Nuevos retos de la Revolución cubana

La solidaridad internacional con Cuba no debería bajar la guardia frente a estos nuevos retos y exigir el fin del bloqueo, la retirada de Cuba de la lista infame de países que apoyan al terrorismo y la devolución de Guantánamo.

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El 17 de diciembre de 2014 pasará a la historia como uno de esos días que confirmaron, tras el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959, la certeza y determinación del pueblo cubano en la defensa de su independencia y las conquistas sociales, frente a las continuas y, a veces dramáticas, agresiones del imperio de los Estados Unidos de América.

Ese día, el Presidente Barack Obama y el Presidente Raúl Castro, anunciaban simultáneamente la reanudación de relaciones diplomáticas suspendidas durante más de cincuenta años que, a juicio del Presidente estadounidense provocó un “aislamiento regional e internacional” de EEUU, limitó su capacidad de influencia, y tuvo un efecto “prácticamente nulo” en su intento de cambiar de sistema en Cuba.

Además, en la alocución de Obama, éste se comprometía a establecer un marco de colaboración con las autoridades cubanas en materias sensibles como migración, operaciones antidroga, protección medioambiental e iniciar un proceso de revisión sobre la presencia de Cuba (1982) en la lista de países que apoyan el terrorismo internacional.

Las conversaciones previas al restablecimiento de relaciones diplomáticas permitieron, a través de un canje del preso norteamericano Alan Gross, la vuelta a Cuba de los tres héroes que permanecían presos en EEUU, Antonio Guerrero, Gerardo Hernández y Ramón Labañino. Los tres, junto a René González y Fernando González, los conocidos como “5 héroes cubanos” fueron la bandera de la solidaridad internacional frente al terrorismo y la impunidad del imperio.

Es indudable que, con esa medida, la administración norteamericana reconoce lo inútil de una oposición frontal, incluso armada o terrorista frente a la revolución y el pueblo cubano, pero ello implica que, por otros medios, no renuncien a intervenir en su objetivo de acabar con el sistema que construyó la Revolución.

En ese sentido, el Presidente del Consejo de Estado, Raúl Castro, en su intervención en la cumbre de la CELAC celebrada a finales de enero en Costa Rica fue claro y tajante: “….Pero no se debe pretender que, para ello, Cuba tenga que renunciar a sus ideales de independencia y justicia social, ni claudicar en uno solo de nuestros principios, ni ceder un milímetro en la defensa de la soberanía nacional…”[1]

El restablecimiento de relaciones diplomáticas se debería entender como el inicio de un proceso de normalización en las relaciones bilaterales, un proceso complejo y no exento de dificultades, toda vez que se mantiene el bloqueo económico y financiero (un acto de guerra con repercusiones gravísimas en la economía y el bienestar del pueblo cubano), la base naval de Guantánamo y se sostiene la guerra de comunicación radial y televisiva desde los EEUU contra Cuba.

El Presidente Obama se comprometió a abrir un debate en el Congreso en relación al bloqueo a sabiendas que la actual mayoría republicana es un obstáculo para poner fin a ese acto de guerra, que ha producido un daño económico calculado (a finales de 2011) en un billón sesenta y seis mil millones de dólares (1.066.000.000.000 $). Pero Obama puede utilizar sus prerrogativas y competencias presidenciales para modificar y condicionar sustancialmente el bloqueo si realmente quiere la normalización en las relaciones con la República de Cuba.

En cualquier caso, los portavoces de la Administración Norteamericana han sido claros al afirmar que, respecto a Cuba cambian los métodos, pero no los objetivos de su política injerencista para, por otras vías truncar la Revolución.

¿En qué nuevos métodos piensa la administración norteamericana?

Es evidente que utilizarán la nueva realidad de la orientación de la política económica cubana aprobada en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (2011) que, prevaleciendo la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción, abre un proceso a una mayor autonomía de las empresas estatales, a inversiones extranjeras, a cooperativas, a trabajadores por cuenta propia y a los arrendatarios y agricultores.

Y es aquí donde la Revolución deberá librar su nueva batalla, donde deberá afrontar un nuevo reto frente al imperio, desarrollar su política económica a sabiendas que parte de la inversión extranjera puede venir acompañada de forma “sutil” con intentos de influir en el pueblo para cambiar el sistema.

El PCC es muy consciente de esta realidad y está adecuando a su militancia en todas y cada una de las áreas de la producción tanto estatal como privada para librar dos batallas principales:

-La de la eficiencia en la producción nacional que les permita acabar con su dependencia exterior para alcanzar una mejora sustancial de su calidad de vida, sin caer en desigualdades sociales.

-La de las ideas y los logros de la Revolución confrontados con el capitalismo depredador.
La solidaridad internacional con Cuba no debería bajar la guardia frente a estos nuevos retos y exigir el fin del bloqueo, la retirada de Cuba de la lista infame de países que apoyan al terrorismo, la devolución de la base de Guantánamo y el cese de la guerra radioeléctrica que desde los EEUU se emite contra Cuba.

En este contexto, la Unión Europea debería dar por finiquitada la llamada “posición común” impuesta por el Presidente Aznar y la derecha extrema europea en 1996, entre otras cosas, para dejar de hacer el ridículo (lo peor que puede ocurrir en las relaciones internacionales), al comprobar en la práctica que el “amigo americano” ha dejado al descubierto lo inútil de esa medida para imponer al pueblo cubano el sistema capitalista.

NOTA:

1. http://www.granma.cu/mundo/2015-01-28/texto-integro-del-discurso-pronunciado-por-el-general-de-ejercito-raul-castro-en-la-iii

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