Trabajar nos permite dos cosas básicas en nuestra vida. Por una parte, la realización como persona y nuestra contribución a mejorar la sociedad. Trabajamos y nos sentimos bien porque dedicamos ese tiempo a construir, a aportar algo a nuestro entorno. Por otra parte, cuando trabajamos debemos recibir un salario que nos permita vivir dignamente, un trabajo estable, con derechos y seguro. Por tanto, el trabajo debería tener estas tres condiciones fundamentales, que son: Realizarme como persona, vivir en condiciones humanas a través de un salario justo y contribuir a que la sociedad vaya avanzando en clave de humanización. Y, es el Estado el garante de este derecho y de estas condiciones. Aún recuerdo cuando se decía ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho horas de tiempo libre para la familia, los amigos, la cultura, el deporte…
Pero, el trabajo en este modelo neoliberal adquiere otra dimensión y que no es otra que la de recurso económico, gasto innecesario y control social, primando sólo y de una manera exclusiva y absoluta el beneficio de las élites económicas y financieras. Es un recurso en la medida que se necesita, por ejemplo, para hacer carreteras hay que echar el asfalto, conducir las máquinas, regular el tráfico etc. Se considera un gasto innecesario y sólo cuando haga falta necesariamente utilizarlo, por eso, lo ideal para esta concepción es sustituir a los trabajadores por maquinaria, reduciendo la plantilla al mínimo. Se considera al trabajador como un gasto que se debe prescindir lo antes posible. Por último, el trabajo como control social y aquí entra las condiciones laborales. Necesitamos comprar alimentos, ropa, medicinas, pagar la vivienda, el agua, la luz, la educación de nuestros hijos…para ello necesitamos trabajar y esto es obvio, me dirá alguien, pero la reflexión va más allá porque el salario es vital para vivir dignamente y por eso el salario se convierte en un instrumento de control social y para que sea un instrumento de control social para la inhumanidad de los grandes empresarios y el máximo beneficio de los especuladores, inversores, es vital que el trabajo se precarice, sea eventual y temporal y con salarios de miseria y despidos fáciles y baratos. El trabajo se convierte en la mejor arma de control social de la gran masa de obreros y obreras. El miedo al paro, la indefensión legal se convierten en una pinza que destroza la capacidad de lucha de muchos trabajadores que ante el hambre de sus hijos aceptan la explotación y la opresión.
Estas élites económicas y financieras con el apoyo incondicional de una gran parte de la clase política dirigente pretenden que esto sea así y que la gente se acostumbre sin rebelarse. Esta intencionalidad no la pueden expresar sin más, la camuflan dentro de un lenguaje. Cuando hablan de que hay que mejorar la productividad y la competitividad se refieren a que hay que trabajar más y cobrar menos para que los precios de lo producido bajen y aumenten los beneficios empresariales. Cuando se habla de movilidad se refiere a que la gente emigre y se disperse y se desarraigue de sus entornos. Cuando hablan de recuperación hace referencia a la consolidación de la desigualdad social, de ahí que los salarios de los altos ejecutivos hayan subido un 8% y los salarios de los trabajadores hayan bajado a unos niveles de salarios de pobreza y miseria. Hoy en día tenemos trabajadores pobres.
Pero, para que esto sea completo es necesario anular la fuerza de los sindicatos y que las prestaciones sociales sean bajas y no tengan excesiva cobertura para los desempleados. En este sentido echamos de menos la reacción de UGT y CCOO que dan la sensación de que han sido anulados. Me imagino que la corrupción en los cursos de formación y su estrategia de negociar con los empresarios y el gobierno buscando el mal menor para los trabajadores les ha pasado factura, pero tengo que decirles que siempre se está a tiempo de cambiar, reconociendo los errores y el sucumbir a la tentación del dinero y el poder. La clase obrera necesita a todos los sindicatos.
Quiero terminar esta reflexión recordando dos artículos de nuestra Constitución Española que reconoce en su artículo 41 que los poderes públicos garantizarán “la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante las situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo” y en el artículo 35 que afirma: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”. Sí, eso dice nuestra Constitución Española señores y señoras neoliberales. ¿Cuántas reformas laborales son anticonstitucionales? He perdido la cuenta.







