La historia de la crisis de la deuda

Primero la vida después la deuda

El milagro alemán se produce no por la supremacía de una raza especial de “laboriosos y eficaces empresarios y trabajadores alemanes” sino porque no han pagado sus deudas.

La victoria de Syriza en las elecciones griegas del 25 de enero introduce nuevas ecuaciones en el complejo desarrollo de la Unión europea. Durante toda la campaña Alexis Tsipras actual primer ministro había dejado claro que no saldrían del euro ni dejarían de pagar la deuda. A pesar de ello la campaña electoral ha estado plagada de injerencias y presiones de los países de la eurozona. Los medios se habían apuntado hacia el catastrofismo apocalíptico; preveían la expulsión de Grecia de la zona euro si vencía la izquierda aparte de otros infinitos males. Uno de los más beligerantes fue Mariano Rajoy, que hizo campaña a favor del gobierno saliente de Antoni Samaras. Este personaje y sus más directos allegados hicieron una transferencia de poder absolutamente lamentable; no sólo se negó a hacerse la foto de rigor con el primer ministro entrante, un mínimo de educación, sino que vaciaron los despachos de ordenadores, discos duros, sillas, mesas, documentación… incluso robaron el papel higiénico. A estos “personajes” dignos de la cueva de “Ali Baba” dio apoyo político el mandatario español. La campaña electoral ha sido para el futuro político de la UE más trascendente que las propias elecciones al parlamento de Bruselas.

Eric Toussaint1, entre otros, venía advirtiendo que la victoria de la izquierda griega ponía en cuestión, aún más, los principios básicos centrales en los que se basa la gobernanza europea a saber: el ajuste presupuestario y la reducción del déficit. Durante cuatro décadas la financiarización de la economía occidental entre ella la Europea ha ido desregularizándose ahondando en una mayor desigualdad social. Hay una corriente teórica en economía – política que asimila la desigualdad al aumento de la financiarización. Se pueden percibir cuatro grandes impactos que unen pobreza creciente y financiarización; a mayor pobreza mayor reducción de la demanda. Segundo el aumento del paro consiguiente reduce la capacidad adquisitiva. Tercera se compensa la reducción del poder adquisitivo con una política creciente de endeudamiento personal y estatal (crédito barato). Cuarta, aumento de las tasas de beneficio especulativo haciendo de éste el objetivo final del sistema. En pocas palabras el creciente aumento de la deuda ha sido una de las respuestas del capitalismo a la crisis del sistema que se venía percibiendo, en palabras de Samir Amín, desde la década de los 70.

La victoria de la izquierda griega y sus repercusiones continentales deben abrir el debate no sólo en torno a la deuda, sino especialmente a sus consecuencias. Es el centro y debe centrar la acción política. Se abren nuevas páginas en la agenda política internacional y sitúa el problema de la construcción europea, los recortes, la resignación social, deuda y de rebote la lucha contra la pobreza en el centro de la acción política. La victoria de Syriza pone en cuestión el modelo diseñado a partir del propio tratado de Maastricht, una doble Europa de países centrales dominantes y otra Europa la del sur, periférica y dominada; el instrumento central de esta dominación es la propia configuración de la Unión Europea, un grupo de países acreedores contra otros deudores. La moneda única en una primera fase fue el engranaje que permitía el flujo de la riqueza de las naciones empobrecidas a los países ricos, posteriormente se han añadido las políticas de ajuste y la imposibilidad de utilizar las monedas nacionales (puesto que no existen) en una política económica acorde con las necesidades del país. Aún así el Banco Central Europeo ha encontrado salidas a las crisis en los últimos años, como en el caso Irlandés donde se refinanció (reestructuró) la deuda alargando los vencimientos de 10 a 40 años y reduciendo el interés del 8 al 3%. Para los acreedores ha sido una auténtica “quita”.

