho en este país… unas porque pasamos, otras porque nos pasan por encima, otras porque no pasa nada y otras porque te pasas. Ya decía Machado, con otro sentido, claro, que “lo nuestro es pasar haciendo caminos sobre la mar”. Todo pasa y todo llega y hasta podríamos decir que lo que llega va a ser una pasada, que después del día 1º viene el Dos de Mayo, tan nuestro aunque protagonizado por los madrileños, y luego la campaña de “las europeas” entendidas por algunos como la peana para derribar al bipartidismo, que los tiempos contemplan, como nunca, vírgenes que se caen de sus “pasos”, (y decían en la tele que, afortunadamente, no se había hecho apenas daño) y prestigios por el suelo.

A todo esto, seguimos tanteando el siempre difícil ejercicio de aunar voluntades y de vislumbrar alternativas. Políticamente no vamos muy bien pero socioculturalmente vamos peor porque lo que constituye nuestro repertorio de identificación social está naufragando, primeramente, por la terrible eficacia de todos tus medios de desinformación, banalización y entretenimiento dedicados a cargarse el patrimonio cultural, (que un día fue casi tuyo y luego se pudo pactar un poquito para que todo no fuera cantar cara al sol y por rutas imperiales, aunque el pacto terminó bailando al son de las monedas y del negociete), y a fijar las bases culturales que hacen posible nuestra “interacción social” (Even-Zohar dixit) en el consumismo y el entretenimiento sin la menor trascendencia ni metabolización. O sea, con pérdida acelerada de creatividad social.

Pero, en segundo lugar, las víctimas de este juego que te está saliendo redondo, o sea la cantidad de gente que por no reconocer la mediocridad impuesta a sus vidas intenta convencerse de que todos somos clase media (la misma mediocridad pero con apariencias), las víctimas, te repito, están todavía muy lejos de considerar la Cultura como un derecho a un patrimonio común de valores, sensibilidades, conocimientos, habilidades y perspectivas, diversas pero complementarias en su variedad, cuyos contenidos y distribución hay que tener muy pactados con nuestra implacable clase dominante, manejadora de la fabricación de referentes castrantes y de la distribución de nuevos opios para el pueblo, de la que tú eres su mamporrera política. Y ya no hablo de Cultura en grandes ciudades o zonas más desarrolladas socioeconómicamente. Vámonos a pasear por agrupaciones de ladrillos y habitantes donde estamos volviendo (si es que alguna vez salimos de verdad) a “lo de siempre”, que es más espeso aún que lo tradicional cuando la tradición no se contrasta con la actualidad, y, en esos lugares, no tan recóndidos como su espesura pudiera sugerir, podremos evaluar el alcance del horror que estás potenciando. Tiene maldita la gracia pero conviene mirar las cosas con sentido del humor, porque lo terrible no excluye lo ridículo y no conviene llorar por todo.

Pero tampoco nos convienen la risa de la hiena ni las ocurrencias simplonas del que va “sobrao” por las barras de las tabernas. Hay que buscarse compañeros de pensamiento, palabra y obra para no dejarse engañar por tus inconsistentes “encantos”, tus versiones culebronas de lo que acontece en la rua y tu continuo llamamiento a la pereza intelectual. Esto, queridísssima, es lucha de clases, de momento la ganas tú y los telediarios dan buena cuenta de ello. Pero “habrá un día en que todos…”

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