Se habla, con razón y criterio, de que la poesía en lengua gallega está atravesando una época de esplendor. En los últimos seis años, el Premio Nacional de Poesía ha recaído en cuatro voces que se expresan en la lengua de Rosalía de Castro, Celso Emilio Ferreiro o Xosé Luis Méndez Ferrín. No deja de ser relativamente sorprendente que en esas cuatro ocasiones el reconocimiento haya gravitado sobre cuatro voces femeninas: Chus Pato (2024), Yolanda Castaño (2023), Olga Novo (2020), Pilar Pallarés. Y digo relativamente sorprendente porque el peso en general en el mundo literario de las autorías en clave femenina no dejaría, en primera y ultima instancia, de reflejar el creciente espacio que el fuerte movimiento de emancipación de la mujer ha facilitado en todos los campos de la cultura y las artes. Y menos sorprendente todavía, si a eso se suma el especial brío y vitalidad que a lingua galega viene recibiendo en las últimas décadas como consecuencia y fruto del empuje cultural y político que el nacionalismo gallego viene protagonizando. Hablar por tanto del buen momento de la poesía gallega parece oportuno y necesario.
Creo también conveniente señalar que, en mi opinión, buena parte de esta poesía mantiene un meritorio equilibrio entre lo lírico, entendido como poesía del yo, y lo civil en tanto manifestación de un nosotros que precisamente encuentra en su lengua tanto su identidad como voluntad de alcanzar un destino propio. Entiendo que es ese rasgo del entrelazamiento entro lo personal y lo político, entre lo íntimo y lo común, ya muy presente en la figura referencial de Méndez Ferrín, el que dota de pertinencia y carácter a la actual poesía gallega. Una poesía que, a mi entender, se atreve a abandonar la voz baja, hoy hegemónica en buena parte de la poesía en castellano, para ensayar registros poéticos más osados y atrevidos.
Quien se acerque a estos Poemas realistas 1 de Daniel Salgado que hoy comentamos, podrá encontrarse con una tonalidad y una semántica poco frecuentes en otros pagos literarios. Empezando por el propio título donde no deja de sorprender la presencia de un adjetivo, “realistas”, síntoma de una Poética, el realismo, que, según el formal entender mayoritario de “lo dueños del patrón oro” literario, no suele gozar de buena salud estética. En tiempos donde la ambigüedad, la polisemia, lo equívoco, lo tenue o lo inefable son las monedas de cambio más frecuentes en el mercado de los valores literarios, los lenguajes del realismo: lo material, lo común, lo explícito, la claridad o lo manifiesto, en su encuentro con lo poético, con la creación de lo nuevo, con lo que todavía no es, dan lugar a un espacio, el poema, en el que las palabras se hacen evidencia, revelación y avisos de verdad. Poemas realistas, es decir poemas que se atreven a cuestionar lo dado, aquello que el autor denuncia como “poesía de alcanfor”.
La poética de Daniel Salgado pone en cuestión las relaciones entre “lo que sucede y lo que escribes” y eso le permite descubrir las plusvalías semánticas que esconde el lenguaje del amo —ese en el que casi siempre sin tener conciencia hablemos: «a opacidade da existencia do valor de cambio»— con el riesgo de “nos volvemos trabucar en tantas cousas,/ por caso no uso excesivamente xenérico das palabras/ e na consideración á alza do seu potencial subversivo». Los peligros del lenguaje y de las palabras: «o nacemento difícil da libertad e outras palabras/ que de tan grandes semellan inutilizadas e non, non o están,/ porque delas depende que a realidade tensione os seus lindes/ e non é esa a menor tarifa dun poema».
Sorprende también, y muy gratamente, que sea una poesía que no solo denuncia las palabras y poemas del amo —»a infatigábel acción dos oprimidos para deixar de selo»— sino que enuncia la vida como promesa de cumplimiento y plenitud: «a dimensión incontrolable da primavera», «Organizar as posibilidades do bosque», «saber da belleza maís alá do que digan manuais e paixaxes de consenso». Y sí, en efecto, los Poemas realistas de Salgado, rompen con muchos consensos estéticos. Frente a las poéticas de la emoción, de impacto fugaz, de corta duración y donde prima la intensidad, sus poemas, verso a verso, construyen la osada línea de continuidad de un cuerpo social en marcha: la Nación galega. Un sentimiento de pertenencia y perseverancia donde lo político sin dejar de serlo se transfigura en poesía. Nada extraño que en el último y espléndido poema final, magistralmente configurado como canto al hijo, leamos: “Sempre sucede algo, sempre e é por iso que nos damos imposto ao insomnio/ e seguimos a procurar a idea socialista”.
Nota:
1 Salgado, Daniel. Poemas realistas. Edi Apiario.2024








