La dinámica china en la economía mundial posterior al 2000 se caracteriza por trazar estrategias geoeconómicas con visión a largo plazo y con la determinación de generar espacios de influencia a nivel global. La visión estratégica de EE.UU. para la zona del Indo-Pacífico representa su ansiedad discursiva en medio del cambiante equilibrio regional de poder y el ascenso asertivo de China.
Según el informe “The global race for future power” del ASPI (Instituto Australiano de Política Estratégica), China lidera a nivel mundial en 57 de los 64 sectores tecnológicos punteros en el periodo 2019-2023 aumentando su liderazgo con respecto a clasificaciones del año pasado (2018-2022), donde era líder en 52 tecnologías.
El “Critical Technology Tracker” es un proyecto basado en datos que actualmente abarca 64 tecnologías críticas que abarcan la defensa, el espacio, la energía, el medio ambiente, la inteligencia artificial, la biotecnología, la robótica, la ciberseguridad, la informática, los materiales avanzados y las áreas clave de la tecnología cuántica. Proporciona un indicador adelantado del desempeño de investigación de un país, su intención estratégica y su potencial capacidad científica y tecnológica futura.
Revela el sorprendente cambio en el liderazgo de la investigación durante las últimas dos décadas hacia las grandes economías del Indo-Pacífico, con China a la cabeza con avances excepcionales. De 2003-2007, EE.UU. lideró en 60 de 64 tecnologías en los cinco años, pero en los últimos cinco (2019-2023) es líder sólo en siete. China lideró en solo tres de 64 tecnologías en 2003-2007 pero ahora es el país líder en 57 de 64 tecnologías en 2019-2023, aumentando su liderazgo con respecto a nuestras clasificaciones del año pasado (2018-2022), donde era líder en 52 tecnologías.
Los nuevos avances de China se han producido en los ámbitos de los sensores cuánticos, la informática de alto rendimiento, los sensores gravitacionales, los lanzamientos espaciales y el diseño y la fabricación de circuitos integrados avanzados (fabricación de chips semiconductores). EE.UU. es líder en la informática cuántica, las vacunas y las contramedidas médicas, la medicina nuclear y la radioterapia, los pequeños satélites, los relojes atómicos, la ingeniería genética y el procesamiento del lenguaje natural .
La India también está surgiendo como un centro clave de innovación y excelencia en investigación global, consolidando su posición como potencia científica y tecnológica, ahora se ubica entre los 5 primeros países en 45 de 64 tecnologías (un aumento respecto de los 37 del año pasado) y ha desplazado a los EE.UU. como el segundo país clasificado en dos nuevas tecnologías (fabricación biológica y registros distribuidos) para ocupar el segundo lugar en siete de 64 tecnologías.
El número de tecnologías clasificadas como de «alto riesgo» ha aumentado de 14 tecnologías el año pasado a 24 ahora. China es el país líder en cada una de las tecnologías recientemente clasificadas como de alto riesgo, lo que pone un total de 24 de 64 tecnologías en alto riesgo de un monopolio chino, incluyen aplicaciones de defensa, como radares, motores de aeronaves avanzados, drones, robots colaborativos y de enjambre y posicionamiento y navegación por satélite.
La CAS (Academia China de Ciencias), considerada la institución de ciencia y tecnología más grande del mundo, es por lejos la institución con mejor desempeño del mundo, con un liderazgo global en 31 de 64 tecnologías (un aumento respecto de las 29 del año pasado).
El informe revela que China ha sentado las bases para posicionarse como la principal superpotencia científica y tecnológica del mundo, al establecer una ventaja a veces sorprendente en la investigación de alto impacto en la mayoría de los dominios tecnológicos críticos y emergentes.
