Se han conocido algunos detalles más de las repercusiones del ataque con bombas perforantes de gran tonelaje por parte de la fuerza aérea estadounidense sobre el territorio de la República Islámica de Irán. Enjambres de bombarderos, hasta un centenar de ellos, F-35 israelíes y estadounidenses, despegaron en la madrugada del sábado al domingo rumbo a Irán y concentraron su fuego en la central atómica subterránea iraní de Fordow, en una región montañosa situada a unos 96 kilómetros al suroeste de Teherán, no lejos de la ciudad santa chií de Qom.
La instalación de investigaciones nucleares bombardeada fue horadada por galerías de hasta 100 metros de profundidad. Tras los F-35, más un centenar de cazas que desencadenaron la guerra electrónica para neutralizar la resistencia antiaérea iraní, surgieron decenas de aparatos F 22 dando escolta a los temibles aviones B2, de siniestro perfil al modo de oscuras rayas volantes, y soltaron al menos decena y media de las temibles bombas GBU-57 que, con sus 14 toneladas de peso, perforan todo tipo de instalaciones subterráneas hasta los 60 metros de profundidad.
Sin palabra
Donald Trump que, una vez más, faltó a su palabra y no esperó el plazo que había dado a Irán para rendirse, decidió bombardear la planta iraní más importante de entre las conocidas con la convicción, indemostrada, de que el régimen de los ayatolas estaba en disposición de conseguir una bomba atómica, hipótesis que Irán desmiente e Israel aventa como una certeza. Las consecuencias de una posible extensión de la guerra a toda la región del Medio Oriente son imprevisibles. China y Rusia han señalado que Donald Trump ha cruzado peligrosos umbrales versados hacia una conflagración generalizada.
Los aviones F35 prosiguieron presumiblemente camino hacia Ispahan y Natanz, sedes de sendas plantas de investigación atómica, barridas por hasta 30 cohetes Tomahawk disparados desde un submarino tipo Los Angeles de la flota CVN-68 ubicado a unos 600 kilómetros de distancia, presumiblemente en Catar o Bahrein. Allí, Estados Unidos posee una de las bases militares más importantes de las 890 que mantiene a lo largo del mundo, una cincuentena de ellas en el área del Medio Oriente.
¿Qué bazas le quedan a Irán toda vez que Estados Unidos le ha declarado fácticamente la guerra, pese a que J.D.Vance, secretario de Estado, asegura que Estados Unidos “no está en guerra contra Irán sino contra su potencial atómico nuclear (aún sin demostrar)”? Realmente, le quedan pocas bazas. Veamos si las hay. Irán lo tiene militarmente muy mal pues la línea de mando de su aparato militar se ha visto mermada tras el descabezamiento de la cúpula de los Guardianes de la Revolución Islámica, Pasdaran y, en menos medida, de jefes militares del Ejército regular, Artesh.
Temor a la radiación nuclear tras las bombas
Agredir intereses directamente estadounidenses desencadenaría respuestas artilleras directas y más crueles que las hasta ahora tan irresponsablemente desplegadas contra instalaciones nucleares persas. La agencia internacional de control de la energía atómica, OIEA, no ha detectado niveles de radiación elevados en la zona atacada, pero no se descarta que surjan en las próximas horas. Golpear intereses estadounidenses indirectos sería una opción: el cierre del Estrecho de Ormuz, canal por el cual transita el crudo iraquí, baharení, catarí, emirí y parte del saudí, amén del propio petróleo persa, cierre aprobado este domingo por el Majlis, parlamento islámico, en Teherán, se torna en la primera de las bazas iraní. Para hacerlo, Irán cuenta con las bases de Bandar Abbas y As Mobarak, que controla el angosto paso de entre 33 y 28 kilómetros de anchura por donde fluye, embarcado en enormes petroleros, la mitad del crudo del que se abastece el mundo.
