El pasado 1 de febrero se cumplían diez años del Tren de la Libertad, día en el que un tsunami de mujeres aterrizamos en Madrid para reclamar al entonces ministro Gallardón la retirada del anteproyecto de reforma de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo. La convocatoria se realizó desde las veteranas organizaciones asturianas Tertulia Feminista Les Comadres y Mujeres por la Igualdad de Barredos. De forma que, feministas organizadas desde distintos territorios y mujeres de fuera de nuestras fronteras (Londres, París, Roma, Bruselas y otras ciudades europeas), acudimos, reivindicamos, lloramos y reímos sobre nuestros hombros, porque una marea colosal violeta se coaligó para que la maternidad fuera siempre libremente elegida; porque la apropiación del cuerpo sexual y reproductivo es la principal fuente de poder con la que cuenta el patriarcado. ¡Y lo logramos! Frenamos el anteproyecto. Tras décadas de lucha feminista, no íbamos a consentir que el Estado nos redujera a úteros andantes.
Hacía falta demasiada osadía para confrontar la experiencia con la que cuenta el movimiento feminista en nuestro país y disponiendo de una legislación doméstica, europea e internacional que ampara la salud sexual y reproductiva de las mujeres. En España la LO 2/2010 de 3 de marzo de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, modificada por la LO 1/2023 para completarla, garantiza la información y protección de estos derechos desde las instituciones públicas. Los Poderes Públicos deben velar por su cumplimiento y si actúan en contrario están infringiendo la normativa.
Y tamaña osadía se ha producido. El Ayuntamiento de Alicante, gobernado por el PP, a iniciativa del grupo Vox, bajo el eufemismo de Oficina de Asistencia a la Maternidad, intenta crear, detrayendo los fondos de Igualdad de la Concejalía de Derechos Públicos, un servicio de carácter intimidatorio, y claramente antiaborto. O tal vez sea hora de llamarla antimujeres.
Los fondos deben ir destinados a sus competencias, en este caso, la consecución de la igualdad entre mujeres y hombres, y la erradicación de la violencia machista. No a una camarilla que predique con invasivos consejos cargados de moralina y culpabilidad a las mujeres que se planteen abortar y acudan a este falso servicio de asesoramiento, pretendiendo sustituir a la función de orientación desde los servicios sociales y a la información desde sanidad. Esta oficina únicamente tendría la función de desplegar la violencia ideológica de intromisión sobre una decisión individual crucial para nuestras vidas, ilusiones y proyectos.
Ante esta cruzada contra las mujeres, el PCPV se adhirió desde el principio, como parte del movimiento feminista del País Valencià, a la convocatoria de concentración que tuvo lugar el pasado 3 de febrero frente al Ayuntamiento de Alicante en apoyo de las feministas alicantinas. Asistieron organizaciones y mujeres a título individual de toda la provincia alicantina y desde València bajo el lema común Decidir nos hace libres. Cabe recordar, que no hay libertad sin igualdad: si no fuera porque nuestras ancestras forjaron el Edificio de la Igualdad, no habría libertad ninguna para nosotras. Por ello tenemos que perseverar por su blindaje. Urge reemprender el rumbo.
Los fondos públicos deberían defender la vida, efectivamente: municipalizando servicios; garantizando escuelas infantiles públicas y gratuitas; asegurando empleo de calidad para las trabajadoras y corresponsabilidad en la crianza, en la vida personal, familiar y laboral; respaldando mientras tanto con recursos compensatorios a familias monomarentales, e impartiendo educación afectivo-sexual para la adolescencia. La vida no es un truco de magia. La vida es vida si se cubren las necesidades, si nadie es más que nadie, si la economía es democratizada. La vida sólo es si la cuidamos.
La pobreza y el trabajo más precario pesa sobre mujeres. Los cuerpos de las mujeres son dianas de todas las violencias posibles. Acabar con ello es imprescindible para construir una sociedad más justa. Si el mundo va a cambiar, comencemos por las más pobres, las más castigadas por las crisis, las más explotadas: las mujeres.
La sororidad es verdadera energía política que rompe los pilares fundamentales del patriarcado. Nuestros derechos no son cuestionables. ¡NO PASARÁN!







