El uso y el reparto del agua debe democratizarse

V Foro del Regadío de Extremadura, una voz de alarma ante la ceguera política

Acequia riego regadío Extremadura
Foto: hoy.es

Los pasados 6 y 7 de octubre se celebró en la localidad pacense de Almendralejo el V Foro del Regadío de Extremadura. Algunos de los principales responsables políticos de la región volvieron a repetir consignas y mantras que han quedado suficientemente desmentidos por la evidencia científica y por la tozuda realidad.

Las reservas de agua embalsada en Extremadura se encuentran al 29,36% a 18 de octubre de 2022, menos de la tercera parte y las previsiones no son nada halagüeñas, ya que se prevén un otoño e invierno secos. Por su parte, los embalses pacenses están al 22,30% de su capacidad y los cacereños al 37,39% (6,84% menos en un año).

En este contexto de escasez hídrica, el presidente de la Diputación de Badajoz y alcalde de Villanueva de la Serena, Miguel Ángel Gallardo Miranda, afirmó en su conferencia que «en la zona de regadíos como en Vegas Altas no sólo no hay despoblación, sino que hay incluso repoblación. Crecen municipios que son pequeños y no descienden en población. Por lo tanto es una verdadera oportunidad». La realidad es que prácticamente sólo se puede hacer esta afirmación sobre el municipio de Don Benito, que ha venido aumentando su población desde que el INE tiene registros (1996). En el resto de pueblos de la comarca, incluida Villanueva de la Serena, la realidad es la que marca el último Atlas Socioeconómico de Extremadura, según el cual sólo 30 de los 388 municipios de Extremadura han aumentado población en la última década. Afirma este estudio, además, que es precisamente Villanueva de la Serena la que más población pierde junto a Plasencia dentro de los pueblos de más de 25.000 habitantes. El 81% de los municipios extremeños han perdido población. Lo que se está produciendo en realidad es una migración de los pueblos hacia los núcleos de población más grandes dentro o fuera de Extremadura.

El regadío, tal y como se está desarrollando en Extremadura, tampoco es una oportunidad ni genera riqueza. Sí para los terratenientes y aguatenientes, pero no para el grueso de la población. Muestra de ello es que un año más la región de Extremadura se encuentra en los primeros puestos de pobreza del país con el 38,7% de la población afectada (341.000 personas). Los propios Bancos de Alimentos extremeños anunciaban a finales de septiembre que sólo les quedaban existencias para mes y medio debido a la reducción de las donaciones y el aumento de los solicitantes de ayuda.Teniendo en cuenta los datos de beneficiarios de las ayudas de la PAC, hemos pasado de 77.553 perceptores en 2003 a 43.000 en 2022. Por su parte, el número de explotaciones agrarias ha caído de 110.891 en el año 2000 a 65.275 en 2020, lo que indica que algunos representantes políticos viven en una realidad paralela y se alimentan de tópicos y datos falsos.

La afirmación del presidente de la Diputación pacense de que “Extremadura es la que tiene mayor capacidad de agua embalsada” es una afirmación tan real como vacía si no se pone en contexto. Tenemos la mayor capacidad para embalsar agua, pero ahora mismo el 70,64% de los embalses extremeños es aire (y al agua disponible habría que restar los sedimentos acumulados durante décadas en el fondo de los pantanos). Hemos perdido en la última década el 42,76% del agua embalsada y a día de hoy tenemos un 5,21% menos agua que hace justo un año. La demanda de agua es muy superior a la capacidad de reposición de los embalses y eso no trae nada bueno. Este año 2022 se han multiplicado las restricciones en Extremadura que han llegado a más de 100.000 personas. La situación de partida es peor que la del año pasado, por lo que las consecuencias durante el 2023 serán mucho más duras.

Por su parte, el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara afirmó que “ha bastado que Putin invada Ucrania para que todo el mundo se ponga a temblar. Porque ahora resulta que después de toda la tierra que tenemos en Europa no tenemos el girasol suficiente para dar respuesta a los mercados, ni el trigo, ni el maíz». Si el presidente se ha dado cuenta de este problema ahora es que escucha poco a la comunidad científica que viene avisándolo desde hace años. A principios de año publiqué en varios artículos la enorme dependencia que tiene España (y Europa) no sólo del grano procedente de Ucrania, sino también de Latinoamérica. Es el caso del trigo, el maíz, la soja o el girasol. El presidente parece desconocer que actualmente España “cultiva” en otros países nada más y nada menos que 10 millones de hectáreas para la importación de grano la mayoría de ellas en Latinoamérica y parece desconocer que las tierras más fértiles de África son compradas por grandes empresas europeas y estadounidenses para especular con el alimento. Una parte importante de éste va destinado a la desproporcionada industria cárnica que tenemos. De esta forma, más bien los africanos y latinoamericanos nos dan de comer a nosotros (y a nuestra ganadería intensiva) y por eso ellos pasan hambre.

No se puede afirmar que hay que apostar por más regadío para alimentar, al mundo como ha afirmado el presidente extremeño en una visión paralela distorsionada de la realidad, mientras que este año se han dejado de regar miles de hectáreas en las Vegas del Guadiana por falta de agua, sin hablar de los fuertes desembalses que ha realizado Iberdrola durante todo el verano, principalmente en el embalse de Alcántara para generación de energía hidroeléctrica.

El uso y el reparto del agua debe democratizarse más allá de las personas que se dedican al sector primario, pues es un bien básico para la vida de toda la población extremeña. Este verano ha sido duro pero si no ponemos remedio, este será el año que más agua vayamos a tener de aquí en adelante. Urge medir y decidir colectivamente cada gota que se gasta.

(*) Productor e investigador agroecológico.

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