Ya no son dos, ya son tres la derechas organizadas a escala nacional; lo comprobamos en las últimas elecciones de hace un par de semanas. A la derechona del PP y a la ultraderecha de VOX se une ahora otro partido que, a la par de blanquear a los carcundas de Abascal y sin alcanzarse aún a predecir el recorrido que pueda tener (hay que temerse lo peor), es una extrema derecha más populista (si cabe), salvaje y demagoga, más engañosa y más peligrosa (si cabe) que las otras dos. Eso, visto desde cualquier orden o perspectiva política, nos acerca cada vez más hacia el abismo. Y es, con ello, la Memoria Democrática la primera condenada ya no al ostracismo al que la condenaron el gobierno de los populares, sino a su eliminación y desaparición.
Lamentablemente no sólo en España pasa esto, en el resto de Europa se respiran los mismos involutivos aires, visto lo visto en los resultados de las elecciones mencionadas: la sombra de la injusticia y la segregación, de los recortes (en todos los sentidos) y la desarticulación social, del odio al diferente y de la supremacía de grupo, del revisionismo y negacionismo histórico.
Comprobado tenemos, pues, que la extrema derecha tiene su abonadura de crecimiento en el miedo y en la inseguridad, ahondando desde ahí en las opción del repliegue y la vuelta a las viejas certezas de protección y defensa patria, reaccionarias siempre porque se enraízan en el franquismo y su cultura.
¿Por qué se olvida tan rápido o se perdona a la reacción, votando sus opciones en las urnas para que vuelva a gobernarnos? La falta de contundencia en las políticas de memoria, cuando no de las políticas en sí mismas, es una de las explicaciones que podemos encontrar como respuesta; pero no la única. Desapareció el referente de la memoria, como elemento transversal, de la propuesta política a la ciudadanía en estos comicios y eso hace pensar que es necesaria para alegatos institucionales pero no para la cotidianidad de la educación en los valores democráticos; que esta cosida con puntadas largas e imprecisas que la hacen casi imposible mantenerse en el tiempo y arraigarse definitivamente en nuestra sociedad.
Esperamos estar equivocados en haber hecho reflexiones y afirmaciones que manen del pesimismo que ha provocado tan desmedida derechización en el favor del electorado, europeo y español, que parece no haber alcanzado aún tope ni techo.
Se acabó la fiesta llega para dar una vuelta de tuerca más a la purificación ya iniciada de la dictadura franquista y, por ende, de las europeas que se enfrentaron en el campo de batalla hace 8o años, con desparpajo y sin contención y ha convencido a casi medio millón de españoles para hacerlo posible. Da miedo, porque sumado a los apoyos de las otras dos derechas tienen casi la mayoría de los votos emitidos. Reaccionar ante esto es ya, lamentablemente, cuestión de supervivencia para poder resistir la andanada que nos espera contra nuestra memoria y la de aquellos opositores que rechazaron con fidelidad democrática la dictadura.
“Defenderemos la memoria…” ha señalado el ministro Bolaños a tenor de la derogación, en Aragón, de la Ley de Memoria por el gobierno conservador allí instalado… “No se puede igualar cuatro décadas de privación de derechos, de desapariciones y torturas con un periodo democrático”. Así sea. Pero hay que hacérselo ver al resto de opciones políticas y al conjunto de la ciudadanía por la vías que vienen marcándose desde las leyes para que no quede como simple titular de coyuntura.








