Derecho internacional

Juristas americanos piden juzgar a Trump en Corte Penal Internacional

Numerosas organizaciones de diferentes países respaldan la petición de la Asociación Americana de Juristas contra el presidente republicano por delitos de lesa humanidad cometidos durante la agresión a Venezuela.
Sede de la Corte Penal Internacional en La Haya | Fuente: justflix / wikimedia commons / CC BY-SA 4.0
Sede de la Corte Penal Internacional en La Haya | Fuente: justflix / wikimedia commons / CC BY-SA 4.0

La Asociación Americana de Juristas acaba de dar uno de los pasos más importante y necesario para frenar la desbocada carrera de Donald Trump hacia un neofascismo que puede conducir a la humanidad al abismo: demandó ante la Corte Penal Internacional (CPI) al presidente republicano por delitos de lesa humanidad cometidos durante la agresión a Venezuela.

Los juristas argumentan que los ataques los perpetró el gobierno de Trump «en violación de normas imperativas del derecho internacional», y numerosas organizaciones de diferentes países los respaldaron.

En el escrito publicado en el portal web de la asociación, aclaran que la comunicación a la CPI obedece a “ataques contra embarcaciones civiles en aguas internacionales, el uso de la fuerza armada contra territorio venezolano sin autorización jurídica internacional, la privación ilegal de la libertad de personas protegidas, así como actos de pillaje y apropiación de bienes civiles y recursos naturales, en violación de normas imperativas del derecho internacional”.

La comunicación detalla las numerosas violaciones cometidas del derecho internacional, la carta de Naciones Unidas, el derecho marítimo, los crímenes de la población civil, los asesinatos en altamar al hundir naves sin abordar, investigar, ni presentar pruebas de las acusaciones que hizo, y detalla que la agresión militar fue sin mediar una declaración de guerra ni ser autorizada por el congreso, con participación de 20 bases militares circundantes a Venezuela, y bajo órdenes directas del presidente de los Estados Unidos”, y en la violación de varios artículos del Estatuto de Roma de la CPI, del que la nación norteamericana se retiró en 2002 bajo el gobierno de George W. Bush.

Lo descrito por los juristas es solo un segmento de la enorme lista de delitos por los cuales Trump, Marcos Rubio, Pete Hegseth, los oficiales del Estado Mayor Conjunto, su presidente general Dan Caine, el vicepresidente almirante Christopher W. Grady, el jefe de Estado Mayor del Ejército (Armada) general Randy A. George, el comandante del Cuerpo de Marines, general David H. Berger, y el jefe del Comando Sur, teniente general de Marines, Francis Donovan y su plana mayor sin excepción, deberían ser juzgados por la CPI y sancionados con la máxima pena.

Todos han contribuido desde sus cargos a que Trump cumpla su sueño de ser el Señor de la Guerra, lo contrario al Premio Nobel de la Paz al que aspiró y que luego le cedió por su agresión a Venezuela, otra belicista, María Corina Machado, quien hundió en su propio légamo al tribunal que lo concede, y convirtió ese galardón en un deshonor.

Trump inició la guerra en su propio país contra todo lo que huela a progresismo, incluyendo a quienes defienden la vieja democracia representativa que ya le estorba, y tomó como pretexto el atentado a un joven derechista fanático suyo para invadir estados con su cuerpo de “camisas pardas hitlerianas” del ICE. Laura Loomer, su íntima asesora personal, pidió que “cada una de las agrupaciones de izquierda que financian protestas violentas deban ser clausuradas y enjuiciadas”. Había mucha pólvora y odio en esas amenazas dirigidas también a aplastar la libertad de expresión.

La conclusión lamentable es que la Casa Blanca cargó los cañones emplazados en todas las instancias de un gobierno que se ha apoderado mediante el miedo y la trampa de los tres poderes del Estado, y está disparando hacia los cuatro puntos cardinales como anuncio de que hay una guerra supremacista radical. Esta es una simple enumeración de hechos violatorios que deberían ser tomados en cuenta por el tribunal de la CPI:

—Guerra contra la institucionalidad de Estados Unidos, contra la independencia de los poderes del Estado, y de la democracia representativa ya muy debilitada tras el intento de golpe de Estado con el asalto del Capitolio el 6 de enero de 2021.

