China no forma parte del grupo de las potencias imperialistas

Minqi Li es un economista marxista chino que enseña en los Estados Unidos. En julio publicó en la revista estadounidense Monthly Review un artículo fundamental que pone prácticamente fin a un debate que durante años ha animado de manera paroxística los ambientes del marxismo europeo: si China pertenece al grupo de las potencias imperialistas o representa, por el contrario, un modelo alternativo.

Según Minqi, la cuestión está mal planteada. No se trata de si China es o no un país imperialista sino si China, en un futuro previsible, avanzará hasta formar parte del corazón del sistema mundial capitalista. Anticipemos que para el economista chino esto no sólo es improbable sino también totalmente descartable.

Cuando China se convirtió en una de las mayores economías mundiales -explica Minqi- analistas viciados por prejuicios ideológicos y eurocéntricos sostenían que la República Popular China se preparaba para transformarse en un país imperialista.

El economista chino permanece dentro del paradigma marxista, tratando de explicar el imperialismo según la definición dada por Lenin. El imperialismo está marcado por la aparición de los monopolios, la creación del capital financiero, la exportación de capitales en lugar de la exportación de mercancías, la formación de un cartel monopolístico que se reparte el mundo y la división territorial de todo el mundo entre las mayores potencias capitalistas. Según Minqi, China no pertenece en absoluto a este paradigma. Para comprenderlo es importante analizar un punto esencial. China se ha convertido sin duda en un país exportador de capital. Sin embargo, debemos preguntarnos de qué capital se trata. De hecho, el gigante asiático ha adquirido importantes activos en el extranjero pero es la naturaleza de estas existencias lo que hace la diferencia. Del mismo modo, la naturaleza de las inversiones extranjeras directas en China es otro elemento importante para comprender la sustancia de las políticas económicas llevadas a cabo por este país firmemente dirigido por un partido que no ha renunciado a llamarse comunista. Con los activos extranjeros en manos de China, no solo ha acumulado billones de dólares en inversiones sino que también se ha convertido en un acreedor neto en el mercado mundial de capitales. Eso -explica Minqi- apoya la tesis de que China se ha convertido en un país imperialista. Sin embargo, es una tesis falaz porque se detiene en la superficie. Mientras la mayor parte de las inversiones chinas en el extranjero son divisas, depósitos, préstamos, deudas estatales y créditos comerciales, las inversiones extranjeras directas en China se dirigen a la explotación por las multinacionales occidentales del bajo costo del trabajo chino. En todo caso, China sigue estando sujeta, a pesar de los esfuerzos en sentido contrario, a las políticas imperialistas y no a la inversa. La República Popular China sigue desempeñando un papel subordinado en la economía mundial y sigue siendo básicamente un país víctima del imperialismo. Lo mejor es esperar que China mantenga características revolucionarias capaces de cuestionar el sistema mundo que nos está llevando a la catástrofe final.

Resumiendo, se puede concluir que si China desempeña un papel será precisamente el de mantener sus raíces revolucionarias poniéndose en contraposición y no en emulación del modelo imperialista del sistema mundial.

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