Este año estábamos en noviembre y ya olía a Navidad, a consumo a toda máquina pero acompañado por una exhibición de problemas (políticos, sociales y económicos), (internacionales, locales), que ensombrecen el presente y obligan a pensar en un futuro cargado con muchas incertidumbres.
Desde luego tenemos que saber interpretar lo que está pasando en nuestro pequeño mundo y en lo que se nos viene encima.
No sabemos si el presidente Milei terminará por cortarse con la motosierra, si Trump seguirá con su costumbre de llamar cerdita a una periodista reportera si se atreve a plantearle una pregunta… Tampoco sabemos si el emérito redactará la segunda parte de sus memorias.
Sería deseable que aprendiéramos a prescindir de la política del zasca que atrinchera ideológicamente a la opinión pública y fomenta el descrédito de la política, “animada” por predicadores a sueldo del sistema que lanzan machaconamente mensajes simplotes y a menudo infundios, para desautorizar cualquier forma de pensamiento crítico o de contestación.
La sociedad tiene que protegerse con inteligencia crítica frente a creadores de opinión, aunque tengan púlpitos privilegiados en múltiples tertulias, pesadas y agresivas, en las que a menudo resulta imposible realizar el esbozo de cualquier argumento.
Como escribe Jean Marie Domenach, «La propaganda es una tentativa para ejercer influencia en la opinión y en la conducta de la sociedad, de manera que las personas adopten una opinión y una conducta determinadas» . Según otra definición, “la propaganda es el lenguaje destinado a la masa… La finalidad del propagandista es ejercer influencia en la actitud de las masas en puntos que están sometidos a la propaganda y que son objeto de opinión”.
Lo que podemos intuir es que este país necesita una izquierda con paredes de cristal capaz de impulsar procesos de transformación social progresistas mediante amplias movilizaciones, desarrollar un sindicalismo de clase y mantener abierta la perspectiva de una superación del capitalismo que nos acerque a la consecución de una sociedad socialista. No nos sirve buscar un lugar al sol del sistema institucional que sostiene al actual capitalismo.
Y no se lo podemos pedir a los Reyes (Magos) ni mucho menos al emérito.








