Nuestra tarea ante la escalada belicista

Ante la escalada bélica las comunistas debemos mostrar nuestro rechazo más firme, nítido y rotundo, ese fue nuestro hito fundacional y lo que debe continuar guiándonos hoy
l presidente del Gobierno recibe al secretario general de la OTAN | Foto: Fernando Calvo. La Moncloa. 27/01/2025.
l presidente del Gobierno recibe al secretario general de la OTAN | Foto: Fernando Calvo. La Moncloa. 27/01/2025.

La guerra es sin duda el aspecto más cruel e injusto de un sistema cruel e injusto como es el capitalismo, y precisamente por ello los comunistas que tratamos de superar el capitalismo en un sistema justo y humano ante la guerra, la expresión más cruel e injusta del capitalismo, debemos mostrar nuestra oposición más rotunda, firme y nítida.

Este principio ha guiado nuestra historia como Partido Comunista; de hecho, es nuestro hito fundacional. Hace más de 100 años, los Partidos Comunistas se fundan precisamente por la oposición firme, nítida y rotunda a la guerra y a la colaboración con ella que lleva a escindirse de la II Internacional.

En una guerra la primera víctima es la verdad y hoy el cumplimiento de este principio nos lleva en un primer momento a una batalla contra la propaganda de guerra a la que somos sometidos. La primera falacia de su propaganda de guerra es que este rearme es por nuestra seguridad.

El asedio militar a China

Este rearme tiene su origen en la contradicción fundamental a nivel planetario que se viene desarrollando desde hace décadas: la disputa entre la hegemonía de Estados Unidos y del polo imperialista que ha dominado el mundo desde la desaparición de la Unión Soviética, frente a los países emergentes de los BRICS, especialmente la República Popular China. Este conflicto es el que nos lleva a esta escalada.

China está disputando la hegemonía en varios frentes. En lo económico, a principios de siglo tres de cada cuatro países tenían a EE.UU. como principal socio comercial; hoy, apenas 20 años después, la situación se ha invertido y son tres de cada cuatro los que tienen a China como principal socio comercial. Pero la disputa no se limita a lo económico, también abarca lo tecnológico y la innovación. Hace poco vimos el «efecto Sputnik» en el ámbito de la inteligencia artificial, donde China logró desarrollar DeepSeek, una IA más eficiente y barata que compite con las estadounidenses. Estamos hablando de uno de los sectores productivos más importantes del futuro.

Ante esta disputa, EE.UU. tenía dos caminos: Uno: aceptar un mundo multipolar y basar sus relaciones internacionales en la cooperación (algo que, evidentemente, no está haciendo). Dos: aplicar la doctrina del «poder duro», como advirtió el asesor de la casa Blanca Joseph Nye en los años 90 durante la administración de Bill Clinton: cuando un imperio pierde hegemonía, usa la fuerza para disciplinar a sus competidores. Chantajes económicos y guerra. Aranceles y rearme.

Veinte años después están aplicando esa doctrina. En los 90, tras la caída de la URSS, el «poder blando» dominaba porque no había competidores. Pero en estas tres décadas, han surgido rivales.

Esto no es nuevo; hace 13 años, la administración de Obama (el Partido Demócrata del «Yes, we can») dio un giro en la estrategia estadounidense conocido como el «pivot to Asia» (el giro hacia Asia), consistente en retirar sus esfuerzos de Europa y Oriente Medio para centrarlos en el Indo-Pacífico. Con dos objetivos: lograr acuerdos con aliados históricos como Japón y Corea del Sur, pero también con otros que no lo eran, para cercar a China y aumentar su presencia militar en la región.