En esencia el problema de la deuda en la eurozona no es únicamente económico como se nos quiere hacer creer, sino esencialmente político, de redistribución del peso de cada país en la UE. Es también un valor geoestratégico y de eso Grecia, al cerrar el Mediterráneo oriental tiene mucho que decir. No es un hecho intrascendente que las primeras visitas de Alexis Tsipras, al margen de las europeas, sean a Rusia y China antes que EEUU.

Se nos pretende hacer creer que la deuda griega es un valor absoluto2. Las “laboriosas hormiguitas alemanas”, han de pagar los despilfarros de la “vagancia” de la cigarra griega. La realidad es otra. El impago de las deudas es una situación bastante corriente desde el punto de vista histórico. Eric Toussaint en alguno de sus estudios llegó a detectar 30 grandes quiebras financieras desde la época de Hammurabi hasta Alejandro el Magno. Si ir más lejos en la famosa “piedra Rosseta” traducida por Champollion en el siglo XIX, se lee como el faraón Ptolomeo V (196 a.c) condona las deudas al pueblo de Egipto. En fechas más recientes según el estudio de José M. Domínguez Martínez y Rafael López del Paso3 , en España desde 1557 hasta 1882 se producen un total de 14 situaciones de quiebra técnica. Alemania desde 1683 tiene 8 grandes crisis de deuda y así la mayoría de los grandes países incluidos EEUU que, por ejemplo, se negó a asumir las deudas de los Estados del Sur en la guerra de Secesión o las deudas cubanas tras la guerra cubano-española de 1898. De igual forma el presidente Bush en 2002 decidió que Iraq debía declarar la suspensión del pago de la deuda. De haber asumido esa deuda los beneficios empresariales por la explotación del petróleo habrían caído en picado.

La deuda griega como la española, la portuguesa o la chipriota es impagable; Atenas debe el 175% de la riqueza producida durante un año. Como hemos señalado las declaraciones del nuevo gobierno griego ponen por delante la renegociación de la deuda más que la salida de la moneda única. Este nuevo planteamiento aunque aparentemente moderado tiene enormes implicaciones en el ámbito europeo. En primer lugar debería implicar la obligatoriedad de imponer una auditoria sobre la deuda y definir en qué medida está es fruto de la corrupción y el latrocinio de las clases dirigentes y en qué medida es una deuda ominosa. No es una entelequia; no es una propuesta trasnochada de la izquierda radical, los propios reglamentos de la UE adoptados en el 2013 contemplan esta posibilidad, es más la exigen4. El análisis del articulado revela que los gobiernos europeos han incumplido sistemáticamente sus propios acuerdos desvirtuándolos o simplemente ignorándolos5. En el documento antes enunciado se recoge, por ejemplo, que es preciso pagar pero manteniendo los recursos necesarios para la educación o la sanidad. En el artículo 8, se recomienda la participación “de los interlocutores sociales y de la sociedad civil” en la elaboración de un “programa de ajuste macroeconómico”. La participación de la ciudadanía en la auditoria de la deuda es pues una necesidad reconocida. Los gobiernos europeos, fieles devotos de las políticas de ajuste, pero específicamente el griego o el español no han aplicado estos principios. Se trata de ocultar a la población que a través de las políticas de ajuste se está produciendo una transferencia masiva de recursos del sur hacia el norte y de las clases populares hacia los grupos sociales privilegiados. Así en el caso griego el anterior primer ministro Antonis Samaras en 2012 se abstuvo de aplicar las disposiciones inscritas en los tratados. Las mociones presentadas por Syriza para auditar la deuda, algo tan elemental como saber ¿Cuánto debemos? fueron derrotadas por el voto masivo de la derecha. En realidad la crisis financiera griega del 2010 dejó al descubierto una enorme deuda histórica acumulada y contraída por gobiernos “democráticos” que había sido ocultada a la mayor parte de la ciudadanía.6 Sucede igual en España con la inyección de recursos públicos a la banca; no se tiene una visión clara de las deudas reales del país. El “baile de cifras “entorno al rescate bancario ha imposibilitado hacerse una idea real del monto total de la deuda privada asumida por las entidades públicas, tanto en sus forma de inversión como avales otorgados.

