Hay una coincidencia entre analistas de que Donald Trump todavía no ha recibido los golpes demoledores que necesita para ser encausado y destituido de la presidencia sin esperar a que pierda las elecciones intermedias de noviembre en las que él mismo ha confesado que puede suceder y ser eliminado del juego.
A ese criterio real responden los movimientos que ha estado haciendo para restar poder electoral a los demócratas en los estados que dominan, y jugadas subterráneas para que no se realicen dichas elecciones, o retardarlas hasta que pueda reformar la Constitución para quitar capacidad de movilización al adversario, y permitir una tercera reelección.
Entre los factores necesarios que señalan los analistas para sacarlo de la Casa Blanca predominan los de política interna ligados de alguna manera a la exterior, como por ejemplo, una estanflación derivada de su política arancelaria, aumento del déficit comercial real, de la deuda pública, debilidad del dólar, rebelión de los productores contra la política antinmigrantes que los deja sin mano de obra, autoritarismo que afecta la institucionalidad del país, enriquecimiento ilícito, inmoralidades como las reveladas en el caso Epstein, violaciones y uso personal de los archivos secretos, y muy en especial la violación del orden y el derecho internacional que sí pone en peligro la seguridad nacional, entre otras muchas. Cada una de ellas es más que suficiente para que no siga en la Casa Blanca.
Pero hasta ahora ha logrado capear la tormenta, principalmente porque hay muchos poderosos que lo apoyan y caerían junto con él. Algunos, porque no pueden hacerle frente a su chantaje, otros porque les gusta su juego y comparten sus ambiciones.
Hubo observadores que elogiaron que la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos le tumbara los aranceles recíprocos de 10 por ciento que había impuesto como parte de su estrategia para transformar el comercio mundial en un campo de batalla en la cual está ampliamente convencido de que la ganará, y sin guerra militar o económica grave que empeore la situación de Estados Unidos.
La vida le está diciendo a Trump que su control del comercio mundial es solo una ilusión óptica y que no podrá ganar jamás una confrontación de esa naturaleza con China, por el simple expediente de que Estados Unidos no es líder exportador
Pero señalan que todavía es insuficiente la actitud de la Corte, aunque la vida le está diciendo a Trump que su control del comercio mundial es solo una ilusión óptica y que no podrá ganar jamás una confrontación de esa naturaleza con China, por el simple expediente de que Estados Unidos no es líder exportador, sino un alto importador de bienes de todo tipo, incluidos los que grava en forma exagerada y desvergonzada.
Inmediatamente de la decisión de la Corte, los que están en contra del mandatario republicano lo consideraron una prueba de que Trump puede ser frenado y que, de hecho, no tiene el respaldo ni el control del sistema judicial como él trata de hacer creer mediante su estrategia mediática de confección de reflejos condicionados. Ojalá no se equivoquen, pero hay muchas dudas al respecto.
Trump respondió a la Corte con lo que él denominó un Plan B, el cual consistió en elevar en un 5 por ciento más el porcentaje del 10 con el que pretendía encarecer las exportaciones a sus proveedores, y aunque su propósito sigue siendo multiplicar el ingreso extra de divisas bajo la falacia de emparejar sus déficits comerciales, su interés real es enseñar músculos en todos los terrenos. Hasta el momento de redactar este artículo no se conocía de una contrarréplica del Poder Judicial, y tampoco del Congreso.
El máximo tribunal estadounidense sigue siendo de mayoría conservadora —lo cual necesariamente no significa que trumpista— y si por su gusto fuera aprobarían todo lo que estimen perjudique a China y Rusia, aunque no sea legal ni legítimo. No obstante, la decisión de la Corte confirma potencialmente sentencias anteriores de tribunales inferiores según los cuales los aranceles que Trump impuso en virtud de la reciprocidad eran ilegales.
Un tribunal comercial de primera instancia había dictaminado en mayo que se extralimitó en su autoridad con gravámenes generalizados y bloqueó que la mayoría de ellos entraran en vigor, pero ese resultado había quedado en suspenso ante la apelación del gobierno.
Ahora está de por medio un cierto sentido ético de la Corte, y es demasiado flagrante el control absoluto que Trump busca lograr de sus magistrados. Hay graves contradicciones, y pueden repercutir en las elecciones intermedias de noviembre de este año.
Trump no puede darse el lujo de perderlas porque de la mayoría calificada depende incluso que se mantenga sentado en la poltrona de la Oficina Oval, y si tiene que abandonarla podría ir directamente a un tribunal civil si se aprueba un impeachment.
Aunque es decisiva una rebelión judicial, necesaria para que prospere un juicio político, lo cierto es que el mandatario republicano no ha recibido todavía, como ya dijimos, esos golpes demoledores para que lo expulsen del gobierno.
Aumentar hasta el 15 por ciento tales aranceles, y avivar con ello la guerra internacional en ese terreno es también una fanfarronada de que puede hacer lo que le venga en ganas, lo cual es una aberración peligrosa, un mensaje para sus connacionales y para sus partners comerciales, en particular para China y Europa.
En el caso de Beijing, una réplica comercial y monetaria puede ser demoledora para empresas estadounidenses que dependen de forma casi absoluta de la cadena de suministros de China y pagan en dólares, y eso es un hándicap para Trump. Por su parte, Europa la asimila como una amenaza de lo que le puede suceder de no seguir las instrucciones que formuló su secretario de Estado, Marco Rubio, en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich de que está obligada a seguir la rima trumpista.
