La industria editorial ya no es lo que era pero todo sigue igual

La industria editorial, en busca del éxito comercial que cubra la inversión, tiende a editar con criterios más cuantitativos que cualitativos. Lo económico interviene sobre lo cultural
Libros | Foto: Gobierno ciudad Buenos Aires / CC BY 2.0
Foto: Gobierno ciudad Buenos Aires / CC BY 2.0

Desde las instancias oficiales no deja de autocelebrarse que el tanto por ciento de españoles que no leen ningún libro al año, un 36% actualmente, aunque sea de forma moderada, disminuye, si bien suele esconderse que la cifra de quienes leen al menos un libro a la semana no sobrepasa el 25% de entre esos lectores y, algunas fuentes, señalan la necesidad de revisar la sinceridad de los encuestados al comparar estos resultados con el dato de que España es uno de los países cuya población gasta menos per cápita en libros: 22 euros frente a los 52 de Francia.

En nuestro país se vienen publicando anualmente más de 200.000 títulos con una tirada media de 3.600 ejemplares. De ese total, los libros de ficción representan casi un 25% de la facturación,

los libros de infantil y juvenil el 15%, los libros de texto un 35% y los de no ficción, junto con los cómics y las novelas gráficas otro 25%. Centrándonos en el campo de la literatura, el número de títulos editados, en papel, para ficción de adultos, sería —siempre aproximadamente— unos 12.000 y de literatura infantil y juvenil, 9.000. De esos 12.000 títulos publicados, a la novela corresponden más de 9.000, en poesía y teatro cerca de 800 y de ensayo o similares 1.400. Es decir unas 33 obras de narrativa para adultos al día. Del total del títulos editados el 76% se publicó en castellano, el 14% en catalán, 2,5% en euskera y un 2,2% en gallego. En soporte digital se han editado 26.000 títulos, básicamente de no ficción.

Entre los 60 títulos más vendidos en España en un año, es frecuente que sólo siete no sean publicados por Planeta y Penguin Random House

Según datos de la Federación de Gremios de Editores, el editorial es un sector que sostiene 50.000 puestos de trabajo y viene a suponer un 30% del PIB cultural. De la facturación global del sector dos grandes grupos, Planeta y Penguin Random House, se reparten cerca del 80% de la totalidad. Registradas hay aproximadamente 3.000 editoriales pero solo unas 2.000 publican regularmente más de 10 títulos al año y solo 13 publican más de 700 títulos al año. El precio medio de un libro en España es de 14,40 euros. Y el coste medio de producción gira alrededor de los 2 euros. Cerca del 30% de los ejemplares que se editan no se venden y, después de un tiempo cada vez más corto, pasan a ser destruidos. Entre los 60 títulos más vendidos en España en un año, es frecuente que sólo siete no fueran publicados por los dos megagrupos citados. Entre las temáticas dominantes en la narrativa, predominan el thriller y la novela histórica, y entre las tendencias más actuales la novela romántica y la narrativa de temática y autoría feminista.

Hiperconcentración e intervención de lo económico sobre lo cultural

A partir de estos datos creo que pueden deducirse algunas consideraciones relevantes:

—El campo editorial español tiende fuertemente a la concentración tanto en el número de títulos publicados como en su comercialización: solo los 10 libros más vendidos superan los 50.000 ejemplares mientras que la tirada media es de 3.600 ejemplares.

—Esa hiperconcentración permite de modo paradójico la existencia de un polisistema de pequeñas editoriales que se activan alrededor de aquellos campos literarios que los megagrupos desatienden por su baja rentabilidad. Los costes de producción del libro a pesar del incremento del coste de papel han venido disminuyendo de manera ostensible lo que facilita la entrada en el mercado de esas pequeñas editoriales independientes que suelen vivir en régimen de autoexplotación. Este hecho parecería en principio asegurar la necesaria y conveniente biodiversidad dentro del campo literario.

—El sistema editorial español, caracterizado por la escasez de lectores que compran habitualmente libros, sufre tanto de sobreoferta de títulos anuales (hiperedición), como de la sobreimpresión de ejemplares. La industria editorial, siempre en busca del título que resulte un éxito comercial que cubra la inversión, tiende a editar con criterios más cuantitativos que cualitativos.

