Una de las vertientes más destacadas en la obra de Carlos Giménez es aquella que toma como principal materia prima su propio periplo vital. Y si en la imprescindible serie Paracuellos se muestran los tristes días en los que fue acogido en un hogar infantil del Auxilio Social, con todas las penurias y el terror que el franquismo podía proyectar contra una infancia desprotegida y alejada de su familia, en Los Profesionales Carlos Giménez toca de manera directa sus primeros pasos en el mundo del dibujo y de la viñeta ya como un prometedor creador de viñetas de cómic.
Los Profesionales es un conjunto de historietas que se desarrolla a lo largo de séis álbumes durante los cuales el alter ego de Carlos Giménez, Pablo García, se foguea en la redacción de Creaciones Ilustradas, un taller de dibujantes donde los artistas del gremio trabajan de manera casi estajanovista para editoriales extranjeras del cómic, muy amigas del arte y esmero del dibujante español en la época así como de sus bajos costes laborales. De esta manera, Pablo García y sus compañeros ilustran, casi como si una cadena de montaje fuera, guiones anglosajones a los que ellos acaban dando vida. Las páginas iniciales son un excelente resumen de lo que tantas y tantas personas que emigraron a Barcelona se pudieron encontrar al llegar a la capital catalana durante los años sesenta del siglo pasado: una mezcla de tremendas penurias, vinculadas a las necesidades más básicas vitales, con una extraña sensación de excitación ante nuevas experiencias y un futuro todavía por escribir. De telón de fondo, la Barcelona gris de la dictadura que, a pesar de todo, no había acabado de perder su aura de ciudad cosmopolita, puerta de entrada a la Europa democrática y cuna de parte muy importante de la industria editorial del momento, muy vinculada a la izquierda. “España es Diferente”, “25 años de paz”. Las Ramblas llenas de viandantes, turistas, policía nacional y propaganda franquista en grandes vallas publicitarias que pretende lavar la imagen del régimen que busca legitimarse en el exterior y atraer divisas con el sol y la playa.
Pablo García no es el único alter ego que podemos ver en Los Profesionales. A lo largo de las diferentes historietas, una surrealista colección de personajes nos hace preguntarnos cuánto de realidad e imaginación puso Giménez en su plasmación sobre papel. El autor afirma que los dibujantes con los que comparte día a día y vicisitudes nuestro Pablo García son inventados, pero reconoce cierta “inspiración” en la realidad que vivió. En el fondo, y a la que uno conozca un poco el ambiente de la historieta de aquellos años, se podrá ver que el tanto por ciento de invención es más bien bajo y puede reconocer a dibujantes como Tunet Vila, Victor Ramos, Adolfo Usero, Fernando Fernández, Pedro Añaños, (el gran) Vázquez, y otros nombres de la artesanía del color y la tinta. Huelga decir que el mandamás al frente del taller editorial Creaciones Ilustradas —Selecciones Ilustradas en el mundo real—, Filstrup, es ni más ni menos que Josep Toutain, padre del boom del cómic adulto en España y una de las piedras clave del noveno arte en nuestro país, al pasar de agente de artistas a editor de cabeceras como Totem, Zona 84 o Comix Internacional.
Si sobre las licencias y la creatividad en la creación de los personajes hay más dudas, de la autenticidad de los hechos y las historias hay menos discusión. Carlos Giménez afirma al final del tercer tomo de Los profesionales que todo lo que ocurre en sus viñetas es absolutamente real. Ante tal avalancha de situaciones surreales uno puede dudar levemente de las palabras de nuestro Pablo García del mundo real, pero muchas veces la realidad supera a la ficción. Los Profesionales son un compendio de aventuras perfectamente creíbles en cualquier entorno donde se junten un montón de veinteañeros despiertos y con ganas de vivir la vida y comerse el mundo. La precariedad laboral y el malvivir se dan cita con noches de borrachera en tugurios, a la caza de chicas a las que conocer o en juergas clandestinas en plena redacción de Creaciones Ilustradas entre papel y tinta. Contra la actitud vital y las ganas de reír y superar las penurias alegremente en colectivo, en Los Profesionales siempre, siempre, siempre chocan dos grandes problemas: la precariedad laboral y la tremenda realidad de la brutalidad represiva del régimen franquista, que estalla a la mínima ocasión como una bofetada que apaga cualquier mueca facial de alegría.
Poco más se puede contar sobre Los Profesionales sin arruinar tramas y argumentos. Sin duda se trata de una de las obras cumbre del cómic español, una de las mejores de Carlos Giménez junto la saga Paracuellos, y la única junto con El Invierno del Dibujante de Paco Roca que disecciona el oficio de dibujante de manera mordaz y crítica, pese a que la obra de Roca tienda hacia cierto neorrealismo, y la obra de Giménez mezcla humor, crítica social y cierto surrealismo. La serie, comenzada en 1983, consta de tres volúmenes iniciales editados en los años 80; un volumen protagonizado por Pablo García, llamado “Ramblas Arriba, Ramblas Abajo” que es un auténtico fresco de la Barcelona de los 60s a golpe de historias paralelas que se cruzan; y dos volúmenes posteriores finales, el último de los cuales es un reencuentro en la madurez de la vida de los “profesionales” que aún siguen en activo. ¿Qué añadir más? Pues que si aún no ha tomado contacto con esta obra, debería ponerle remedio de inmediato; y si no lo ha hecho con la ingente y deliciosa obra de Carlos Giménez, ésta es una excelente puerta de entrada con la que enamorarse de sus trazos, sus personajes, sus guiones y sus tiernas historias, porque al final en ellas, a pesar de todo, si algo domina es la ternura y la solidaridad como forma de supervivencia ante las adversidades; y esos valores nos son bastante familiares a los comunistas.