Aunque, pensándolo serenamente, a quien perjudicará en mayor medida que a Estados Unidos tal, aún posible, cerrojazo de Ormuz sería a Arabia Saudí, Bahrein, los Emiratos y Catar, potencias productoras-exportadoras regionales y a las principales importadoras de crudo: Europa, teóricamente aliada de Estados Unidos; y China, adversario así definido desde Washington, que se provee copiosamente de crudo iraní. El cierre del Estrecho puede llegar a ser el preludio de la confrontación militar abierta deseada por la Casa Blanca con Pekín, otra de las siniestras metas, indeseadas por China, que acarician desde hace décadas los poderes fácticos estadounidenses, señaladamente el complejo militar-industrial, que monopoliza gran parte de las ventas de armas a escala mundial.
¿Trump puenteado por Nethanyahu?
Se ha señalado que este ataque podría haberse debido a una imposición o puenteo del presidente norteamericano por parte del aparato tecnomilitar estadounidense si bien Trump lo ha presentado como de iniciativa personal propia. No obstante, esa gravísima confrontación norteamericano-iraní ha de ser decidida directamente por y desde Washington, con iniciativa propia de Estados Unidos y no, como en este caso, dictada muy presumiblemente por Benjamín Nethanyahu como un hecho consumado al iniciar por su cuenta los bombardeos. El dirigente sionista, que goza de un ascendiente ilimitado y que nadie en Washington parece querer controlar, se ha visto así convertido, una vez más, en protagonista exclusivo de la política exterior estadounidense a la que fija al terreno de su vecindario regional pese a que Washington tiene el foco puesto en el Indo-Pacífico.
La actitud de Donald Trump respecto de sus bombardeos sobre Irán a la hora de presentar una más que probable imposición de Nethanyahu, un verdadero trágala, como una iniciativa propiamente suya, le llevó a alardear públicamente, con cuatro de sus secretarios de Estado cerca, de lo sucedido como “preámbulo de la paz”, tildando a Irán de matón del Medio Oriente; y ello cuando todo el mundo islámico, cerca de 2.000 millones de creyentes, árabes y no árabes, sabe que el matón de la región es su matón particular, Israel. Vamos a ver qué reacción política cosecha este salto adelante de Trump con su electorado, al que prometió solemnemente no protagonizar ninguna guerra como una de las bazas más firmes y relevantes de su oferta electoral.
Hostigamientos posibles
Tal vez parte de las autoridades de la República Islámica barajan in extremis la posibilidad de hostigar el arsenal nuclear que Israel presuntamente almacena en Dimona, en pleno desierto del Neguev, no lejos de Cisjordania y Gaza. En Israel viven varias decenas de miles de judíos de origen iraní —en Nínive vivió durante siglos una floreciente comunidad judía— algunos calculan que 100.000, así como importantes comunidades chiíes en toda la zona, sobre todo en la costa del Golfo Pérsico, donde un mero grupo organizado de leales a la patria persa o al islamismo riguroso puede deparar enormes dolores de cabeza a las autoridades sionistas y locales. Se calcula que Israel puede tener en el Neguev unas 130 cabezas nucleares. De lograr acosarlo, Israel podría quedar muy seriamente mermado en su potencial disuasorio, con gravísimos daños en su hoy, con razón, muy atemorizada población. La eficacia y puntería de los misiles iraníes masivamente lanzados contra Israel, pese a la detección y eliminación de algunos de ellos, parece superior a la prevista por los daños causados en edificios e infraestructuras urbanas. Empero, fuentes occidentales señalan que ese arsenal atómico israelí está defendido por lo mejor de la cohetería y el escudo israelíes, a base de Arrow 3, THAAD y el denominado Iron Dome, la cúpula de Hierro de defensa antiaérea móvil.
Otra hipótesis, en este caso alternativa, baraja la posibilidad de que Israel conserve parte, si no, todo, su arsenal nuclear fuera de sus fronteras, por ejemplo en Francia o en algún país africano oriental títere de sus designios y destinatario de sus dólares. También en tales enclaves podría ser previsible algún sabotaje, de conocerse su real ubicación.
