El retorno de Trump puede suponer un cambio de táctica en la estrategia con la que los EE.UU. tratan de no perder su papel de gran hegemón mundial que creían haber conquistado tras la implosión de la URSS.
Al final de la presidencia de Obama, los centros de poder del imperialismo empiezan a comprobar que las cosas no le han funcionado como tenían previsto, que no han conseguido imponer un orden unipolar desde el que dominar el planeta, sino que estaban entrando en una situación de decadencia que les llevaba a perder la iniciativa en las relaciones internacionales.
La estrategia que plantean los centros de poder del imperialismo para hacer frente a esta situación es la de llevar al mundo a una situación de guerra fría que divida al mundo en dos bloques enfrentados y desconectados entre sí, de manera que se pueda controlar una amplia zona de influencia a la que explotar para mantener y ampliar las altas tasas de beneficios que el gran capital demanda.
Cuando un poder hegemónico se ve amenazado tiende a defender su posición de poder por todos los medios a su alcance, la guerra incluida
Es el momento en el que la comunidad internacional se ve atrapada entre lo que se conoce como Trampa de Tucídides, que nos viene a decir que cuando un poder hegemónico se ve amenazado tiende a defender su posición de poder por todos los medios a su alcance, la guerra, incluida; y una paradoja que nos plantea, que para levantar un muro o iniciar una guerra basta que una de las partes lo levante o la inicie, aunque la otra parte no lo desee.
Definida la estrategia de guerra fría, en el seno del imperialismo se confrontan dos tácticas, una que defiende el capital más multinacional, de carácter neoliberal, en la que pretende que los EE.UU. lideren una gran alianza en torno a la OTAN, que confronte con China y los Estados que defiendan ejercer su soberanía sin imposiciones imperialistas. En la aplicación de esta táctica se ha desarrollado la refundación de la OTAN Global o de 360° y su principal consecuencia ha sido la guerra de Ucrania como gran base para forzar esa división del mundo en dos bloques.
Trump podría disminuir la implicación de EE.UU. en la guerra de Ucrania para aumentar la confrontación directa con China
Otra táctica es la que defiende un capital de carácter más nacional que se siente agredido por la externalización de la producción y la globalización de la economía y que busca la confrontación directa con China, fortaleciendo la capacidad productiva de los propios EE.UU., y disminuyendo su participación en operaciones que entienden les hacen perder una energía que necesitan para concentrarse en esa confrontación directa con China. Su lema es “América lo primero” y sus alianzas internacionales son los gobiernos, partidos y movimientos más reaccionarios de carácter fascista.
La verdad es que la táctica de Biden de utilizar las sanciones a Rusia, con la excusa de la guerra de Ucrania, como elemento que justificara la división, confrontación y desconexión entre países, no ha dado el resultado previsto, y salvo la Unión Europea y algún que otro país aislado en el Sur Global, la mayoría de la comunidad internacional, incluido históricos aliados de EE.UU., no ha seguido la consigna del Eje Atlántico Norte de aplicar sanciones y desconexión económica/comercial con Rusia. En la Cumbre de BRICS+ en Kazán, Rusia fue la constatación del fracaso de esta táctica y explica en parte cómo un sector del gran capital que apoyó a Biden en 2020, el de las grandes tecnológicas, ahora apoyase a Trump.
Desde esta perspectiva, no es aventurado adelantar, que a pesar de que Biden está desarrollando una desesperada espiral belicista, Trump puede cambiar de táctica que nos llevaría a:
—Disminución de la implicación de EE.UU. en la guerra de Ucrania que empujaría a Zelenski a buscar una salida que evitase su derrota.
—Aumento de la confrontación directa con China, a la que trataría de arrastrarla a guerras comerciales y toda una serie de tensiones militares, para provocar una carrera de armamentos que obligue a desviar a la industria militar recursos que el gigante asiático necesita para alcanzar los objetivos de llevar al pueblo chino a un estado de vida modestamente acomodado en 2039.
—Intensificación de la presión sobre los gobiernos de América Latina y el Caribe que no le sean sumisos, para tratar de ganar el espacio perdido en una región a la que no le confiere Trump otro papel que el de patio trasero, soporte de sus pretensiones imperialistas y proveedor de materias primas y mano de obra barata.
—Intensificación de la batalla ideológica contra movimientos como el feminismo que defienden valores que impugnan su modelo de sociedad reaccionaria y patriarcal.
—Freno de cualquier política que confronte la crisis medioambiental y de forma concreta el cambio climático, en favor del capital depredador que necesita acceder sin trabas a materias primas para mantener sus beneficios.
—Intensificar el apoyo al Estado de Israel para que siga el genocidio contra el pueblo Palestino e incendie Oriente Medio buscando la construcción del Gran Israel como cabeza de puente de EE.UU. en la región.
—Intensificación de todo tipo de proteccionismo, para defender un capitalismo nacional de EE.UU. que es incapaz de competir en unas relaciones comerciales multilaterales, lo que puede llevar a una contradicción con la Unión Europea.
La gran incógnita es ver cómo reaccionará el nacional capitalismo que representa Trump si constata su incapacidad para competir con las económicas emergentes, mediante la aplicación de medidas arancelarias y proteccionistas, guerras comerciales, porque la activación del mercado interior de los BRICS+, sumado al desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda y a la implementación de los acuerdos del ultimo Plan Quinquenal de China detallados en la III Sesión del XX Comité Central del PCCh para activar el comercio interior Chino, pueden generar un escudo protector que no solo resista exitosamente las guerras comerciales, sino que puede acabar con el imperio del dólar y la capacidad de que los EE.UU. puedan decidir las reglas de juego internacionales en la economía y la política.
En este marco, es posible que Trump desarrolle una doble táctica: por una parte romper o al menos debilitar y paralizar la Alianza BRICS+, acercándose a Turquía o India, y por otra parte centrar la guerra comercial con China en un ataque directo a la extensión por el mundo de la Nueva Ruta de la Seda.
Aquí volvemos a poner sobre la mesa la necesidad de resolver en positivo tanto la Trampa de Tucidides como la paradoja que citábamos anteriormente para que este centro hegemónico que se siente amenazado no pueda aumentar la tensión política, económica y militar hasta límites en los que sea inevitable la confrontación.
No es fácil encontrar una respuesta con garantías de éxito a los interrogantes que hoy nos plantea la elección de Trump. Son muchas más las incógnitas que las certezas, por lo que tenemos que explorar soluciones y trabajar colectivamente en alcanzar el más amplio CONSENSO EN DEFENSA DE LA PAZ, un consenso que se construya desde la más amplia y plural alianza de gobiernos progresistas con organizaciones sociales, políticas y sindicales, que permita acumular fuerzas para introducir en la agenda política de las grandes instituciones internacionales el debate sobre la urgencia de buscar un orden internacional que pueda aplicar los principios fundacionales de las Naciones Unidas y generar mecanismos que puedan impedir que se produzca una respuesta agresiva desde la administración Trump. Para ello se está impulsando la celebración de una conferencia mundial por la paz que dé forma a este consenso.
El reto está sobre la mesa, no es fácil, pero no hay otro camino que dar la batalla en defensa de un orden internacional multilateral como base para la creación de una comunidad con un destino común para la humanidad en armonía con la naturaleza que asegure un futuro de paz y progreso.







