¿Cómo fue posible? Esa pregunta rondó la mente de muchos latinoamericanos que habían visto en Lenin Moreno al mejor defensor de las políticas del buen vivir implementadas durante los gobiernos del presidente Rafael Correa. Fue su vicepresidente. Sin embargo, su rol ha sido destruir, reprimir, privatizar, mentir y retrotraer a Ecuador a los tiempos de oscuridad donde la persecución política se adueña de la vida pública.
Son tiempos de pandemia, de crisis, donde su gobierno ha dejado tirado al pueblo. Miles han sido los ecuatorianos que han pagado con su vida la falta de respiradores, de profesionales de la salud y camas de hospital. El negocio con las mascarillas y antivíricos ha descubierto la trama en la cual está implicado el empresario, banquero y candidato de la derecha Guillermo Lasso. Un gobierno, el de Lenin Moreno, que dilapidó en cuatro años el esfuerzo realizado en una década. Su mandato ha sido una carrera de despropósitos. Utilización del poder judicial para inhabilitar a sus adversarios, campañas de desprestigio, detenciones ilegales, descalificación política y entrega del país al capital foráneo , junto a los prestamos draconianos del FMI y del Banco Mundial que han desvalijado las arcas del Banco Central, hoy en vías de privatización. Lenin Moreno será recordado por su traición al proyecto emancipador latinoamericano. Su nombre engrosará la historia de la infamia.
En los diez años de Rafael Correa se aprobó una de las constituciones más democráticas de América latina. El buen vivir dio legitimidad al proyecto de ciudadanía activa. La defensa de la soberanía nacional, bajo el ideario de los libertadores, facilitó la integración latinoamericana para fortalecer la región frente al imperialismo estadounidense.
La injusticia social y el racismo criollo habían sido las señas de identidad de una plutocracia sumisa al capital trasnacional. En ese contexto, Rafael Correa recibiría un país donde cientos de miles de ecuatorianos habían emigrado buscando una salida a la miseria y a la mezquindad de sus élites, cuyas obscenas ganancias profundizaron la desigualdad social aumentando la concentración del ingreso. Gobiernos corruptos gobernaban como si el país fuera de su propiedad. Baste recordar a Jamil Mahuad, Abdala Bucaram o Lucio Gutiérrez, todos vinculados con desfalcos, evasión de capitales y malversación de caudales públicos. Habían sido décadas en las cuales las huelgas, las reivindicaciones del movimiento popular, acababan con decenas de muertos en las calles. Estados Unidos controlaba las finanzas. La dolarización de la economía fue la puntilla.
La única posibilidad de la derecha es conseguir una segunda vuelta
El triunfo de Rafael Correa en 2007 y la Revolución Ciudadana pusieron en la agenda la necesidad de potenciar la soberanía alimentaria, construir una economía solidaria, un programa para la inclusión social y un auténtico plan de desarrollo. Desató la ira de la plutocracia. Desestabilización e incluso un intento de magnicidio.
La lucha contra el cambio climático, la defensa de la naturaleza y el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios sobre sus territorios fueron los ejes del programa de cambio social. Se implementaron políticas educativas y culturales y una propuesta pedagógica con el objetivo de potenciar la memoria colectiva forjadora de la identidad del pueblo ecuatoriano. Primó la ética del compromiso y la responsabilidad social. Lenin Moreno destruyó ese sueño.
Ahora el pueblo ecuatoriano es llamado a las urnas. Una nueva candidatura, heredera de los gobiernos populares de Rafael Correa, ha entrado en liza y se convierte en la opción que más apoyo está acaparando entre los once millones de ecuatorianos para las elecciones del 7 de febrero. Varias encuestas dan como ganador, con una media del 37%, a la candidatura de la Unión por la Esperanza, heredera de la Revolución Ciudadana, que encabezan Andrés Arauz y Carlos Rabascall, frente a la del banquero Guillermo Lasso con el 24%. Un tercer candidato, Carlos Pérez, representante del movimiento indígena Pachakuti, cuya organización apoyó el golpe de Estado contra el presidente Correa, puede conseguir el 15%.
Aunque las encuestas consideran posible un triunfo en la primera vuelta (40% con 10% más que el segundo), la derecha latinoamericana intenta forzar una segunda vuelta en la que se ven ganadores. Han movilizado todos sus recursos, humanos y financieros. El Instituto Interamericano para la Democracia (IID) ha reunido a políticos y periodistas para producir noticias falsas contra la candidatura de Arauz y Rabascall. El presidente del IID es el cubano-norteamericano Tomás Regalado, ex alcalde republicano de Miami. Su director es el boliviano Carlos Sánchez Berzaín, ex ministro del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, acusado de crímenes de lesa humanidad. Son sus socios en Ecuador los empresarios de la extrema derecha y la Democracia Cristiana. Dan su visto bueno a esta trama Lenin Moreno y el Secretario General de la OEA Luis Almagro. Tampoco puede pasar desapercibido el contacto de Lenin Moreno con Juan González, director senior para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.