En este contexto, se relanzó el QUAD, la alianza militar entre Japón, Australia, India y EEUU, que inicialmente se justificó en la seguridad de la navegación comercial, pero que hoy se conoce como la OTAN asiática (aunque sin artículo 5, ni cuartel general, ni mando único). Este avance militar ha dado un salto, especialmente con la administración Biden (también demócrata) que dio un giro al «pivot to Asia» en 2021 con la implantación de la “estrategia de EE.UU en el Indo-Pacífico”. Ese mismo año se presentó el AUKUS, la alianza militar de EEUU, Reino Unido y Australia con el objetivo de compartir tecnología de submarinos de propulsión nuclear en el Indo-Pacífico.

En la cumbre de la OTAN en Madrid (2022), China fue declarada ya «amenaza a los valores de Occidente» en la declaración final. A partir de ahí, comenzó un rearme masivo en el Indo-Pacífico, solo en Japón hay ya 50.000 soldados estadounidenses, hace unos días en Filipinas se hicieron maniobras desplegando 15.000 efectivos. Incluso hasta España han llegado las consecuencias, lo vimos la semana pasada cuando conocimos que no llegará este año el sexto destructor estadounidense Arleigh Burke a la base de Rota porque EEUU prioriza la militarización del Indo-Pacífico.

Como último dato con gran valor simbólico decir que el pasado mes de febrero imágenes satelitales revelaron que EE.UU. reabría la base de North Field (Tinián), un aeródromo abandonado durante 80 años. Su valor simbólico es enorme: desde allí despegaron los B-29 que lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Pero no solo en el Indo-Pacífico, el asedio militar a China es global. El pasado mes de abril, EE.UU. llegó a un acuerdo con Panamá (memorándum de entendimiento entre Panamá y Estados Unidos) para el control militar conjunto del Canal, la principal herramienta para el comercio chino con América Latina.

Ante la perdida de hegemonía el imperialismo decadente recurre a la guerra, en un primer momento rodeando a China de maniobras militares en un claro sentido amenazante, para forzar a China a desviar recursos a una escalada militar que le impidan seguir destinándolos en avances sociales, económicos o científico-técnicos. Pero eso requiere que el polo imperialista occidental destine una ingente cantidad de recursos a lo militar, ya no se trata de hacer avanzar la OTAN por estados fallidos de la Europa del este, el Indo Pacífico es 10 veces mayor, China es 10 veces mayor que Rusia en población y se encuentra en una dinámica de crecimiento que nunca antes ha sido vista. Por ello lo que EE.UU. nos está diciendo al resto de países del polo imperialista occidental, incluida España, es: «El ejército imperial necesita más recursos; vosotros, provincias del imperio, debéis pagar más tributos para mantener nuestro ejército».

La “autonomía” estratégica

La orden dada por EE.UU. al resto de países de la OTAN de aumentar el gasto militar tampoco es nueva, comienza precisamente con el “pivot to Asia”, en la cumbre de la OTAN en Cardiff (2014) donde ya se exigió aumentar el gasto militar al 2%. En 2021, solo 7 de 31 países lo cumplían; en 2024, ya eran 27 de 32. España iba rezagada, y EE.UU. nos ha exigido sumarnos al rearme. No es casualidad que, cuando EE.UU. lanza este mensaje, la UE plantee un plan de rearme de 800.000 millones de euros, más que los 750.000 millones destinados a la pandemia.

Tampoco es casualidad que el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, visitara a Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE.UU. y, ¡a los seis días!, el Consejo de ministros aprobara 10.000 millones para rearme. La relación de vasallaje es directa y visible. Y es que en esta batalla de ideas contra su propaganda de guerra el segundo round sería el de la autonomía estratégica.

Para convencernos nos lanzan al aire el significante vacío de la autonomía estratégica, un concepto neutral e incluso biensonante para que lo utilicemos, amplificándolo y asentándolo, sin ser conscientes que quienes finalmente lo llenarán de significado real serán aquellos que tienen el poder para hacerlo.

