Después de dos décadas de impunidad, por fin Volkswagen tuvo que romper la relación comercial con su concesionario más rentable en la Ciudad de México que había mantenido veinte años en su publicidad la imagen de Hitler en la presentación del primer modelo de la compañía. VW fabricó en México y en Brasil el popular escarabajo o cepillo, su imagen de marca, uno de los utilitarios más vendidos durante más tiempo en el mercado internacional.
En Brasil, la Comisión de la Verdad comprobó, con el gobierno de la presidenta Dilma Roussef, que durante la dictadura (1964/1985) Volkswagen vigilaba a sus trabajadores y entregaba a los torturadores y asesinos del régimen militar a los sindicalistas que consideraba subversivos. “Me detuvieron en mi puesto de trabajo -cuenta un empleado de VW en un reportaje de la BBC- y empezaron a torturarme cuando entramos en la oficina de los servicios de seguridad de la empresa”.
La BBC recuerda que “Volkswagen se fundó en la década de 1930 como parte de un plan de Hitler para producir un automóvil asequible para los trabajadores alemanes”. Volkswagen significa el coche del pueblo.
A partir de las evidencias acumuladas por la Comisión de la Verdad, antiguos empleados de VW demandaron a la compañía por violaciones de los derechos humanos.
El historiador Christopher Kopper, autor del informe para el proceso, confirmó que “por lo menos durante diez años, VW entregó sin reservas a sus empleados a los militares cuando ya se conocía la práctica habitual de la tortura”.
La demanda tardó cinco años en resolverse y al final se ha establecido un acuerdo para que Volkswagen pague una indemnización de seis millones de euros a los que fueron sus trabajadores sometidos a la dictadura.
Al contar esta historia, la BBC no se olvida de las trampas de VW para que sus motores fueran homologados cuando en realidad contaminaban mucho más de lo que se detectaba en los controles oficiales.
Volkswagen vendió el año pasado diez millones y medio de vehículos en todo el mundo, más que nunca, a pesar de que se ha comprobado que entregaba a los sindicalistas peligrosos a la dictadura militar brasileña y ocultó en sus coches un software que mentía sobre sus emisiones contaminantes al pasar las pruebas de control.
¿Te vas a comprar un Volkswagen fabricado por una empresa que colaboró con la dictadura militar en Brasil y te engañó sobre la contaminación que producían sus motores?
Donald Trump dijo que “podría disparar a la gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”. A Volkswagen le propongo el siguiente eslogan para su publicidad: Sea valiente, compre un coche de esta marca criminal y tramposa.








