Queremos ser honestas, de entrada. Nuestro feminismo es un feminismo de clase. No solo se trata de hitos individuales que podamos celebrar y usar como ariete. Porque más que las mujeres líderes o con responsabilidades de primer nivel en la gestión científica, nos preocupan los pequeños baches que encontramos en el camino y que dificultan esas vocaciones que queremos fomentar con discursos maravillosos, pero vidas poco comunes.
Este artículo lo escribimos dos mujeres que trabajamos en el sistema científico español y, aunque por ello podemos jugar la carta de las referentes con el aliciente de que nos dedicamos a cosas dispares y que nuestro camino profesional no ha estado exento de las dificultades propias de un sistema patriarcal y, sobre todo, de haber nacido en la periferia de la influencia de este país, hemos decidido no ser las referentes. Hoy queremos ser las reivindicadoras.
Tener referentes es muy importante. Sí. No podemos despreciar la influencia tan positiva de eliminar estereotipos y demostrar que las mujeres somos capaces de hacer lo que queramos y en el ámbito que queramos, aunque ese ámbito sufra de una masculinización delirante. De hecho, somos tan capaces como cualquiera. Tenemos cualidades y estamos capacitadas para trabajar en tecnología y en ciencias puras. Muchas mujeres nos han precedido y han hecho historia contribuyendo con sus investigaciones, sus esfuerzos, sus entusiasmos y sus penurias en los avances científicos más importantes, aunque hayan sido silenciadas y menospreciadas por el simple hecho de ser mujer.
Tenemos cualidades, no cabe duda, para ser gestoras de alto nivel en instituciones científicas. Pero la cuestión que nos preocupa aquí es si todas podemos hacerlo o, mejor dicho, si todas tenemos las mismas oportunidades para llegar a hacerlo. No es ningún secreto que los niveles superiores, salvo excepciones, siguen copados por los hombres. La cuestión aquí, insistimos, es otra.
Nos encanta contar con entusiasmo nuestra proyección profesional en la ciencia. Pero debemos mencionar que, en estos momentos, tras la subida del salario mínimo interprofesional por parte del gobierno de coalición, el personal contratado para hacer el doctorado en uno de los programas más exigentes del país cobra durante los dos primeros años por debajo del SMI. Además de las dificultades de la clase obrera durante su formación, añadimos que la meritocracia tampoco se premia en este caso porque a este programa acceden los mejores expedientes después de financiarse un máster. Y dejaremos para otro día, dicho sea de paso, el debate sobre ser las mejores.
Por otra parte, la estabilización laboral es difícil. Una auténtica odisea. Contratos temporales, falta de programas para personal joven y, en algunos sectores del sistema, fomento de la emigración para hacer méritos. Ya nos diréis si es fácil, por ejemplo, conciliar en estas condiciones. Conciliar en todos los sentidos. Solo hay que ver la edad media en la que las mujeres científicas españolas se convierten en madres. Ojalá cambiemos el término tan horrible de «madre añeja» por «madre precaria». En el sistema científico eso es lo que somos la gran mayoría. Solo hay que ver, también, cómo nos afectan, a las mujeres, los días con jornadas maratonianas en las que lo laboral y el tiempo libre sufren también el sesgo de género y clase social.
La falta de mujeres en puestos medios y de responsabilidad sigue haciendo de nuestro entorno laboral un espacio frustrante ante paternalismos y acosadores laborales y sexuales
Y no queremos terminar sin hablar del acoso sexual en el ámbito laboral. Sin denunciar, una vez más, que los protocolos antiacoso no funcionan. No olvidamos que una mujer ha desaparecido, en extrañas circunstancias, a bordo de un barco del CSIC en el que iba también su acosador. Y no sabemos nada. Ni una palabra por parte del mayor organismo público científico español.
Y es que, en definitiva, pese a que en algunos sectores como el biosanitario la base sea feminizada, las cúpulas están mayoritariamente ocupadas por hombres. La falta de mujeres en puestos medios y de responsabilidad sigue haciendo de nuestro entorno laboral un espacio frustrante, ante paternalismos, e inseguros, ante acosadores laborales y sexuales. Todo ello con un tímido respaldo de nuestros organismos públicos. Un tímido respaldo que, si llega, es gracias a la lucha feminista.
Pero estas dos mujeres, referentes y reivindicativas, no queremos hacer llorar a las niñas. Les contamos la verdad para que sepan reconocerla y luchen, con nosotras, para intervenir y cambiar toda esta realidad. Para que cuando ellas quieran desarrollar su carrera en el sistema científico sea en un entorno feminista y en igualdad de oportunidades. Porque un sistema científico blanco y patriarcal nunca nos abrirá el camino que todas soñamos de pequeñas.







