descubierto un monolito y una placa que la recuerda

Homenajean a Carmen Blázquez en La Línea de la Concepción

Histórica militante del PCE y madrileña de nacimiento, fue encarcelada por la dictadura franquista durante cinco años y desterrada a La Línea, donde continuó su activismo a favor de un reconocimiento institucional hacia presos republicanos

Una plaza, un monolito y una placa del barrio de San Bernardo de la Línea de la Concepción la recuerdan. Ella es Carmen Blázquez, una heroica militante del Partido Comunista de España que dejó un recuerdo imborrable en La Línea desde que llegó en 1944. Se salda así una ‘deuda’ de la ciudad con esta histórica militante del PCE y su lucha contra la dictadura franquista.

Carmen Blázquez, ahora tendría ya 102 años pero su labor a favor de los presos republicanos y todas aquellas personas que sufrieron la dura represión durante la dictadura sigue muy presente. Ella había nacido en Madrid en 1919. Comenzó a trabajar a los doce años y durante la II República empozó a militar en el Partido Comunista de España. Colaboró en el creado Hospital de sangre para atender a los heridos de guerra y formó parte del quinto regimiento, donde conoció a Jacinto Vallejo, militante del PCE, con quien se casó a los 18 años.

Fue detenida en la caída de Madrid y fue condenada a 20 años de prisión y un día en la prisión de Ventas, donde coincidió con las Trece Rosas. Sobrevivió al hacinamiento, la falta de higiene, el hambre, las torturas, las listas de fusilamientos y la desesperación. Tras varios traslados por diferentes cárceles, le concedieron la libertad condicional en 1944, aunque tuvo que llevar consigo el destierro y la obligación periódica de comparecer ante el juzgado para firmar. No fue hasta 1957 cuando le concedieron la libertad vigilada.

Fue a parar a La Línea, donde vivía una antigua compañera de celda, y consiguió un trabajo como empleada de hogar. En esta ciudad conoció a su segundo marido, tuvo dos hijas y se dedicó a sacar a su familia adelante durante el franquismo y a la militancia, sobre todo en la lucha para conseguir que los presos y represaliados del régimen franquista y las familias que combatieron en el lado republicano durante la Guerra Civil fuesen reconocidas por las instituciones españolas.

Era una persona profundamente marcada por la guerra y la dictadura. Le habían robado sus mejores años. A pesar de todo, los tres amores de su vida permanecían intactos: Jacinto, Madrid y el PCE.

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