—Guerra contra la libertad de expresión y castigo a medios que critican a su gobierno y su actuación personal con la suspensión de programas incluso bien lejos de la izquierda, que no siguen el guion de la Casa Blanca.

—Guerra contra los gobiernos estatales de la Unión militarizados mediante ocupaciones y despliegues del ejército usurpando la función constitucional de los cuerpos policíacos.

—Guerra contra los migrantes con la creación por medio del ICE de ejércitos de voluntarios para cazar, capturar y asesinar a extranjeros, indocumentados o no, y apoyo paralelo a la creación de campos de concentración como el de Alcatraz de los Caimanes en Florida adonde envía a extranjeros capturados. Guerra contra la comunidad gay.

—Guerra contra los movimientos antifascistas ordenada directamente por Trump al declarar al denominado por él “Movimiento Antifa” como una “gran organización terrorista”, a pesar de que no existe tal, pero agrupa en esa calificación a quienes se oponen al resurgimiento del nazi fascismo que él practica.

—Guerra diplomática contra el mundo desde el Departamento de Estado, incluidos sus aliados en oposición a los factores de equilibrio internacional y al diálogo constructivo en condiciones de igualdad. Guerra del Tesoro con sus medidas financieras para preserva el dólar como moneda universal. Guerra comercial con la enloquecida e irracional imposición arancelaria, para intentar doblegar al mundo. Guerra genocida con su apoyo bélico, diplomático, político e ideológico al régimen fascista de Benjamín Netanyahu y la no paralización, como prometió, de la guerra en Ucrania.

—Guerra de tensión y presiones que ponen en peligro la paz mundial mediante el azuzamiento de la OTAN contra Rusia y China, aprovechando una Europa subordinada, débil, temerosa y dividida.

—Guerra de agresión y peligrosas amenazas militares contra sus vecinos de la región con el descomunal despliegue militar aéreo y naval que viola la declaración de Zona de Paz de América Latina y el Caribe avalada por los 33 países miembros de esa Comunidad de Estados (CELAC) en La Habana el 28 y 29 de enero de 2014, al desplegar miles de soldados, buques de guerra y submarinos y activar sus bases militares en Colombia y Panamá, con la intención de amenazar con acciones militares agresivas a Venezuela y otros países del área, obligados a mantener a sus ejércitos en alerta de combate.

—Guerra contra dirigentes y funcionarios de gobiernos extranjeros con la aplicación de castigos y amenazas económicas y diplomática, negación de visas a los políticos de cualquier país que critiquen y denuncien lo que ocurre en Estados Unidos o se opongan al genocidio de Israel en Gaza. Guerra inhumana contra Cuba cuya estrategia es diezmara la población mediante el hambre y enfermedades con un bloqueo criminal que está militarizando.

—Guerra contra formaciones económicas y comerciales como la de los países BRICS a cuyos integrantes pretende prohibirles abandonar el dólar y comerciar con sus propias monedas y sancionarlos si desacatan su orden con sobreimpuestos de hasta más del 100 por ciento a los productos que vendan a empresas de Estados Unidos.

—Guerra geográfica de posiciones al proclamar ilegítimamente zona de exclusión aérea y marítimas aguas internacionales en las que estén desplegadas su marina y aviación, como es el caso del Caribe. Guerra sicológica sobre la base de amenazas a Moscú de que las fuerzas de la OTAN podrán derribar drones rusos sobre el territorio de Ucrania, incluso cuando ello significa de facto una expansión de la guerra entre la alianza atlántica y Rusia, como advirtió Dmitri Medvédev, expresidente y actual vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso.

En casi todas estas guerras, que las estadísticas de la propia ONU indican que la sufren 55 países en el mundo, Trump está involucrado personalmente. Resumiendo, todo en Donald Trump es guerra, es violencia criminal y social, de palabra y de hecho, que lleva a considerar al multilateralismo y el unilateralismo como la contradicción fundamental de nuestro tiempo, y su nuevo paradigma se centra en la confrontación entre el hegemonismo y el antihegemonismo.

Toca a los especialistas ahora definir lo más rápidamente posible y despejar los aspectos principales de esa contradicción y dar las claves para combatirlos y eliminarlos, allanando así el camino para crear ese mundo mejor posible al que todos aspiramos.