Y ahí tenemos a parte de la izquierda política, sindical y mediática jugando con el concepto como focas con pelota, a ritmo del himno de la alegría interpretado por Miguel Ríos en las concentraciones convocadas el fin de semana pasado por el grupo Prisa y los sindicatos mayoritarios emulando la convocada por La Repubblica en Italia.

Pero el significado real de la autonomía estratégica lo vimos este fin de semana en Albania durante la cumbre de la Comunidad Política Europea, donde Macron, Starmer, Merz y Tusk, esa “alianza de voluntarios” escucha en manos libres como Trump les informaba de las conversaciones entre Rusia y Ucrania en Turquía. La UE ni ha sido, ni es, ni será autónoma estratégicamente. Para serlo debería disolverse y constituirse en otra cosa. Es, y para eso se creó, un espacio subalterno a EE.UU. en el polo imperialista occidental que hoy se encuentra en decadencia.

Tan solo tratan de, con el concepto de autonomía estratégica, disimular esa relación de vasallaje con EE.UU. y hacer más digerible la última orden que EE.UU. nos ha dado de recortar nuestros derechos para financiar el ejército imperial. Hablan de autonomía estratégica para hacer creer que somos autónomos e independientes como ese adolescente que vive en casa de sus padres y acaba las discusiones con ellos con el habitual “hago lo que vosotros decís, ¡pero porque yo quiero!”

La doctrina del shock

Pero sin duda el argumento más viejo y más difícil de combatir es la doctrina del shock; siempre ha existido en las guerras, y el refrán “el miedo guarda la vid” es el mejor resumen de ello. Leer la prensa daría risa si no fuera trágico: pasamos del «no vayas a comprar el pan o te ocuparán la casa, y tendrás que ponerte una alarma de Securitas Direct» al «no bajes a comprar el pan que Putin invadirá tu casa y te tendrás que gastar miles de millones en rearme». Medios como la COPE, La Razón e incluso prensa deportiva como el As o Marca publicaron una noticia con el titular «Así quedaría España si Putin decidiese lanzar una bomba nuclear sobre Madrid». Tan burda es su propaganda de guerra que se descoordinan. Un día te cuentan que Rusia está perdiendo la guerra y usa burros para transportar tropas y al día siguiente te quieren hacer temer que van a llegar con sus tanques a Cádiz.

Aquí se ven los tentáculos de las empresas armamentísticas. Como en el caso del grupo Prisa, controlado por Amber Capital, un fondo de inversión fundado por Joseph Oughourlian (presidente del grupo PRISA). Este fondo de inversión es uno de los mayores accionistas de INDRA, empresa de las más beneficiadas de contratos militares. Por eso La Ser o El País son auténticos panfletos de propaganda de guerra.

Por la doctrina del shock ha sido lanzada desde la propia UE y su «Kit de supervivencia». ¿Qué objetivo tiene el kit de supervivencia más que inculcar el miedo? Además de plantear que la solución no es colectiva, es individual, como el kit de supervivencia que es individual. El preparacionismo es una industria en crecimiento, concretamente un 40%. La demanda de construcción de bunkers en España ha aumentado un 90%, aquí ya la solución no solo es individual es reservada para unos pocos pudientes.

Se vio la eficacia de esta doctrina del shock con el apagón de hace unos días. Cuando a los pocos minutos se empezó a conocer que el apagón era nacional lo que la gente imagino era un ciberataque ruso y es que el miedo es la propaganda de guerra más efectiva. Nos han asustado con «ciberataques de Putin» que paralizarían el país, pero al final han sido las malas prácticas de cuatro empresas privadas a las que hemos entregado el oligopolio de un sector estratégico de nuestra economía las que han paralizado el país. Si queremos proteger nuestra soberanía más nos valdría nacionalizar los sectores estratégicos (los que el PSOE privatizó en los 80) que regalar 10.000 millones al complejo militar-industrial por orden de EE.UU.