Eje Indo-Pacífico, epicentro geopolítico
Constituye una Red de redes talasocráticas, zona formada por los océanos que le dan nombre, con orillas en la práctica totalidad de continentes —Asia, África, Australia, América del Norte y del Sur— y con doble condición de riesgo y oportunidad, integra grandes iniciativas de mercado económico que buscan integrar al mayor número de países: el Acuerdo Transpacífico (CPTPP), la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) o el Marco Económico Indo-Pacífico para la Prosperidad (IPEF) presentado en mayo del 2022 por EE.UU., las iniciativas geopolíticas de Beijing tal que Nueva Ruta de la Seda o la Iniciativa de Seguridad Global, de defensa como el Quad o Diálogo de Seguridad Cuadrilateral formado por Australia, India, Japón y EE.UU.; el AUKUS, trilateral de cooperación en defensa entre Australia, Reino Unido y EE.UU.
Acoge una red de redes de convergencia y rivalidad, genera un 60% del PIB mundial y dos tercios del crecimiento global. Para la UE supone un enclave del que dependen su seguridad y prosperidad —un 40% del comercio exterior europeo atraviesa el mar de China Meridional— y el segundo destino de sus exportaciones. El Indo-Pacífico acoge una red de alianzas que forjan una interdependencia en comercio, transporte, medioambiente y defensa, hacia donde confluyen las nuevas estrategias mundiales de política, constituye un espacio de competencia entre Beijing y Washington por dar forma al nuevo orden global multipolar.
La tendencia y proyecciones de la economía china desde comienzos de los años 2000 hacían predecible el cambio de centro de gravedad de la economía mundial hacia el eje Indo-Pacífico. EE.UU. no aprovechó suficientemente los años de un “mundo unipolar” que lideró tras la disolución de la URSS (1991), lejos de ello, contribuyó a una tectónica de placas al amparo de la “Guerra contra el Terror” desde el 11-S, emprendiendo campañas militares (Afganistán, Iraq), promoviendo “primaveras árabes” que terminaron en guerras civiles y conflictos todavía no cerrados y con multitud de ramificaciones (Siria, Libia). De poco ha servido que EE.UU. entre 2001 y 2013 gastase más de 500.000 millones de dólares en inteligencia como indicaron Barton Gellman y Greg Miller en su artículo «Black budget summary details U.S. spy network’s successes, failures and objectives», en el Washington Post de 29 de agosto de 2013.
A nivel estratégico occidental (EE.UU. y subalternos Reino Unido, UE y Japón) tuvieron la oportunidad fallida en el interregno 1991-2012 para preparar un escenario desafiante para su hegemonía en el largo plazo de China que no sucedió hasta prácticamente la llegada de Trump al poder en 2017 con su forma contundente y firme de frenar a China a nivel comercial.
El regreso del proteccionismo de Trump
Los antecedentes históricos sitúan un escenario muy probablemente en una repetición de la guerra comercial de 2018-2019, no son halagüeños para las empresas chinas, siembran de incertidumbre el futuro del comercio internacional e impulsará a China a modificar la frecuencia y la escala de sus medidas de estímulo, requerirá que China aumente el estímulo fiscal para compensar los efectos del proteccionismo que desarrolle la nueva Administración estadounidense. La ANP (Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular) se comprometerá de forma proactiva, probablemente decidirá aumentar los estímulos fiscales hasta en un 20%. El pronóstico de Su, economista para China de Economist Intelligence Unit, pasa por 776.207 millones de euros para canjes de ‘deuda oculta’ regional e inyecciones de capital para los grandes bancos, y 517.471 millones de euros) en bonos especiales para que los gobiernos locales compren terrenos sin construir e inmuebles sin vender.
La Administración Trump entre 2017 y 2020 fue conocida por su postura de línea dura sobre el comercio con China, potenciando los aranceles y las restricciones comerciales en aras del “America First” y del “Make America Great Again”, los dos grandes lemas trumpistas. Si este enfoque continúa, como es de esperar, las exportaciones chinas podrían afrontar más dificultades en el mercado estadounidense.
El fortalecimiento del dólar tras conocerse los resultados de las elecciones es un recordatorio del impacto que la victoria de Trump y las políticas proteccionistas tendrán en las economías de todo el mundo, y en particular en Asia. Nadie puede ignorar que Trump tiene a China en su punto de mira, con la promesa de aranceles del 60% y gravámenes fijos a las importaciones de muchos países.
