El giro político en Corea del Sur se ha consumado. El país ha vivido unas elecciones presidenciales anticipadas tras la destitución del presidente Yoon Suk-yeol, protagonista de un intento fallido de autogolpe en diciembre de 2024. El proceso de impeachment, confirmado semanas atrás, ha acelerado el fin de una presidencia marcada por la polarización, el autoritarismo y una agenda económica ultraconservadora. Y este 3 de junio, los votantes han dado una respuesta clara: el socioliberal Lee Jae-myung regresa con fuerza al escenario político nacional, esta vez como presidente electo.
Lee, líder del Partido Democrático y derrotado en las presidenciales de 2022 por el propio Yoon, ha logrado la revancha frente a Kim Moon-soo, candidato del ahora desacreditado Partido del Poder Popular (PPP). Aunque el margen de victoria ha sido algo menor de lo que anticipaban las encuestas, el resultado no ha dejado lugar a dudas.
Una derrota con precedentes históricos
La caída de Yoon no es solo el final abrupto de una presidencia polémica, sino también un hecho con pocos precedentes. Se convierte en el segundo mandatario conservador en ser destituido mediante impeachment, tras Park Geun-hye en 2017. Su apuesta por declarar la ley marcial el pasado diciembre, en un intento de reconfigurar el tablero político ante la falta de apoyos parlamentarios y la caída en popularidad, fue un movimiento desesperado. El fracaso de ese golpe institucional selló su destino político y el de su partido.
El nuevo presidente Lee Jae-myung no llega solo. Tras las elecciones legislativas de abril, el Partido Democrático cuenta con una holgada mayoría en la Asamblea Nacional, lo que le permitirá desplegar su programa sin grandes obstáculos. Su gobierno buscará revertir muchas de las reformas regresivas impulsadas por Yoon, especialmente en el ámbito económico y laboral.
Pero más allá de las cuestiones internas, el cambio de rumbo se notará especialmente en política exterior.
Corea del Norte, la gran línea divisoria
La política hacia Corea del Norte continúa siendo el principal clivaje entre los dos grandes bloques ideológicos surcoreanos. Mientras los conservadores del PPP apuestan por la confrontación y la presión militar, los socioliberales del Partido Democrático defienden la llamada Política del Sol: acercamientos diplomáticos, cooperación económica y una hipotética reunificación bajo el principio de “un Estado, dos sistemas”.
Con Lee en el poder, es esperable un nuevo intento de relanzar el diálogo intercoreano, reducir la tensión militar y retomar proyectos paralizados como la zona industrial conjunta de Kaesong o los encuentros entre familias separadas por la guerra.
¿Tensiones con Estados Unidos y Japón?
Aunque Lee Jae-myung no plantea romper la histórica alianza con Estados Unidos ni cuestionar la presencia de tropas norteamericanas, sí ha dejado claro que buscará una mayor autonomía estratégica. Esto podría traducirse en roces con Washington en varios frentes: desde la renegociación del coste de las bases militares, hasta una postura más prudente frente a China y menos beligerante hacia Pyongyang.
Además, se anticipan tensiones renovadas con Japón. La gestión de Yoon había favorecido la cooperación trilateral entre Seúl, Tokio y Washington, algo que podría verse afectado bajo la nueva presidencia.
A nivel internacional, la victoria de Lee es también una mala noticia para Donald Trump. El expresidente estadounidense había mantenido buena sintonía con Yoon y su visión de una derecha dura y alineada con la agenda trumpista. La caída del PPP en Corea del Sur representa, por tanto, un golpe a sus aspiraciones de consolidar un bloque conservador internacional en Asia Oriental.
El regreso del Partido Democrático al gobierno marca un nuevo ciclo político en Corea del Sur. El país encara esta etapa con una mayoría legislativa estable, un mandato renovado y una agenda que busca reducir la polarización interna y rebajar la tensión regional. Lee Jae-myung tendrá por delante el reto de gobernar con pragmatismo, reconstruir puentes dentro y fuera del país, y evitar que el péndulo político vuelva a oscilar con violencia en las próximas elecciones.