—Esa alta concentración de títulos en los grandes grupos, que son aquellos que a su vez concentran las ventas y tiradas más amplias, esconde detrás de la cifra oficial de la tirada media —3.600 ejemplares— una realidad bien distinta: en la práctica y en el campo de la literatura, la tirada media se mueve entre los 1.500 y los 2.000 ejemplares y muy difícilmente su venta alcanza al 70% de los ejemplares editados.

El peso de las ventas acaba interfiriendo sobre “la cualidad” de aquello que se vende y, por consiguiente, sobre las expectativas y actitudes de editores y escritores

Pero estos datos no se quedan en la mera estadística sino que actúan, directa e indirectamente, sobre la propia materia literaria —los texto— que se va a ver presionada por el juego de constricciones que se produce entre lo comercial y lo cultural dado que en un sistema editorial como el español, el peso de lo cuantitativo: las ventas, acaba interfiriendo sobre “la cualidad” de aquello que se vende y, por consiguiente, sobre las expectativas y actitudes ya no solo de los editores sino de aquellas y aquellos, escritoras y escritores, que producen, —“crean”— sus obras de cara a ser editadas. Si entendemos la edición como agente y protagonista de la configuración de la sociedad, de su autoobservación y autodescripción no cabe sino preguntarse sobre el rol de esos efectos “estéticos” dentro del campo literario. Intervención por tanto de lo económico sobre el mundo cultural por más que el pensamiento capitalista se empeñe en separar lo económico de lo literario. Una relación que, ya solo la pregunta sobre cuánto ganan los escritores, pone en evidencia al desfitichizar esa imagen o aura inmaterial que el humanismo ha venido otorgándoles.

Las economías del escribir

Porque, una vez más, los datos descubren realidades que esa mítica mirada sobre los imprescindibles productores de contenidos en la industria editorial oculta o tergiversa escondiendo, por ejemplo, lo que bien podemos llamar “las economías del escribir”. Según un estudio reciente de Ana González Duque, un 50% de los escritores no superan los 100 euros al mes de ingresos por sus libros; un 30% apenas llegaría a los doscientos euros; un 10%, acaso alcanzaría los 500 a 600 euros y solo un 7% tendrían unos ingresos de entre 1.000 y 3.000 mensuales contando tanto los derechos de autor como trabajos colaterales en plan bolos, recitales, conferencias, etcétera y únicamente un 3% ingresarían más de cinco mil euros al mes pudiendo por consiguiente dedicarse a escribir de jornada completa. El verdadero diagnostico sobre nuestro mundo editorial descansa sobre el innegable hecho de que un 80% de los escritores no llegan a cobrar ni siquiera 1.000 euros como adelanto de los derechos de autor. Es aquí donde tiene su sitio y cobra significado una de las anomalías que más caracteriza a la industria editorial española: los premios literarios. Un sistema caracterizado por la oscuridad en sus procedimientos de adjudicación y por la turbia manipulación editorial basada en el “yo me lo guiso yo me lo como” que han condicionado y condiciona la ética hegemónica dentro de un campo literario en el que los autores y autoras difícilmente lograrán vivir de su trabajo de escritura si en algún momento de su carrera literaria no “tragan” —casi siempre encantados— ese sapo lleno de corrupción que los premios, por su mayor relevancia mediática y económica, presuponen. Unos premios que, al funcionar como meta paradigmática en el campo literario, contienen explícita o implícitamente una poética que se identifica con el marketing editorial, con lo premiable.

Cierto que las nuevas tecnologías presentes en el mundo de la edición: Internet, la edición digital, la autoedición, el efecto mediático de las redes sociales, el audiolibro,etc.. están dejando caer sus efectos sobre ese estado de la edición donde el peso mayoritario de los grandes grupos editoriales, al contar con los recursos necesarios para mediar con eficacia en los campos de la producción, la distribución, el marketing y el consumo de los libros que “fabrican”, es prioritario a la hora de determinar el qué leer. Pero no menos cierto es que, al menos hasta el momento, esas tecnologías si bien facilitan, con el arribo de editoriales no sometidas a la lógicas supremacistas propias del neoliberalismo ambiental, esos cambios que sin duda se están produciendo, dejan sin embargo las cosas, mayoritariamente, donde están: un mundo donde editar sigue siendo dominio del capital.

(*) Editor

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