De hecho, Trump ha amenazado con aumentar los aranceles a las importaciones de China en un 200% en un escenario extremo, en caso de intervención del Ejército Popular de Liberación (EPL) sobre Taiwán. En el fondo, sin llegar a un escenario extremo, nos situaremos muy probablemente en una repetición de la guerra comercial de 2018-2019. Hay que recordar que los aranceles de su primer mandato se fijaron entre el 15% y el 25% y afectaron alrededor del 70% de las importaciones procedentes de China.
Los aranceles ahora propuestos por Trump del 60% a las importaciones chinas, y del 10-20% a otros productos representarán el nivel arancelario más alto de EE.UU. desde la década de 1940. Esta política restaría un punto porcentual al crecimiento mundial, pero algunos analistas estiman que un arancel del 60% a las importaciones chinas reduciría el crecimiento del PIB de China en un 2,5% en doce meses. Esta desaceleración se debería principalmente a una pronunciada caída de las exportaciones, a la que se sumarían efectos indirectos sobre el consumo y la inversión internos.
Si Pekín introduce medidas de estímulo para contrarrestar los aranceles, el crecimiento del PIB en 2025 y 2026 podría caer a alrededor del 3%, significativamente por debajo de las previsiones de referencia actuales del 4,6% y el 4,2%.
En el segundo trimestre de 2024, el crecimiento del PIB chino se desaceleró al 4,7%, por debajo del objetivo del 5% del gobierno. Al mismo tiempo, la inflación al consumidor se acerca a cero, lo que refleja una demanda débil, mientras que los precios al productor han comenzado a disminuir. A este respecto, un arancel del 60% podría empujar los precios al productor aún más hacia abajo y mantener la inflación al consumidor rondando el 0%, lo que podría ejercer una presión deflacionaria adicional sobre la economía china.
Además, hay que tener en cuenta que una de las características distintivas del mandato anterior de Trump fue la TCJA (Ley de Empleo y Reducción de Impuestos) de 2017, que redujo significativamente las tasas impositivas a las empresas. Posiblemente, esta medida se reanude y potencie, quedando fijada con carácter permanente, especialmente porque muchas de estas disposiciones expirarán a finales de 2025 y han sido muy importantes para salvaguardar la competitividad de EE.UU. frente a la UE y China en los últimos años.
Por tanto, el enfoque que adopte China ante esta coyuntura será crucial para su sector exportador, pero también para las cadenas de suministro globales a medida que vaya clarificándose el alcance de este nuevo capítulo en las relaciones comerciales entre EE.UU. y China.
La respuesta china
Si Trump implementase con éxito su arancel del 60% a las exportaciones chinas, las perspectivas para la economía de China en 2025 serán ciertamente menos optimistas. Muchas industrias manufactureras chinas ya han estado expandiendo sus fábricas en Tailandia, Vietnam, etc. Numerosas empresas ya han aumentado sus pedidos este mismo año, especialmente para el mercado estadounidense, anticipándose a lo que podría suceder, debido a su preocupación por la política arancelaria que se aprobará una vez tome posesión Trump a finales de enero de 2025.
Teniendo en cuenta la experiencia de su primer mandato, muchas pequeñas empresas en China sufrirán seguramente una reducción considerable de pedidos y esta coyuntura podría complicar su negocio e incluso su supervivencia. Con tasas arancelarias del 60%, muchos fabricantes chinos ya no serían competitivos ni capaces de obtener beneficios de sus exportaciones al mercado estadounidense.
La probable imposición por parte de EE.UU. de medidas comerciales más estrictas, la economía china tendrá que acelerar sus planes y operaciones dentro de la región de Asia-Pacífico, invirtiendo en los países de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) y de la Franja y la Ruta (BRI) para estabilizar las cadenas de suministro y ampliar el alcance del mercado.