Trump todavía se siente muy fuerte en su puesto de presidente pues considera que tiene atornillados a la pared a los grandes magnates que apoyaron y sufragaron su candidatura y ahora les cuesta abandonarlo o hacer irreconciliables sus diferendos, como le sucedió al poderoso Elon Musk quien se ha tranquilizado y sus broncas ahora son en sordina.
La reapertura de la embajada en Caracas, y el anuncio de una presunta visita oficial de él a ese país, son parte de los algoritmos de su estratégica hemisférica, que apuntan no solamente al continente americano, sino también —y sobre todo— a Europa, la OTAN, y a los BRICS que lideran China, Rusia e India, los cuales son objetivos principales de su política arancelaria.
Los impuestos están muy lejos de solucionar el déficit comercial de Estados Unidos que sube de récord en récord desde su primer gobierno sin que se detenga, porque sus causas no están en el balance comercial, sino en los mecanismos financieros en las transacciones que están dejando del lado al dólar
Hay un hecho importante, y es que los impuestos están muy lejos de solucionar el déficit comercial de Estados Unidos que sube de récord en récord desde su primer gobierno sin que se detenga, porque sus causas no están en el balance comercial, sino en los mecanismos financieros en las transacciones que están dejando del lado al dólar y eso le ocasiona un gran temor y una pesada incertidumbre a Trump por la posibilidad de una agudización en el futuro cercano de la confrontación monetaria.
El déficit de bienes de Estados Unidos se situó en 1,24 billones de dólares durante el año pasado, lo que supone un ligero aumento respecto al nivel de 2024, informó el Departamento de Comercio. Sin embargo, el déficit comercial de bienes con China se redujo en el cómputo del año, según los datos, pero sin consecuencias positivas como desearía Trump, como el regreso de las plantas de producción a suelo estadounidense para no depender de las cadenas de suministro chinas.
En cambio, la agresividad arancelaria de Trump ha llevado a un mayor acercamiento entre China y Sudáfrica cuyos líderes firmaron un acuerdo marco para un nuevo tratado comercial, llevado por la nueva política de Beijing de intercambio mercantil amplio con cero aranceles, algo imposible de emular por parte de Estados Unidos.
A cambio, China obtendrá oportunidades de inversión mejoradas en Sudáfrica, donde sus ventas de automóviles han experimentado un rápido crecimiento. Un contraste grande con el arancel de 30% con el que EE.UU. castiga a los sudafricanos.
Trump le ha facilitado a China convertirse en el mayor socio comercial del país africano y ha aumentado de manera superlativa su presencia en el continente negro y domina en la extracción de minerales críticos de África, que son componentes clave para nuevos productos de alta tecnología. Sudáfrica es uno de los cinco fundadores del BRICS.
Por esa razón, Sudáfrica es parte importante del sismo económico y financiero que asusta al gobierno de Trump con más fuerza que la falla de San Andrés a los californianos, y esos miedos son expresiones de su debilidad estratégica. Ahora trata de que eso mismo no ocurra con el Brasil de Luiz Inácio Lula da silva, quien le acaba de quitar una de sus cartas de triunfo con Joao Bolsonaro, condenado a una larga pena de prisión por numerosos delitos cometidos durante su presidencia.
Lo que resta hasta noviembre de 2026 lo va a mantener insomne por mucho tiempo, empezando por la pesadilla de la Corte Suprema si se sigue poniendo firme y deja de obviar sus ilegalidades como la propia de los aranceles sin sustento que provocan una guerra comercial que afecta la seguridad nacional.
Si el Poder Judicial se le va de las manos, su estancia en la Casa Blanca puede durar muy poco. De los magistrados depende también que pueda seguir con sus violaciones del orden internacional, los derechos que lo sustentan y el desprecio a las instituciones que les dan organicidad
Sabe que, si el Poder Judicial se le va de las manos, su estancia en la Casa Blanca puede durar muy poco. De los magistrados depende también que pueda seguir con sus violaciones del orden internacional, los derechos que lo sustentan y el desprecio a las instituciones que les dan organicidad y a las cuales busca la forma de eliminarlas o romper sus vínculos, como ya ha hecho con 66 de ellas, a fin de actuar libremente por encima de los acuerdos firmados en nombre del Estado, no de un gobierno.
Ligado a todo ello, crece la posibilidad real de que Trump conduzca al país a una crisis de estancamiento económica con inflación, agravada por su xenofobia racista la cual expresa en sus políticas migratorias de violencia social y familiar, mediante su ejército mercenario del ICE.
Esa situación lo acerca a una debacle interna si la Corte, empresarios, productores agrícolas y contratistas temporales, lo obligan a detener la persecución de su mano de obra barata —la inmigrante— y deja al ICE sin trabajo, pero aún peor si su base MAGA asimila que una potencial crisis económica, no cíclica, sino estructural, podría apartarlo del camino o impedirle cumplir su sueño de control hemisférico, podría disolverse, en el mejor de los casos, y en el peor volverse contra él.
Junto a ello, todos sus demás escándalos de corrupción, en particular los referidos al aprovechamiento de la presidencia para beneficio personal, y los de inmoralidad pederasta y acoso sexual, surgirán también y lo ahogarán.
En un balance desapasionado entre retener la mayoría congresista o perderla, la primera parece ser la de menor posibilidades y, aunque aún no es tiempo de hacer pronósticos, lo cierto es que Trump está guardando demasiada pólvora en lugares donde hay mucho fuego.







