Hoy, martes 3 de noviembre de 2020, Estados Unidos decidirá a su siguiente presidente. El país podría sufrir su disputa más agresiva en las urnas de toda su historia. Si Trump ganase las elecciones supondría algo mucho más significativo que su primera victoria. Para los americanos/as elegir a un demagogo clásico dos veces en las urnas no podría ser tachado de accidente, y sería un punto de inflexión muy importante. Pero estas elecciones tendrán un gran impacto también más allá de las fronteras de los EEUU, ya que éstas significarán cuatro años más de imperialismo, de capitalismo agresivo y de declaraciones en contra de los derechos humanos. Por suerte, el mundo ha evolucionado en relación a ciertos temas como los derechos de las migrantes, la conciencia por el cambio climático y los derechos de las mujeres, tres conceptos básicos que han sido denostados por Trump. Además, el presidente ha demostrado incasablemente ser un populista, un corrupto y un incompetente en demasiadas políticas.
Trump afirmó el pasado jueves que el país “estaba venciendo con éxito” al virus, justo el mismo día en el que se alcanzó la cifra record en número de contagiados por COVID-19 en EEUU.
Y a medida que las elecciones se acercan, Trump está intensificando su lucha contra los científicos que alertan sobre el cambio climático, lo que supone un grave peligro a nivel global. Igualmente, no sólo afirma que el cambio climático es una mentira, sino que intenta denostar a la propia ciencia que argumenta por un cambio de conciencia climática. Su denostación pone en riesgo a vidas, no sólo en EEUU sino en todo el planeta.
Asimismo, el “gran éxito económico” de Trump siempre fue una mentira. Según un estudio reciente de Bloomberg, los billonarios estadounidenses son un trillón de dólares más ricos ahora con Trump en el poder. Por el contrario, ya antes de esta pandemia, la clase trabajadora norteamericana no tenía suficiente dinero en su banco ni para pagar una emergencia cotidiana de unos 400$. Una buena economía no se centra en cómo de bien están sus multimillonarios, sino en la fortaleza de su clase trabajadora, y en cómo el estado protege a los más vulnerables. La industria americana, de hecho, se ha deteriorado aún más con la llegada de Trump, y más de doscientos mil puestos de trabajo se han perdido en empresas offshore, según datos del Departamento de Trabajo de los EEUU.
Ischinger, el antiguo embajador de Alemania en Estados Unidos dijo al ser elegido Trump: “No entremos en pánico, el mundo no está llegando a su fin, como muchas personas sugieren”. Sin embargo, de lo que hemos podido llegar a aprender de estos cuatro años de la era Trump es que la única certeza es su peligrosa desestabilización y su desprecio a los consensos más básicos. Ciertamente, el triunfo de Trump sería una mala noticia en EEUU y para el mundo entero ya que animaría a otros populistas y a la extrema derecha, que están creciendo en muchas partes del mundo, a seguir en sus trece. Efectivamente no será el fin del mundo, pero dejaremos a maestros del caos campar a sus anchas.