China está creando activamente soluciones para mitigar el impacto de los aranceles. Por ejemplo, las empresas chinas están trasladando la producción de vehículos eléctricos a Turquía. Turquía no forma parte de la Unión Europea, pero sí de la Unión Aduanera Europea, lo que permite a los fabricantes chinos eludir los aranceles de la UE ensamblando los vehículos eléctricos en Turquía utilizando opciones CKD (completamente desmontadas) y SKD (semi desmontadas).
Alec Phillips, economista político jefe de Goldman Sachs para EE.UU. espera que Trump“actuaría rápidamente para subir los aranceles a las importaciones desde China”. Señaló que Trump ha propuesto revocar el estatus de Relaciones Comerciales Normales Permanentes para la nación asiática.En respuesta, Pekín podría permitir una mayor depreciación del yuan, reducir sus importaciones desde EE.UU., responder con aranceles o restringir las exportaciones al país norteamericano de materiales clave como las tierras raras.
Un reequilibrio en curso
En respuesta a las posibles perturbaciones comerciales, China responde con una economía de doble circulación [1], potenciando el curso de políticas que ya ha emprendido para fortalecer su demanda interna. Esto impulsa la innovación local y el consumo nacional para de ese modo reducir la dependencia de sus exportaciones. Desde la crisis financiera mundial de 2008, las autoridades chinas han presentado estrategias como la expansión de la demanda interna y reformas estructurales del lado de la oferta, lo que significa que el cambio gradual hacia una circulación interna estaba en marcha desde hacía mucho tiempo, como señala Liu Yuanchun, vicepresidente de la Universidad Renmin de China, el consumo privado representó el 39,2 % de su PIB nominal en diciembre de 2023, en comparación con una proporción del 37,5% de 2022.
El objetivo propuesto desde los BRICS y consagrado en la última cumbre celebrada en Kazán en torno a la desdolarización de su comercio interior, cobrará todo su sentido estratégico con la volatilidad del tipo de cambio que será un aspecto determinante. A medida que afecten las tensiones entre EE.UU. y China se plasmará en fluctuaciones de los tipos de cambio. Esto podría influir en las estrategias de precios de exportación de las empresas chinas, especialmente las que dependen en gran medida de las transacciones en dólares.
La Unión Europea, unos aires estratégicos de un imperio económico sin ejército propio
China pasa a ser competidor neto de la UE, de la lectura del Manifiesto titulado “Europe ‘s Choice. Political guidelines for the next European Commission 2024−2029” se deduce que Von der Leyen sigue porfiada en la intromisión de la UE en un punto incuestionable de la politica interna de la República Popular de China (一個中國, Una sola China) respecto a Taiwán, se buscaría disuadir a Beijing mediante: “nuestros esfuerzos colectivos para desplegar toda la gama de nuestra habilidad política combinada para disuadir a China de cambiar unilateralmente el status quo por medios militares, particularmente sobre Taiwán”.
Iría acompañado de procesos como cercar China a través de la colaboración de los llamados AP4, países que asistieron a la 75ª Cumbre de la OTAN, ”trabajaremos con Japón, Corea, Nueva Zelanda y Australia, con quienes enfrentamos desafíos comunes en materia cibernética, espacial y en el suministro seguro de minerales y tecnologías críticas”, dice el manifiesto.
Y además la expansión hacia el Indo Pacífico creando una nueva agenda en las relaciones con India y la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) integrada por 10 países de la región del sudeste asiático: Birmania, Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam que garantice la seguridad de las cadenas de suministro global.
Más adelante en su Manifiesto, Von der Leyen avisa que existe el peligro de que Pekín monopolice ciertas exportaciones, por lo que la UE buscará fortalecer la competitividad de Europa en lo que llama “un cambio de la cooperación a la competencia” en la política de Europa hacia Pekín. Afirma que la “postura más agresiva y la competencia económica desleal de China, su amistad ‘sin límites’ con Rusia y la dinámica de su relación con Europa” significan que Beijing es ahora un competidor directo de Europa.
Nota:
[1] Economía dual: tomar el mercado interno como pilar principal, reducir el rol del comercio internacional en su economía, y reforzar su economía doméstica.