Las políticas de ajuste en nuestro país han contado con el beneplácito del PSOE, la derecha centralista y las derechas nacionalistas periféricas. Ninguna de estas fuerzas se ha planteado otra cosa que austeridad y austeridad. Se hace pues imprescindible la creación de una “Conferencia Europea sobre la Deuda”7 similar a la Londres en 1953 creada para perdonar la deuda alemana.

La historia de las crisis de la deuda nos enseña que la recuperación europea de la postguerra, aquel famoso “milagro alemana” se fundamentó en el impago de sus deudas a los países acreedores y el desvió de recursos económicos, por ejemplo, desde la recién creada UNESCO en la década de los 50 hacia los países deudores en especial Alemania. Hoy sus sucesores como la señora Merkel realizan un esfuerzo enorme de amnesia política y presentan el problema de la deuda pública como un todo absoluto, cuando es básicamente, como señalamos, una decisión política. Ni Helmut Khol en su momento ni mucho menos la canciller actual quieren hablar ni de la historia ni de la responsabilidad alemana en la presente situación.

Alemania es la gran deudora de Europa, moralmente y en este sentido la izquierda alemana parece tenerlo claro, así la euro-diputada de Die Linke, Gabriele Zimmer sostiene que «Desde un punto de vista moral, Alemania debe pagar estas indemnizaciones y el préstamo de guerra que obtuvieron durante su ocupación”. Al margen de las obligaciones morales, nos referimos especialmente a las cuestiones monetarias. Alemania debe enormes reparaciones de guerra que se ha negado reiteradamente a pagar. Son deudas nacidas de la ocupación de países vecinos en la I Guerra Mundial y especialmente en la Segunda. Son fruto del genocidio sobre los pueblos y las poblaciones europeas.

Tras la firma del tratado de Versalles en 1919, Alemania se ve obligada a pagar una cifra inasumible (más de 200 000 millones de marcos oro). La crisis del 29 agrava aún más la situación que ya era insostenible. Se busca una solución en 1930, se implanta el Plan Young que permite a Berlín reducir su deuda en la mitad. Básicamente es una “quita” de la deuda. En paralelo entre 1931 y 1932, EE.UU. condona las deudas de guerra a Francia y Reino Unido, (también terriblemente endeudados) que a su vez la perdonan a través de la moratoria Hoover y las posteriores negociones de Lausanne a Alemania. Como resultado de este proceso en 1932 Alemania consiguió que su deuda se redujera en un 98%. Con el advenimiento del fascismo en 1939 ni ese 2% se paga.

Tras la derrota nazi en 1945 la historia se repite. En plena guerra mundial Hitler pide un préstamo en nombre del país heleno por valor de 476 millones de Reichsmark (moneda alemana usada hasta 1948); en 2012 una comisión del Parlamento Alemán estipuló que al cambio actual la deuda superaba los 7.000 millones de euros. Por su parte el Parlamento heleno la situó en 11.000 millones. Si a eso se le añade la tasa impuesta por Hitler por el privilegio de ser invadidos, el robo de las resevas de oro de los banco griegos, nunca devueltas; las consechas robadas para abastecer a la población y al ejército alemán (el hambre bajo la ocupación alemana mató a 300000 griegos) la cifra de la deuda contraída por Alemania dobla la actual deuda griega. Grecia exigió el pago de la deuda de guerra en numerosas ocasiones 1945, 1946, 1947, 1964, 1965, 1966,1974, 1987 y 1995 Berlín no pagó jamás.