Rechazo mundial
La abrupta irrupción de los bombarderos y cazas estadounidenses en esta guerra, un acto de guerra en sí mismo, ha causado rechazo generalizado y abierto en China, Rusia, Turquía, Siria, y en amplios sectores populares de Egipto, Irak, Pakistán —dotado del arma nuclear y potencialmente aliado de Irán— así como en el denominado Sur global, que perciben la acción militar en clave neocolonial contra la soberanía de Irán, un país soberano como los suyos. Naciones Unidas alerta del riesgo de escalada y apela a conversaciones que la detengan de inmediato, al igual que las autoridades españolas que por boca del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se han pronunciado en ese sentido. Se desconoce si los bombarderos estadounidenses en su ruta hacia Irán, se detuvieron a repostar en Rota o Morón, bases militares norteamericanas en España.
Nadie sabe hasta dónde se propone llegar el gestor inmobiliario devenido en presidente de los Estados Unidos de América. Nunca en la Casa Blanca se domicilió un líder tan imprevisible y objetivamente tan irresponsable, ignorante y turbulento como el que re-accedió allí el pasado 20 de enero de 2025. Por ello, es de suponer que surjan problemas dentro de su país, si el régimen de los ayatolas realmente muy debilitado, se decidiera a presentar batalla, hipótesis improbable dado el planteamiento de esta guerra, más propia de dispositivos electrónicos y drones, que de movimientos de infantería, de los cuales la Guardia islámica, Pasdaran, disponía holgadamente con medio millón de hombres en armas y tropas auxiliares. Empero, la moral de combate es una singularidad de este Cuerpo iraní, cuyas principales cabezas de mando han sido segadas durante la reciente serie de ataques selectivos israelíes en Teherán.
Infiltración
Por cierto, el grado de infiltración del espionaje israelí en Irán es clamoroso pues ha sido capaz de detectar los lugares donde se alojaban los altos mandos del aparato islámico militar, un edificio capitalino, ejecutados sin contemplaciones. Varios supuestos espías israelíes descubiertos en Irán fueron amarrados a algunos de los cohetes lanzados desde Irán contra Israel, misiles que llegaron a dañar el edificio de la Bolsa en Tel Avi y un cuartel de los servicios de Inteligencia ubicado, Irán dice que premeditadamente, junto a un gran hospital, también afectado por el misil.
Pasdaran posee unidades acorazadas, aviación y marina propias, así como cohetería diversa; buena parte de sus integrantes y cuadros están dotados de un fuerte sentido combativo, basado en la resiliencia surgida del islam chií, configurado por un victimismo histórico como minoría islámica perseguida desde los orígenes del islamismo en el siglo VII. Los 90 millones de habitantes de Irán y la amplitud de sus cuerpos paramilitares, Basidjs y la Organización de los Mártires, entre otros, disuaden a sus adversarios israelíes y estadounidenses de cualquier aventura invasora ya que ni la orografía ni la extensión de Irán permitirían una exitosa irrupción de tropas foráneas en su territorio.
El régimen islámico iraní se ha asentado desde hace 46 años precisamente en una alianza entre el bazar, la burguesía comercial iraní, y el lumpenproletariado allegado a las capitales desde el agro, al cual el régimen le ofrecía oportunidades y le asignó la base de los cuerpos paramilitares, policiales y el control de las costumbres. Esta tarea ha contribuido a deslegitimar al régimen sobre todo ante la población urbana, destacadamente las mujeres, perseguidas por negarse a admitir atavismos pseudomorales impuestos a la fuerza.
Esa brecha social e ideológica causada por la represión generalizada, con la oposición política descabezada, impide a Irán contar hoy con buena parte de su población a la hora de encarar la gravísima agresión sufrida. Los próximos días pueden llevarnos a contemplar la eliminación física del Guía Supremo, Sayed Alí Jamenei, como golpe de gracia contra un régimen islámico hoy más debilitado que nunca. Ese islamismo fue empleado en su día como ariete funcional e ideológico de Washington, tanto en Afganistán como en Irán, para erradicar del mapa del Medio Oriente las opciones y regímenes nacionalistas, arabistas, socialistas y comunistas vigentes durante la Guerra Fría en Siria, Iraq, Egipto, Palestina, Libia, Yemen e Irán embarcados en nacionalizaciones y medidas progresistas que el islamismo riguroso barrió por las armas de manera implacable.