El rearme supondrá recortes

Otra de las mentiras con la que tratan de convencernos es que el rearme no supondrá recortes, que son fondos europeos y remanentes ¿Pero no había otro destino mejor para 10.000 millones que el rearme? ¿España tiene todos los problemas solucionados? Con un 26% de población en riesgo de exclusión, con toda una generación sin poder desarrollar un proyecto de vida por no tener acceso a la vivienda o con el mayor núcleo chabolista de Europa (la cañada real) que lleva no 5 horas sino 5 años sin luz, por supuesto que hay muchos destinos más necesarios que el rearme para esos 10.000 millones.

Pero el problema es que la guerra es insaciable, en junio hay una nueva cumbre en la Haya de la OTAN y ya se pide el 5%. Eso supone elevar el gasto militar de España cerca de los 100.000 millones, cuando nuestro PGE consolidado es de 600.000 millones. Por hacernos una idea en el rescate bancario gastamos 60.000 millones, ahora son 100.000 millones y lo que es peor: ¡cada año!

Es posible que finalmente la cifra del 5% solo sea un globo sonda, un efecto de contraste para que finalmente quede en un 4% (80.000 mill.) o en un 3% (60.000 mill.) y Pedro Sánchez en un “rebelde pacifista” que ha logrado rebajarlo. No olvidemos que trataron de engañarnos con el señuelo del contrato de armas de Israel para tragar con los últimos 10.000 millones, estemos preparados para cualquier cosa. Sea un 5%, un 4% o un 3% seguirá suponiendo recortes y escalada militar. Este rearme constante seguirá suponiendo un nuevo artículo 135 de la CE, el pecado original que abrirá un nuevo ciclo de recortes y austeridad. Quién no tenga una oposición firme, quién solo se oponga de palabra, pero no de obra, quedará anulado como oposición y alternativa a ese nuevo ciclo de recortes y austeridad.

Y llegados a este punto recordar el comienzo de este artículo, que la tarea de los comunistas es tener la oposición más rotunda, firme y nítida a la guerra y su rearme. Este fue nuestro hito fundacional, lo que nos ha guiado estos más de 100 años y lo que debe continuar guiándonos en el presente. Que esto no solo serán recortes, no es una contradicción más, es una impugnación de lo que somos.

El PSOE de momento guarda silencio, y aunque hablara su palabra no vale nada. Negó cuando Rutte dijo que España llegaríamos al 2% antes del verano y aquí estamos, con el 2% cumplido y a por el 5%. Los otros socios del gobierno hemos hablado para decir que es inasumible, hasta aquí todo correcto, es verdad, es inasumible. ¿Pero cómo de inasumible? ¿Cómo los 2000 millones de aumento del gasto militar que el gobierno aprobó a principios de abril? ¿Como los 10.000 millones que se aprobó hace 3 semanas? ¿Vamos como siempre, inasumible pero poco, un tuit de protesta y pelillos a la mar?

Y es que la credibilidad cuesta años y sacrificio conseguirla, pero se pierde a pasos agigantados en momentos cruciales como estos. El gobierno de coalición hace tiempo es un camino intransitable para la izquierda transformadora; nuestra presencia en el gobierno nos resta credibilidad porque sencillamente no hacemos lo que decimos, no somos coherentes con lo que decimos. Desde el callejón en el que se ha convertido el gobierno invocamos a la necesaria movilización contra la guerra para poder salir de ahí (aunque en su día no necesitamos una movilización en la calle que nos pidiese entrar), pero llevamos años educando a la gente en el ilusionismo gubernamental y nuestras plegarias no son escuchadas como deberían.

Pero el gobierno no es el verdadero problema, ni salirnos de él será lo solución de nuestro problema, pero si es la mayor evidencia de nuestro problema: la falta de estrategia, de autonomía y, en definitiva, de proyecto político. Repensar el PCE después de esta etapa de gobernismo es el reto que tenemos, construir un PCE que sea oposición y alternativa real, de palabra y de obra, a la guerra y al capitalismo.

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