Acabada la guerra Alemania es condenada a pagar enormes indemnizaciones pero ese país es clave en la estrategia de la Guerra Fría; se debe buscar una solución. En 1953 se reúne el Tratado de Londres y se obliga a 20 países entre ellos Grecia o España (países terriblemente empobrecidos) a una condonación de las deudas alemanas. El argumento en este caso fue la inexistencia de un Tratado de paz. Alemania consigue la anulación de las deudas contraídas con los países que había reducido a cenizas. Según el tratado, Berlín sólo tendría que dedicar el 3% del superávit comercial a sufragar las deudas contraídas. El artículo 5 del mencionado documento establecía que las reparaciones de guerra a los países ocupados quedaban en suspenso, por otra parte el gobierno alemán se reservaba la potestad unilateral de suspender los pagos de la deuda. De forma complementaria el tratado acordó potenciar las exportaciones alemanas y se le permitió desarrollar una política proteccionista respecto a las importaciones, era la fórmula para que el país obtuviese una balanza de pagos positiva. Los acreedores acordaron reducir las exportaciones propias hacia Alemania, favoreciendo así el desarrollo de su industria sin competencia externa. En último lugar se permitió que Alemania pagara en marcos en lugar de divisas, lo que le permitió al país acumular enormes masas de divisas para imponer unas condiciones de hierro, en la construcción del euro y la UE.

En definitiva se premió a Alemania por haber destruido Europa, el estado alemán no pagó jamás ni un marco como reparación de guerra a los países anteriormente invadidos. En un acto de cinismo, uno más, el canciller Erhard, auténtico artífice del “milagro alemán” se comprometió a pagar cuando Alemania se reunificara. Mientras, el gobierno alemán seguía reclamando al gobierno griego reparaciones de guerra desde 1881. ¡¡¡En 1964, Atenas bajo el control de Georgios Papandreou (abuelo) y Kostas Mitsotakis– reconoce la existencia de esa deuda!!! Y comienza a pagar. Posteriormente cuando se produce la “adsorción” de la República Democrática Alemana por parte de la RFA, se reproduce una situación que obligaba a la revisión el tratado de Londres. Helmut Khol a la sazón canciller alemán se niega a reconocer la vigencia de los acuerdos adoptados y se niega a pagar la deuda y finalmente no la paga.
Así pues el milagro alemán se produce no por la supremacía de una raza especial de “laboriosos y eficaces empresarios y trabajadores alemanes” sino por una cuestión mucho más baladí. No han pagado sus deudas.

Las deudas públicas en los países periféricos no han dejado de crecer en estos años. Las recetas neoliberales no han funcionado; en todo caso han funcionado a favor de los bancos no de las personas. Ni en Grecia, España, Irlanda o Portugal la deuda ha podido reducirse a pesar del enorme esfuerzo realizado por la población. Los pagos realizados y las sucesivas ayudas sólo han servido para pagar, en la mayoría de los casos los intereses, dejando al capital nominal prácticamente intacto.

Europa está abocada a la búsqueda de nuevos caminos desde la izquierda anteponiendo las personas a los bancos o nos enfrentaremos a la desintegración del espacio europeo. Vivimos tiempos de cambio que pueden ser de esperanza o de desesperanza. La evolución de Grecia nos adelantará algunas pistas.

NOTAS:

1. http://cadtm.org/Grecia-Alemania-Quien-debe-a-quien,8423

2. El primer gran teórico que sistematiz´´o la teoría de la deuda ominosa fue Alexander Nahum Sack en 1927

3. http://www.extoikos.es/n4/pdf/24.pdf

4. http://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=DOUE-L-2013-81003

5. “Los esfuerzos de consolidación presupuestaria establecidos en el programa de ajuste macroeconómico tendrán en cuenta la necesidad de garantizar recursos suficientes para las políticas fundamentales, como la educación y la salud”

6. (véanse los documentales Deudocracia y Catastroika)

7. Como propuso Podemos e IU en su momento.

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